EDITORIAL

Cobrando al grito

Las salidas intempestivas del presidente respondiendo a reclamos corporativos es la peor forma imaginable de desarrollar políticas públicas. Más bien, es la negación misma de que un país tenga políticas públicas.

Se ha vuelto una costumbre que los Consejos de Ministros, en sus sesiones ordinarias o en los tinglados itinerantes a los que se les ha puesto el mismo nombre, sean ocasión para anuncios populares por parte del presidente de la República. Seguramente tomando apunte de la baja de su aprobación en las encuestas, siguiendo la misma tendencia de su gobierno, el presidente Vázquez ha pensado que la adopción de un rol más paternalista, cercano y por momentos demagógico y populista, puede depararle buenos frutos.

Hay dos ejemplos bien recientes que dan cuenta de esta nueva modalidad presidencial. En abril cuando se celebró un "consejo de ministros" en el Club Arbolito de La Teja, Vázquez aprovechó la ocasión para congraciarse con el sindicato de trabajadores de Ancap. Mandó parar tibias reformas en curso, como la que tenía relación con la política cementera de la empresa y la reestructura del servicio médico de los funcionarios y fue aplaudido en la plaza Lafone.

Más recientemente esta semana cuando el Consejo, aparentemente en un ámbito más formal y de trabajo que la gira itinerante por el interior que desconoce el rol que la Constitución le asigna, salió a la calle para comunicarle a los manifestantes que se encontraban en la plaza Independencia que iba a enviar una ley para solucionar su situación en una semana. El anuncio fue respondido con vivas al presidente, aplausos y gritos.

Más allá del contenido concreto de cada una de las medidas llama la atención la forma, en un presidente que, a diferencia de su inmediato predecesor, ha sido respetuoso de las formas y de la investidura presidencial. En otras palabras, los gestos que comentamos eran esperables en el estilo cantinflesco de Mujica, siempre dispuesto a enmendarle la plana a sus propios colaboradores, en especial a los del astorismo, para ser aplaudido por cuanto grupo de presión hubiera en la vuelta.

Sin embargo, el estilo de Vázquez supo ser bien diferente, y podría decirse que desde el propio mensaje que dio en cadena de radio y televisión el 1º de marzo de 2015, buscó transmitir la idea de que la casa iba a volver a estar en orden. Quizá porque el desquicio que dejó Mujica fue muy grande, o porque los años pesan y no quiso pagar los costos políticos de poner realmente la casa en orden, lo cierto es que en cuanto a desprolijidades el gobierno actual ha sido un digno heredero del anterior.

Yendo al tema que nos ocupa, las salidas intempestivas del presidente respondiendo a reclamos corporativos es la peor forma imaginable de desarrollar políticas públicas, más bien es la negación misma de que un país tenga políticas públicas. Ceder a los reclamos del sindicato de Ancap en defensa de sus privilegios, en contra del interés general del país, es una decisión que debe lamentarse. No tiene sentido, menos aún después del buzón que le vendieron al país con el sistema nacional integrado de salud —que como suele decir con acierto el diputado Martín Lema no es ni sistema, ni nacional ni integrado—, que se sostengan privilegios arcaicos de épocas remotas.

Más aún cuesta entender que los timidísimos cambios que viene llevando el directorio de Ancap para intentar enmendar el desastre que dejaron las gestiones de Raúl Sendic y Daniel Martínez sean desbaratados por atender el pataleo de unos pocos. Ancap muestra mejores resultados en sus balances porque nos están robando con el precio de la nafta y el gasoil, no por la mejor gestión que sigue siendo deplorable, en especial en el sector cementos y en la nefasta ALUR.

El caso de los cincuentones es diferente, porque su reclamo bien puede ser considerado legítimo. Lo que no es admisible es que un tema complejo, que lleva tiempo a estudio de diversos actores, se resuelva sin medir costos por una decisión presidencial. Habría que escuchar a quienes estudiaron con seriedad el tema planteándolo con el rigor que corresponde, como el diputado colorado Conrado Rodríguez, buscando los equilibrios necesarios en un tema complejo como el planteado. Cobrar, una vez más, al grito, no puede ser una buena salida.

Habrá que ver si esta nueva estrategia del presidente Vázquez se mantiene en el tiempo y si le da rédito en las mediciones de opinión pública. Desde el punto de vista de los intereses del país es claramente contraproducente y nos retrotrae a lo peor del gobierno anterior, que fue, con muchísima ventaja, el pero que tuvo nuestro país desde el retorno a la democracia.

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