EDITORIAL

Consigna: destruir lo que anda bien

De repente se cortó el silencio y comenzaron los murmullos. La hasta ese momento muy concentrada audiencia que escuchaba la excelente conferencia de Ernesto Talvi, dentro de las jornadas del Instituto Manuel Oribe en sus 30 años, de pronto quedó desconcertada.

Fue en el momento en que Luis Alberto Lacalle, quien tomó el micrófono para agradecer al disertante y dar por terminado el acto, dijo que deseaba vivamente "volver al país del Dr. Tabaré Vázquez".

¿Qué quería decir el expresidente? Pues lo mismo que añoramos todos. Recuperar ese país donde la enseñanza pública era tan buena y pareja, que cualquier niño podía tener la oportunidad de estudiar en la escuela de la esquina, el liceo del barrio y si se empeñaba, prepararse para ir a la Universidad, recibirse, avanzar en su carrera, ganar dinero y hasta llegar a presidente de la República, sin importar el nivel socioeconómico de donde provenía.

Sin embargo la triste realidad actual es que ya no es así. "Eso ya fue", como dicen ahora. Hoy cada vez es más grande la desigualdad en la educación. Los niños que viven en contextos críticos, difícilmente podrán acceder a un buen nivel educativo que les permita progresar en la vida. Se ha abierto una profunda brecha entre unos y otros, en estos tiempos de gobiernos "progresistas".

Ese calificativo del que se ha apropiado la izquierda, la cual posee la notable capacidad de adueñarse del lenguaje y el significado del vocabulario. Se defienden y atacan ante su catástrofe, echándole la culpa al "neoliberalismo" del que acusan, por ejemplo, al gobierno de Lacalle. Sin jamás hacer mención a todas las escuelas y liceos que se abrieron durante su período, ni a como la pobreza disminuyó a la mitad bajo su mandato o la cantidad de centros Caif construidos, que fueron más en los 5 años de su gobierno, que en los 25 previos desde su creación por el Dr. Gallinal.

Tampoco van a reconocer jamás, que sin prisa y sin pausa, al mejor estilo de las enseñanzas de Gramsci, consiguieron que la ideología marxista se apoderara del medio educativo y hoy las corporaciones gremiales son más poderosas que las autoridades. Aun cuando se encuentren en manos de ellos mismos, o sea, de gente con pasado sindical.

Así es que en estos días, la agremiación de docentes de Secundaria, (ADES) amenaza con un posible paro indeterminado a mediados de agosto, al que podría agregarse Primaria y UTU. Además del paro general del día 6 y el ya convocado por Afutu, por 48 horas para el 17. Ante el panorama de cientos de miles de niños sin clase y en la calle muchos de ellos, la actual ministra de Educación se lamentaba en voz alta, de no entender cómo personas cuya vocación, se supone, es la pedagogía, con tal de exigir mejoras salariales y demás, no les preocupe el perjudicar gravemente el normal desarrollo de la enseñanza en general y de los estudiantes en particular.

De la misma manera que se comparte que la ministra diga que no entiende semejante postura en los gremios docentes, no ocurre lo mismo cuando ella también, poco experta en la materia, sale a ponerle peros a los liceos gratuitos de gestión privada, como si representaran un problema, en vez de todo lo contrario. Desde que se comenzaron a divulgar los buenos resultados educativos de los chicos que estudian en los centros Jubilar, Impulso y Providencia, instalados en medio de las comunidades más precarias y dificultosas, a los que se sumó el Francisco, en Paysandú, comenzó la campaña en su contra. Al punto de que los sindicatos de la enseñanza en un reciente paro, incluyeron este tema entre sus protestas.

Dirigentes del MPP, empezando por la senadora Topolansky y hasta la presidenta del F.A., forman parte del escuadrón que pretende destruir a estos liceos. No quieren algo fuera de su control, ni que haya puntos de comparación que muestren nítidamente, el desastre de la enseñanza publica, con una deserción en secundaria del 40%, mientras en estos liceos la asistencia es del 95%. Aparte de la positiva obra social que realizan. La inclusión de la familia en el proceso educativo y las becas a los jóvenes, para que puedan completar el ciclo educativo al dejar la institución. Entonces, la estrategia es liquidar sus fuentes de financiación a través de donaciones privadas, con el pretexto de que se perjudica al Estado con la exención fiscal a los donantes. La mala fe es flagrante, ya que esa renuncia fiscal representó el 0,02% de la recaudación 2014, en el caso de estos liceos. A su vez, le ahorraron al Estado la educación de más de 1000 niños. Mismo sin actualizar los datos del INED de 2012, es más de la mitad de la mentada pérdida para el fisco.

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