EDITORIAL

Una buena señal

Los resultados de la reunión de los representantes de los partidos políticos con el presidente de la República para tratar el problema de la inseguridad parecen auspiciosos. Podrían constituirse incluso en un punto de partida importante para ampliar el terreno de acuerdos interpartidarios a otras políticas públicas.

Hay que recordar de dónde arrancamos. Evidentemente, en esta década de gobiernos de izquierda la seguridad pública se fue degradando sin tregua, con datos de la realidad que nos describen hoy una situación muy complicada. Hay asesinatos, rapiñas y hurtos como nunca antes. Pero también hay zonas de la capital en las que es muy difícil el ejercicio de la autoridad legítima del Estado, con una especie de feudalización vinculada a la delincuencia que tiene de rehenes a miles de vecinos.

A esta situación hay que sumar la decisión política de 2014. Vázquez fue electo presidente y el Frente Amplio obtuvo mayoría parlamentaria con la convicción de que el problema de la inseguridad no era tan grave, y con el anuncio de que Bonomi y su equipo serían ratificados al frente del Ministerio del Interior. Por mucho que los partidos de oposición hicieron de estos asuntos temas centrales de campaña, y por mucho que hubiera crecido el problema de la inseguridad, la ciudadanía laudó en favor de la estrategia de Vázquez.

Es por todo esto que el cambio de actitud presidencial debe ser destacado. Ante el notorio deterioro de la situación de inseguridad en 2015-2016, Vázquez dio una señal de apertura hacia los representantes de la otra mitad del país que es acertada. Naturalmente, había motivos para el escepticismo previo, porque por lo general en estos años estas grandes reuniones no tuvieron consecuencias relevantes sobre los temas tratados. Sin embargo, al explicar que se trataba de un puntapié inicial que implicaba cierto cambio de rumbo, el presidente abrió el juego a una actitud constructiva de los partidos de oposición y a la búsqueda de acuerdos interpartidarios sólidos.

La señal política es positiva. Falta, claro está, que ese talante se traduzca en concreto en medidas legislativas y administrativas que permitan obtener mejores resultados. Los partidos de oposición llevaron sus propuestas; el Ejecutivo planteó sus objetivos. Es una buena señal también que se haya fijado una próxima reunión para avanzar en medidas que encuentren consenso y se apliquen. Si hay acuerdos interpartidarios los tiempos parlamentarios para aprobar cambios serán más breves, y las medidas administrativas desde el Ministerio del Interior tendrán mayor respaldo.

Así, la desconfianza y la suspicacia tienen que dejar paso al esfuerzo por encontrar terrenos de acuerdo. Primero, porque el tema los precisa, ya que vamos camino a una especie de latinoamericanización de nuestra situación de inseguridad que es muy grave. Segundo, porque las políticas consensuadas son las que están llamadas a perdurar en el tiempo, y necesitamos una acción de largo aliento para enfrentar a la delincuencia. Y tercero y más importante aún, porque la apertura de Vázquez hacia la oposición se da en un contexto de debilidad presidencial como nunca antes había ocurrido en esta década.

En efecto, si la mano tendida del Presidente a los partidos de oposición se traduce en acuerdos interpartidarios de resultados exitosos en el tema de la inseguridad, Vázquez podrá encontrar un apoyo político fundamental que abra la puerta a otros grandes acuerdos. Podrá librarse así del poder de veto de la izquierda más radical dentro del Frente Amplio, y podrá quitarse de encima el peso de las fuerzas sociales de izquierda y reaccionarias que impiden cualquier cambio que ponga en tela de juicio el statu quo actual del cual se benefician.

El ejemplo más claro de todo esto es la gravísima crisis de la educación. El punto de partida es el mismo que en seguridad, con un Vázquez que en 2014 relativizaba la mala situación. Pero hoy en día, si la actitud de diálogo presidencial con los partidos de oposición se extendiera a buscar acuerdos que encontraran respuestas para mejorar la educación pública, sin duda que se podría enfrentar con éxito el "statu quo de una forma de ver, de gestionar el cambio (...) una clara alianza entre el poder sindical (sobre todo de Fenapes y de Ades) con el MPP, el Partido Comunista y sectores vinculados al Partido Socialista", al decir del ex director nacional de educación Juan Pedro Mir.

Ojalá la buena señal sobre seguridad alcance a otras políticas de gobierno. El país lo precisa.

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