EDITORIAL

Cambio en el vecindario

Uruguay no puede seguir ajeno a los cambios políticos y económicos que atraviesan Argentina y Brasil, y que si bien nos benefician en algunos rubros, en otros generan desafíos muy serios a futuro para el país.

El dicho tradicional dice que si Argentina estornuda, Uruguay se resfría. Ni que hablar con Brasil. Y la realidad es que la coyuntura de nuestro país está seriamente marcada por lo que ocurre en los dos gigantes vecinos. Tras años tumultuosos, la situación económica de Argentina y Brasil parece estarse consolidando, pero ello no solo implica buenas noticias para Uruguay. También desafíos.

A contrapelo de la historia reciente, lo de Argentina tal vez sea lo más auspicioso. La economía del vecino del Río de la Plata parece estar dando señales de un despegue interesante, de la mano de la consolidación del proyecto político de Mauricio Macri. Si bien queda todavía una instancia electoral importante en breve, los resultados de las primarias parecen haber dado a los mercados la señal de que el cambio, tras la década negra de los Kirchner, es definitivo.

Para Uruguay esto implica un empuje significativo para la industria del turismo, que ya prevé una temporada récord este verano. Pero también una potenciación del comercio bilateral, ya que el despegue argentino suele generar siempre ganancias a muchos proveedores locales. Es increíble pensar que en nuestro país todavía haya dirigentes del oficialismo de luto por el final político del los "K", tal vez los mayores enemigos que haya tenido Uruguay en la Casa Rosada en décadas, que nos bloquearon las fronteras, nos frenaron el comercio, e hicieron todo lo posible por arruinar el turismo.

En Brasil, si bien el panorama político sigue siendo tenebroso con el reciente procesamiento del dirigente opositor Aécio Neves, y un inminente fallo clave para el futuro político de Lula da Silva, aún más complicado ahora tras la "delación" de su exministro Antonio Palocci, los números económicos parecen también ir mejorando. Y alientan la esperanza de que el país vaya saliendo de la recesión más profunda de su historia en la que lo dejó una década de gobiernos del PT marcados por la corrupción.

Ahora bien, la estabilización de los vecinos, por positiva y bienvenida que sea, no deja de encender luces amarillas para Uruguay. Sobre todo porque viene de la mano de gobiernos con una visión de la realidad política y comercial totalmente distinta a la que manejan los dirigentes del Frente Amplio en nuestro país. Dirigentes que, además, mostrando una visión de cancha y un nivel intelectual superior, han manifestado por todo lo alto y en cada foro que han podido, que están en contra de los gobiernos actuales de ambos vecinos.

Tal vez el tema más álgido que muestra esta coyuntura tenga que ver con la reforma laboral iniciada en Brasil. Se trata de un cambio fuerte de las relaciones laborales, una desregulación y ampliación de la libertad de contratar que según todos los estudios generará un impulso positivo a la industria de ese país, pero que también golpeará la competitividad del resto de los socios del Mercosur.

Argentina ya ha señalado que se encamina a tomar una batería de medidas para enfrentar este desafío, para fomentar la competitividad de sus industrias y evitar que haya un efecto migración hacia el vecino del norte. Si bien parece poco probable que Macri vaya a implementar una reforma tan significativa, parece claro que el camino apunta al mismo lado, o sea dar mayor flexibilidad a las industrias para que puedan moverse con mayor facilidad en el competitivo mundo de hoy. ¿Y Uruguay?

El mercado uruguayo es bastante distinto al de los vecinos, y también los son las leyes y tradiciones laborales locales. Asimismo nuestro país, por su escala, no parece que pueda competir por el tipo de megainversiones industriales al cual están apuntando fortalecer Argentina y Brasil. Pero tampoco somos una isla.

En los últimos años los gobiernos del Frente Amplio han postulado una visión de las relaciones laborales absolutamente a contrapelo de la realidad y de las tendencias globales. Una visión inspirada en conceptos anacrónicos como la lucha de clases y la plusvalía, que pone al empleador como enemigo y explotador de su empleado, y que por ello merece una permanente mirada sospechosa de parte del gobierno.

Esto no funcionó nunca en ningún país del mundo para mejorar el ambiente laboral ni el desarrollo de un país. Parece obvio que los cambios de visión que están procesando nuestros vecinos debería hacernos replantear estas políticas revenidas que solo perjudican a la población a cambio de potenciar a los estamentos "mediadores" como son los sindicatos. En un mundo hipercompetitivo, y donde la clave es la flexibilidad, Uruguay no puede seguir atado a recetas del siglo XIX.

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