Editorial

La batalla por el rumbo del gobierno

El Plenario del Frente Amplio reunido el sábado pasado, luego de que el anterior del 25 de julio pasara a cuarto intermedio, debía definir la fecha y la forma en que se elegiría al próximo presidente del lema.

Sin embargo, como es de público conocimiento, el asunto principal, y en medio de duros cruces, pasó a ser la renuncia a la presidencia del conglomerado oficialista de la senadora Mónica Xavier.

Luego de varias semanas de severos cuestionamientos y la oposición de la mayoría de la colación, la hasta entonces presidenta decidió jugar fuerte y perdió. Su renuncia fue aceptada por 85 votos contra 56 formando la mayoría fundamentalmente el MPP, el Partido Comunista, la lista 711 de Sendic, la CAP-L del ministro Fernández Huidobro y los comités de base de Montevideo y Canelones que por esta noticia nos venimos a enterar que siguen existiendo.

Al igual que en el Parlamento, en el Plenario del Frente Amplio, pese a su intrincada composición, se hizo sentir la mayoría radical que se ha propuesto la estrategia de quebrarle el pescuezo a los moderados, como se evidencia en numerosas instancias recientes. A nadie escapa que la gran batalla para la que vienen preparando el terreno y afilando las armas ambos bandos, es la discusión presupuestal donde se dirimirá realmente, quién le fija el rumbo a la actual administración. Lo que estamos presenciando son simples escaramuzas que dan cuenta del clima interno que vive el oficialismo y de cómo se van alineando los distintos grupos.

Nadie puede dudar de que los argumentos esgrimidos para excluir a Xavier de la presidencia del Frente no son los de fondo. Más aún, que se arguya por parte del sector encabezado por Mujica razones reglamentarias, solo puede provocar hilaridad.

Xavier ya fue durante años presidenta del Frente y senadora al mismo tiempo sin mayores inconvenientes, por lo tanto, hay que observar qué circunstancias cambiaron para entender el viraje de postura del mujiquismo y sus aliados.

El resultado de la elección departamental en Montevideo, donde el candidato del Partido Socialista vapuleó a Lucía Topolansky, sin dudas ha incidido. El MPP quedó con la sangre en el ojo. El acaparamiento de cargos del que acusan a los socialistas, que incluye la presidencia de la República, la Intendencia de Montevideo y hasta el sábado la presidencia del Frente, también fue creando la tormenta que se desató el sábado.

Un síntoma de la compleja situación que atraviesa la coalición de gobierno fueron las reacciones de los más diversos y variopintos dirigentes. La red social Twitter fue una caja de resonancia estentórea por estos días.

Por ejemplo, el inefable Esteban Valenti acusó a sus rivales de que "no les importa nada" y se preguntó "¿qué se busca llevando el FA al precipicio?" Enrique Rubio comentó: "Muchos compañeros no se dan cuenta q si se daña la affectio societatis se entra en un camino muy peligroso. Podían haber seguido otra ruta!!" Y el asesor del Ministerio de Economía Pedro Apezteguía fue más lejos aún: "Los golpes de Estado no se acatan. Se sufren."

El diputado y presidente de la Cámara Alejandro Sánchez (MPP) contestó a esta y otras afirmaciones de tenor similar formuladas por Apezteguía sin mucha diplomacia, calificándolo de "enfermo sectario y pelotudo".

Resta por saber si el MPP efectivamente quiere a un "independiente" en la presidencia del Frente Amplio o es una simple estrategia para colocar a uno de los suyos.

El expresidente Mujica rechazó de plano que pueda llegar a ser él, lo que lo vuelve un candidato firme y es el nombre que manejan algunos dirigentes de su sector. Lo cierto es que más allá de un período de transición, seguramente se termine eligiendo al sucesor de Xavier en una elección abierta que no será nada fácil para quienes hoy han volteado a la primera presidente mujer del Frente Amplio.

El partido de gobierno está fuertemente dividido y enfrentado, pero nadie duda que mantendrá su unidad finalmente, en las instancias decisivas. Más importante aún, es la pregunta de cómo repercutirá esta circunstancia en la madre de todas las batallas que es la que se está librando por el rumbo del gobierno. Si le tuercen el brazo al presidente de la República en el presupuesto se avecinan tiempos más difíciles para el país, de los que ya anuncia la desaceleración de la economía.

Astori, atado al mástil, espera que el capitán pueda mantener el rumbo o tendrá que cerrar los ojos ante la visión del precipicio que presagia Valenti.

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