EDITORIAL

Basta de tonterías

El rubro inversiones de la Intendencia de Montevideo ha descendido en forma constante mientras que gastos y salarios superan holgadamente el 70% del Presupuesto. En otras palabras, el clientelismo populista continúa corriendo la arruga de la alfombra sin repararla.

El boleto ha vuelto a subir, mientras el corredor Garzón nos muestra la peor cara del fracaso de un proyecto de transporte, sin contar la pérdida de millones de dólares sufridas por decenas de pequeños empresarios.

La basura es una realidad que nos agrede y que compromete la salud de la población, aunque cada vez que se reclama el Intendente hace una mención lateral a la falta de cultura ciudadana y anuncia que en pocos años se importarán miles de nuevos contenedores como solución final al problema.

La señalización de Montevideo es tan deficiente que los elementos básicos que hacen a la seguridad del tránsito aparecen desdibujados o simplemente se borraron, mientras que peatones, vehículos, y sobre todo turistas, no saben a qué referencias atenerse.

Por otra parte, el gremio municipal sube la apuesta reclamando aumento de salarios, decretando huelgas y paros sin considerar los perjuicios que le causan a los contribuyentes, los únicos que no tienen sindicato. Tan es así que como el déficit se mantiene y el endeudamiento crece, la creatividad de la Intendencia se excita con el fin de recaudar cada día más sin efectuar el mínimo recorte al gasto municipal.

A pesar de algo tan claro, el Intendente insiste en declaraciones entrecortadas e inconsistentes basadas, al parecer, en el pensamiento de Maquiavelo que, siglos atrás, ya advertía sobre que "los hombres son tan simples que el que quiere engañar siempre encuentra alguno que se deja".

Previo a las elecciones, el Sr. Martínez prometió que el precio del boleto bajaría, y ahora enfrentado a la decisión contraria tomada hace pocos días se excusa diciendo que "fue un tonto" porque no explicó debidamente todas las variables que actúan sobre un tema tan complejo, ya que la caída del número de pasajeros del transporte público montevideano no fue prevista.

La frivolidad de su argumento es tal, que solo falta que al estilo del inefable vicepresidente Sendic desarrolle la idea de que la tendencia a la baja de pasajeros se debe a que la gente "vive mejor" y, por tanto, prefiere trasladarse en vehículos que la prosperidad le ha permitido comprar.

Por otro lado, sigue insistiendo en que los montos que se destinan al subsidio del boleto son parte de una política de finanzas públicas a la que adhiere, como si esos recursos provinieran de ahorros presupuestales de la Intendencia.

Y no dice, porque persiste en el engaño, que en realidad son los contribuyentes de Montevideo y del interior del país los que, desde sus exhaustos bolsillos, aportan toda esa masa de dinero para evitar que el precio del boleto se "remonte a las nubes".

A ello se agrega que impuestos, tasas y contribuciones no tienen relación alguna entre el sacrificio de los ciudadanos y la calidad de los servicios que se prestan. Y si algo faltaba, a las multas que se aplican por la instalación de radares en varias esquinas se las disfraza con el argumento de que responden a la necesidad de educar a los conductores con el objetivo de reducir el número de accidentes de tránsito.

Como todos los enfoques de la izquierda nacional, la declamada preocupación social siempre se utiliza para justificar un gasto indefendible, una ineficiencia crónica de gestión y una solapada corrupción que nunca termina de aclararse.

El último superávit registrado en Montevideo fue en el año 1990 cuando el Frente Amplio asumió por primera vez el gobierno municipal.

Desde entonces, el rubro inversiones ha descendido en forma constante mientras que gastos y salarios superan holgadamente el 70% del Presupuesto. En otras palabras, el clientelismo populista continúa corriendo la arruga de la alfombra sin repararla.

El Intendente merece respeto, pero mucho más los contribuyentes que todos los días se desayunan con un implacable mazazo recaudador divorciado de toda contrapartida.

Con lo dicho, lejos se está de atacar una gestión sin fundamentos; por el contrario, se trata de contribuir con la Intendencia y la debida transparencia señalándole al Intendente que no puede invocar como excusa válida que actuó como un "tonto" al asumir un compromiso que muy pronto dejó de cumplir.

Porque basta dar una vuelta por la ciudad y ver los contenedores desbordados de basura, y no solo en la periferia sino en los barrios donde los impuestos que cobran son los más elevados, para darse cuenta que la Intendencia le toma el pelo a los habitantes de la ciudad.

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