EDITORIAL

Un corral de ideología

Para el presidente de la Asociación Rural "por el camino que vamos el Uruguay se sigue complicando y el sector agropecuario no es el problema; si lo dejan, puede ser gran parte de la solución". Una sugerencia que difícilmente sea aceptada y todo seguirá igual.

Este es un país agropecuario. El sector más pujante de la economía uruguaya, factor de despegue, certezas, y principal fuente de recursos es el campo y las industrias que funcionan en torno a su producción. Uruguay exporta alrededor de 8.500 millones de dólares por año: el 85% son bienes agroindustriales. Cada dólar que se genera en el campo se multiplica por seis en la economía nacional. Los pueblos del interior, sus pequeñas empresas y comercios, florecen o cierran al compás de la suerte de este sector. Su actividad explica alrededor del 35% del PIB (mitad agro y mitad industria), y da ocupación a más de 220.000 personas: representa el 14% de la población activa y solo es superada por los funcionarios públicos (casi 300.000) que alcanzan el 20%.

Con esos números, que podrían ser muchos más, cuando el campo habla, el gobierno y la sociedad deben escuchar. Y si está en problemas, deben preocuparse.

El discurso pronunciado días atrás por el presidente de la Asociación Rural, Pablo Zerbino Vanrell, fue una precisa y valiente descripción de la realidad que hoy enfrenta este sector. No fue confrontativo, apostó al diálogo y a la reflexión, más allá de que la situación que se atraviesa no es buena y que la mayoría de los problemas tienen varios años de vigencia.

—Ubicó el futuro en el año 2050: la población mundial será de 9.100 millones, 30% más que en la actualidad. Según un informe de la FAO, la producción mundial de cereales deberá crecer en 1.000 millones de toneladas y la seguridad alimentaria no será alcanzada sin políticas que apoyen a los agricultores de los países en desarrollo (Uruguay) y los animen a aumentar sus inversiones.

—Años atrás, la llegada de inversores al país provocó una sana revolución en innovación y desarrollo que impactó en todo el sector aumentando la productividad y generando saldos exportables de alto valor. El gobierno distribuyó la bonanza a través de oportunos programas sociales, pero también aumentó fuertemente el tamaño del Estado. Ahora la bonanza se acabó y deshacer esas políticas es muy difícil.

—El crecimiento del peso del gasto público y su necesidad de financiamiento a través de las tarifas públicas, provocó un incremento de los precios del sector. Combustibles y energía eléctrica, básicos para las actividades productivas, no pueden ni deben utilizarse con fines recaudatorios.

—Se han incrementado los impuestos ciegos que no acompañan el valor bruto de producción. El aumento de la Contribución Inmobiliaria Rural elevó los impuestos sobre la tierra a un 63% del total de los impuestos pagados por el sector. Desaparece la rentabilidad y desaparecen las posibilidades de inversión.

—Hay sectores severamente afectados por la caída de los precios internacionales. La lechería vio desaparecer en los últimos años 502 tambos y la producción de leche cayó un 10%. La exportación disminuyó un 30%, el número de trabajadores en los tambos y en la industria un 26%, y lo único que aumenta es la deuda del sector, llegando a US$ 400 millones, equivalente a todo el rodeo de vacas lecheras del país.

—Los márgenes brutos en la agricultura han caído en forma alarmante para todos los cultivos. Se depreciaron los precios internacionales, pero quedaron intactos los altos costos de producción.

—En materia de inserción internacional, no sólo no se avanza, sino que se está retrocediendo. Faltan tratados y acuerdos comerciales que brinden rebajas en los aranceles externos, mientras que la competencia (Australia y Nueva Zelanda) los tiene y muy generosos. El Mercosur está más ocupado en temas políticos que en el comercio y así estamos cada día más lejos de integrarnos al mundo. "Todas las economías pequeñas son grandes exportadoras; algunas exportan muchos bienes y servicios, y otras… mucha gente".

—La pobreza se combate con educación y la pobreza se combate con trabajo. Eso exige crecer económicamente; es la única forma de progresar. Las exportaciones deben ser competitivas y para ser competitivas no se les pueden agregar más costo. La riqueza, antes que compartirla, hay que generarla.

El gobierno tiene la palabra, aunque no somos optimistas. La situación crítica del agro no es de ahora sino que se arrastra desde hace tres años por lo menos. Ha tenido oportunidades de cambiar o atenuar su desenfreno impositivo, pero no lo ha hecho. No es un tema de desconocimiento de lo que ocurre en el agro y las consecuencias para el sector y para el país. El problema es que la realidad se estrella contra la barrera ideológica y esta, para el gobierno, es más fuerte que la misma realidad.

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