EDITORIAL

¡Qué cinismo!

Los que financian este desmadre económico y financiero que son los contribuyentes ni siquiera perciben que a fin de cada mes van a tener menos ingresos y más gastos, y seguirán escuchando decir a Astori: “hubiera preferido no hacerlo”.

El proyecto de Rendición de Cuentas fue remitido al Parlamento varios días antes de la fecha límite. Sindicatos y legisladores oficialistas querían más recursos de acuerdo a las promesas del gobierno.

Sin embargo, lo más preocupante es la forma en que se encara la realidad económica desde varios aspectos.

El primero tiene que ver con la relación que gastos e ingresos tienen con la estabilidad macroeconómica ¿qué quiere decir eso? Simplemente, lo mismo que sucede en una casa de familia cuando se hacen las cuentas a fin de mes: si lo que se gasta es más de lo que ingresa se dispone de tres respuestas: reducir el gasto, endeudarse para pagar lo que se debe postergando el problema, o simplemente no pagar, esto es, dejar en manos de los acreedores las acciones para cobrar.

Veamos, ¿qué ha hecho el gobierno? Ha decidido aumentar el gasto de la casa en casi 200 millones de dólares, financiarlos con nuevos impuestos y mantener un impresentable déficit de casi un 4%; en otras palabras, ha decidido correr la arruga de la alfombra.

El "boom" que benefició nuestra economía y a los gobiernos del Frente Amplio se terminó. Y en vez de ajustar las cuentas públicas en tiempos de las "vacas gordas" se siguió gastando, nombrando más de 60.000 funcionarios públicos, cediendo a cada presión de los "compañeros" sindicalistas y hurgando cada día más en el bolsillo de los trabajadores.

Con excepción de las jubilaciones y pensiones indexadas, lo demás, impuestos de todo tipo, nuevos y viejos, y tarifas públicas que no se ajustan a la baja, porque el gasto sube y sube y la imaginación del gobierno está centrada en descubrir de dónde saca más plata sin limitar tanto despilfarro. Tanto, que cuando se habla de aumentar la deuda pública no es otra cosa que correr la arruga de la alfombra para que la próxima generación sin más espacio tenga que decidir qué hace con la alfombra. En resumen, una cínica explicación para una grave situación que se quiere arrastrar por razones electorales.

El segundo, tiene que ver con la imagen del país y su inserción comercial externa. El ministro Astori se ha llenado la boca hablando de apertura y transparencia; en creativos y mentirosos "Power Points" dibuja la situación y aparece como un malabarista de semáforo haciendo girar varias pelotas en el aire. Pero a diferencia de esos jóvenes que cuando se les cae una de las pelotas al piso hacen la reverencia, el Ministro, sin perder su soberbia, solo atina a darse vuelta y a mudarse de esquina para empezar en otro lado sus fallidos intentos. Es así que con su conocida expresión facial como diciendo "yo no fui" al aumentar la tasa consular a las importaciones, todavía se excusa diciendo que "es algo que hubiera preferido no hacer".

Que quede claro, lo que se propone es lo que el mismo Ministro ha criticado hasta ahora; introducir trabas no arancelarias en los acuerdos de integración y en la relación bilateral con nuestros dos grandes vecinos; ¿y con qué autoridad vamos a reclamar a otros países medidas similares si empezamos por aplicarlas nosotros? ¿Acaso no se recuerda que cuando se lanzó un plan de acción en el devaluado Mercosur entre las 80 medidas que los técnicos identificaron como barreras "no arancelarias" que afectan la competitividad, estaba la misma la tasa consular que el gobierno decidió subir solo para recaudar en lugar de gastar menos?

Y, finalmente, el tercer aspecto desnuda la demagogia que se practica en función de los intereses electorales en juego. Esta Rendición no se puede votar ni siquiera para quedar bien con algunos sectores que son beneficiados por el corrimiento de la alfombra, ya que la estabilidad de la economía está en juego y las fuerzas políticas deben marcar la diferencia en sus conductas; mantenerse en viejos cálculos especulativos sin plantear la situación con determinación no le hace ningún bien al país y las consecuencias serán lamentables.

El aumento del gasto es de 172 millones de dólares. Nada se habla de Ancap, ALUR, UTE, y menos de los mil vericuetos que los viejos y nuevos tributos han tomado para disfrazarse dentro de la normativa del Proyecto. Los únicos que se movilizan son los "compañeros" sindicalistas que quieren más recursos. Mientras tanto, los que financian este "desmadre económico y financiero" que son los contribuyentes, ni siquiera perciben que a fin de cada mes van a tener menos ingresos y más gastos. En poco tiempo ya no habrá ni arruga ni alfombra.

El pulpo astorista multiplicará sus brazos, cambiará de semáforo y seguirá diciendo "hubiera preferido no hacerlo".

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