EDITORIAL

Cacería de conejos

Resulta realmente increíble que todos los partidos de la oposición (con la excepción de Unidad Popular) hayan votado la designación del actual presidente del Instituto de Derechos Humanos, poseedor de una peligrosa visión hemipléjica de la historia.

Una vez más la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (Inddhh) fue protagonista de una ma-la noticia. Ocurrió en un reportaje reciente a uno de sus directores, el abogado Wilder Tyler.

En agosto pasado la Inddhh renovó parte de su plantel de cinco directores que por cinco años estarán al frente de su conducción. Para formar parte de ella, recibieron venia del Parlamento. En particular la candidatura de Tyler fue propuesta por el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay, el Servicio Paz y Justicia y el Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública, y contó con el voto de todos los partidos políticos salvo la extrema izquierda de Unidad Popular.

A pocas semanas de haber asumido, Tyler señaló con relación al tema de las violaciones a los Derechos Humanos que "en el período pasado se hizo bastante daño, cuando desde la cúpula misma del Poder Ejecutivo se hablaba (…) de (…) que este había sido un problema entre dos sectores guerreros (…) de alguna manera se propuso la teoría de los dos demonios y se adoptó esa doctrina, de un lado y de otro. Pero no es la verdadera (…) Esa parábola es una gran mentira. Los que vivimos aquí sabemos que no hubo una lucha entre dos demonios, hubo una cacería de conejos por parte de los militares. La sistematización de la tortura en este país alcanzó la dimensión de crímenes de lesa humanidad".

Así las cosas, hay al menos dos problemas con esta versión de Tyler de la historia reciente que vivió el país. En primer lugar, intenta estirar conceptualmente la definición de crimen de lesa humanidad. Evidentemente, nadie puede decir que la tortura no sea un delito. Sin embargo, hay una voluntad sostenida por diversas organizaciones no gubernamentales y agentes políticos que procura que los crímenes más horrendos cometidos en tiempos de dictadura, entre ellos las torturas, sean considerados delitos de lesa humanidad.

El problema es que por muy terribles que hayan sido esos delitos los casos que entran dentro de esa categoría de crímenes de lesa humanidad, analizados desde el punto de vista histórico, son muy pocos. Ellos presentan especificidades muy particulares, como el caso de la represión nazi que condujo al Holocausto judío durante la segunda guerra mundial, que los hacen sustancialmente incomparables con respecto a otras represiones a lo largo de la Historia. Si se quiere conservar buena memoria y respeto histórico por esos acontecimientos tan trágicos como escasos en los que efectivamente se cometieron crímenes de lesa humanidad, se debe ser estricto en la definición de qué delitos pertenecen a esa categoría.

El objetivo que persiguen quienes intentan este estiramiento conceptual es conocido: lograr que a través de esa categorización se vuelvan imprescriptibles algunos de los delitos más horrendos cometidos durante la dictadura. En este sentido, una reciente sentencia de la Suprema Corte de Justicia, que ratifica una ya definida en 2013, consideró que a pesar de la incorporación al derecho nacional de los denominados "delitos de lesa humanidad", ellos no se pueden aplicar a lo ocurrido en tiempos de dictadura. En sus declaraciones, Tyler lo que hace es marcar pues su posición contraria a lo definido por la Corte.

En segundo lugar, la imagen de Tyler de que aquí hubo una "cacería de conejos" por parte de los militares es una completa mentira histórica. Para poder afirmar semejante disparate, el director de la Inddhh debe omitir olímpicamente todo el período 1963-1972 en l que varias guerrillas de izquierda actuaron con verdadera voluntad de destrozar la democracia y el Estado de derecho imperante en el país.

Por supuesto, ellas llevaron adelante acciones que violaron los derechos humanos más elementales: torturas, secuestros, asesinatos, etc. Obviamente, a fines de 1972 los Tupamaros en particular estaban vencidos. Pero si se analiza lo ocurrido en esos años con un mínimo de buena fe, no puede omitirse todo lo sufrido previo al golpe de Estado de febrero-junio de 1973; y nadie que haya vivido en este país puede afirmar que lo que hubo fue una "cacería de conejos" de parte de los militares.

Tyler mostró su hilacha ideológica sesgada y enteramente funcional, por cierto, a lo que ha sido en estos años la feroz tarea de la Inddhh de operar con criterio enteramente proizquierdista y ajeno a la verdad histórica. La pregunta es: ¿en qué estaban pensando los partidos de oposición cuando hace algunos meses votaron la venia en el Parlamento para que Tyler se integrara a la Inddhh?

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