Editorial

Las buenas noticias

Si hay algo que han tenido en común los gobiernos de "izquierda" que han dominado la región en estos años es su permanente crítica a los llamados "poderes mediáticos".

La queja habitual es que los medios se enfocarían demasiado en dar malas noticias que afectan la credibilidad de los gobiernos, en vez de narrar las maravillas que se habrían logrado en los últimos años de expansión. En esa línea se inscriben, por ejemplo, las declaraciones del vicepresidente Sendic en México

Esta teoría, que demuestra no entender nada sobre el rol de los medios, o su papel en una democracia saludable como primera señal de alerta de los problemas a resolver, llega a ser irritante. Es por ello que este artículo se centrará justamente en mostrar algunas cosas buenas que vienen pasando en el mundo. Cosas buenas que muchos de estos dirigentes políticos "de izquierda" suelen descartar livianamente, ya que no aportan a su relato de que el mundo es un gran caos, que necesita de políticos y gobiernos que intervengan cada vez más para organizarlo.

La primera buena noticia es que la pobreza en el mundo está en franco retroceso, e incluso la ambiciosa meta de eliminar sus formas más extremas parece más cerca de lo que se cree. Tanto el porcentaje como el número total de personas que viven con menos de un dólar por día viene cayendo en los últimos años. Desde 1981 hasta ahora, más de 700 millones de seres humanos han dejado de vivir en pobreza extrema. Hoy esa franja de la población global apenas llega al 5%. Como dato al margen, este proceso viene siendo perfectamente proporcional a la mejora mundial en el ranking de libertad económica.

Otro dato interesante, vinculado a lo anterior, es que el problema del hambre en el mundo también viene reduciéndose de manera notable. Por ejemplo, un informe de la ONU señalaba el año pasado que unos 795 millones de personas todavía padecen ese drama. Pero esa cifra dolorosa se ve distinta cuando se comprueba que quienes estaban en esa situación en 1990 eran unos mil millones de seres humanos. Con el "aditivo" de que la población mundial en ese lapso creció en unos dos mil millones, lo cual aumenta en forma exponencial el impacto de la mejoría.

La clave para este logro ha sido la aplicación de nuevas tecnologías a la producción de alimentos, desde transgénicos hasta formas innovadoras de cultivos, surgidas en su mayoría a partir de los estudios de Norman Borlaug, padre de la llamada "revolución verde". Sin embargo, estas prácticas suelen ser miradas con recelo, y hasta atacadas, por muchos de los políticos que se suelen mostrar indignados por el hambre en el mundo.

Otro problema que ha ocupado titulares recientemente, y los discursos de muchos políticos, es el de la violencia, la guerra y el terrorismo. Si uno se basa por las declaraciones de algunas figuras públicas, pareciera que viviéramos en un mundo más violento que nunca. Y no es así. Por ejemplo el profesor de Harvard Steven Pinker publicó hace poco en la revista Slate una nota llamada "El mundo no se está viniendo abajo", donde hace un estudio de los conflictos armados comparados en el tiempo. En materia de guerras, consideradas así aquellos conflictos en los que mueren al menos mil personas en un año en campos de batalla, en el año 1991 se contabilizaban 26. En 2014 eran solo 11. Lo mismo con lo que llama "enfrentamientos armados", a los que define como aquellos en los que mueren al menos 25 personas al año. Estos han pasado de ser 52 en 1991, a 33 en 2014.

Hay otros datos interesante para aportar a esta mirada optimista del mundo de hoy. Desde que la mortalidad infantil ha caído un 77% en todo el planeta desde 1960 hasta hoy, las mejoras en materia de equidad de género en casi todo el mundo (incluido Asia) en apenas medio siglo, o incluso el impacto positivo en los ecosistemas que viene teniendo una mayor concientización de los problemas ambientales, donde hasta China ha tomado eso como prioridad.

Más allá de que cualquier profesor de primer año de periodismo le enseñará que la noticia es el conflicto no la paz, y que esto será así mientras la paz sea la norma y el conflicto la excepción (por suerte), hay otro motivo que es común a todo este proceso de mejoría en la calidad de vida humana en el planeta, y que hace que algunos políticos prefieran no mencionarlo. Es que tiene directa relación con la universalización de los sistemas capitalistas de mercado en materia económica, y la democracia liberal occidental en lo político. Se trata de una relación tan directa como inocultable. Aunque poco conveniente para quienes siguen, tercos, queriendo imponer ideologías fracasadas y políticas que tratan al individuo como idiota.

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