EDITORIAL

La biblia frenteamplista

Para competir en los mercados globalizados hay que bajar costos, reducir la presión tributaria, ajustar el gasto público, flexibilizar el uso de los recursos, incluyendo la mano de obra, y hacer transparente la gestión para que el despilfarro y la corrupción no se instalen.

El gobierno tiene una biblia laica que de seguirse al pie de la letra solucionaría todos los problemas del país. El Programa del Frente Amplio es un nuevo testamento. Quizás porque a esta altura se trate de un acto de fe a la espera de algún "milagro" que ayude a cumplir con tanto compromiso genérico y demagógico asumido.

Los economistas llaman "costos de oportunidad" a la necesidad de renunciar a alguna cosa para obtener lo que se desea; en otras palabras, enfrentarse a la opción de "esto o aquello".

Sin embargo, la situación se vuelve inmanejable cuando los objetivos que se plantean son tantos, que el gobierno se transforma en una solución en busca de varios problemas.

En este "devaneo ideológico" el presidente Vázquez instó a sus ministros a cumplir "a rajatabla" el Programa del Frente Amplio, y de paso advirtió que si bien hay que hacer todos los esfuerzos para alcanzar el 6% del PBI para la educación, "en la misma biblia consta la promesa de bajar el déficit fiscal al 2.5%".

Por otra parte, el evangelio según san Danilo nos anuncia que el gobierno no participa de la idea de aumentar tributos para recaudar más dinero. Aunque no es la primera vez que lo promete, ya que formalmente lo hizo público durante la campaña electoral. Pero eso no quedó allí porque el equipo económico mantiene las tarifas públicas a pesar de que el precio del petróleo haya alcanzado mínimos históricos en los últimos años. Sabe, además, que el perjudicado es el consumidor aun cuando se trate de decir que ha ingresado "arañando" en la faja de optimismo moderado.

¿Qué eficiencia o racionalidad se puede esperar de un gobierno que solo discute de cómo gastar el dinero ajeno sin importarle o tener en cuenta cuál es su costo? ¿Dónde está la promesa "bíblica" de reducir el gasto del Estado? ¿Por qué no se cumple con los controles de legalidad del Tribunal de Cuentas? ¿No tiene también allí el gobierno mayoría? Cuando se dice desde el Poder Ejecutivo que es "necesario actuar con prudencia y con mesura" ¿quién es capaz de ponerse el sayo? ¿Qué ciudadano o persona no reconoce en el Estado a una burocracia mandona y privilegiada que nada tiene que ver con la defensa del interés nacional?

Apelemos a un simple razonamiento: para competir en los mercados globalizados hay que bajar costos, reducir la presión tributaria, ajustar el gasto público (sin recurrir a la excusa de que es una inversión), flexibilizar el uso de los recursos, incluyendo la mano de obra, y sobre todo, hacer transparente la gestión para que el despilfarro y la corrupción no se instalen irreversiblemente. Esto significa apertura de la economía, ganar en competitividad interna y externamente, respetar al contribuyente y buscar entendimientos políticos que aporten algo de racionalidad a un populismo demagógico, que de otra forma sólo dura hasta que se gasta el último de los recursos.

Sin embargo, en este nuevo testamento frenteamplista abundan los "judas", los mercaderes del templo, y lamentablemente los que creen en la "multiplicación de los panes y los peces", pero ninguno que avale la parábola de los talentos, porque hasta las asignaciones que se pagan para que los niños vayan a la escuela ya no se condicionan a que se cumpla con esa condición.

Pero en esa verdad programática no hay una sola mención de lo que debieron prometer, que es derogar los monopolios públicos porque la ilusión de que estos son el motor del crecimiento todavía subsiste, más allá del "desastre Sendic" y de las decenas de sociedades de derecho privado que hasta el exministro Lorenzo aconseja controlar, como asesor académico de la Comisión del Parlamento que intenta legislar sobre ese tema.

El desempeño educativo es deprimente, la infraestructura en transporte y comunicaciones registra los índices más bajos de las últimas décadas; Aratirí como el hierro se "fundió"; el puerto de aguas profundas quedó en proyecto y Gas Sayago se evaporó junto con la planta regasificadora.

La biblia laica de la izquierda ya está más cerca del calefón de Discépolo. Y con todo respeto, parece que en poco tiempo los "más infelices no serán los más privilegiados". Esta biblia terminará teniendo como resultado la "solidaridad invertida" que ya ha comenzado a comprobarse cuando "los más pobres están financiando a los más ricos".

El Programa del Frente Amplio puede definirse como una biblia laica plagada de profetas que expresan un inverosímil "voluntarismo delirante". Y los frutos de sus gobiernos hablarán por ellos.

"Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen".

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