EDITORIAL

La conspiración de los almaceneros

La inflación se ha convertido en el principal problema económico que sufre la población.

Si bien el desempleo está en alza y no se espera que crezca el salario real en este año, la suba que están teniendo los precios, en particular los de la canasta básica, es un mazazo que golpea duro la calidad de vida de las familias uruguayas. El último informe del Instituto Nacional de Estadística, confirmó la aceleración de la inflación hasta el 10,6% anualizada a marzo, lo que constituyó una luz de alerta.

Ante esta problemática existió una respuesta racional pero equivocada y otra irracional y engañosa. La respuesta racional estuvo dada por el Comité de Política Monetaria que decidió aplicar una política más contractiva reduciendo el ritmo de crecimiento de los medios de pago.

Es una medida que tiende a bajar la inflación, en efecto, pero es insuficiente porque el principal problema está en la descoordinación de los componentes de la política económica, vale decir, la política fiscal, de ingresos, de tipo de cambio y monetaria. Una política monetaria más contractiva paliará muy parcialmente el problema pero no lo solucionará, mientras permanezcan las razones que subyacen en los fundamentos.

En buen romance, no es la mejor medida posible pero entra dentro del marco de lo opinable su grado de acierto o de yerro. Lo que resulta inadmisible es la respuesta más irracional que anunció el gobierno, secundada por el Pit-Cnt, de patotear a los supermercados y almacenes para "fiscalizar" los aumentos de los precios.

De acuerdo a las autoridades del equipo económico que elaboraron ad hoc una nueva teoría sobre el fenómeno inflacionario, este se debería a los aumentos en las grandes superficies. Cuando no, debido a que los crueles almaceneros aumentan los precios dos o tres pesos.

Esta nueva teoría de la inflación que amenaza con desbancar a la monetarista y a la keynesiana, no sabemos aún si ha llegado a oídos del comité que decide el Premio Nobel, pero de no ser así, sería una gran injusticia. Resulta que después de décadas de estudios e investigaciones y de que en casi todos los países del mundo la inflación está bajo control, en Uruguay encontramos su verdadera causa: la conspiración de los almaceneros.

Si no fuera un tema que afecta la vida de los uruguayos, daría letra para una comedia de lo absurdo. Porque lo que queda a la vista de todo el mundo es que el gobierno se expone al ridículo cuando en el peor estilo de la peor política, sale a buscar un chivo expiatorio en vez de atacar las causas reales de la inflación. Como sabe cualquier persona, que exista un aumento generalizado y sostenido de precios no puede deberse a que los supermercados o los almacenes suban los precios a su antojo.

Es muy claro que es imposible que permanentemente y mes tras mes, estos negocios aumenten su margen de ganancia. Primero porque es inviable desde el punto de vista estrictamente aritmético, pero si pudiera llegar a ocurrir, los empresarios de otros rubros se abalanzarían sobre este mercado tan particular donde los capitalistas obtienen tasas de beneficio increíblemente altas y crecientes.

Vale decir, la respuesta del gobierno es meramente efectista, de puro cuño político pero sin ningún fundamento, ya no solo en la economía, ni siquiera en la matemática. Porque además cabría preguntarse ¿y qué pasa con los precios de los productos y servicios que no se venden en los almacenes o los supermercados que aumentan al mismo ritmo? ¿Es que los peluqueros, los mecánicos, los abogados y los pizzeros forman parte de la misma conspiración?

En fin, es tan absurda la explica- ción de las autoridades que no merecería ni ser confrontada si no fuera porque a partir de tamaña irracionalidad, se tomaran medidas consecuentemente inverosímiles.

A través de nuevas aplicaciones para celulares y del control directo de la central sindical se piensa patotear a los comerciantes, que pasan a ser víctimas reales de la frondosa imaginación del gobierno.

Suena a kirchnerismo y por lo tanto a naftalina, este tipo de medidas que han llegado a preocupar a los supermercadistas al grado de solicitar protección contra el Pit-Cnt, como se informó en los medios de difusión en el día de ayer. Demasiado disparatada, demasiado maquiavélica y demasiado poco uruguaya la falta de sentido de la responsabilidad de un gobierno que no da pie en bola y hasta pone en riesgo la convivencia pacífica, a lo que sencillamente no tiene derecho.

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