EDITORIAL

Ayuda sí, estudio también

Desconocen que quienes no tienen educación, aunque se trate de la más elemental, verán cerradas las puertas para poder progresar en la vida. Y la democracia necesita ciudadanos con la capacidad de discernir y con los conocimientos que trae consigo la educación.

En marzo pasado, el senador Luis Lacalle Pou, líder del sector Todos, presentó públicamente 20 medidas de gobierno. El documento elaborado durante varios meses de trabajo fue enviado al Ejecutivo como aporte voluntario, con el ánimo de contribuir positivamente a la tarea gubernamental, por el bien del país. Demás está decir que el eco oficial frente a esa oportuna contribución, no se escuchó. Más bien lo que hubo fue un desinterés manifiesto. En estos momentos en que el Mides vuelve a estar en la palestra por las desatinadas declaraciones de sus autoridades, es bueno recordar que entre el listado de Lacalle Pou figuraba el hacer una auditoría externa a este organismo creado en el primer gobierno del Frente Amplio, puede decirse que especialmente para Marina Arismendi, titular del mismo por segunda vez. En una primera instancia se dijo que prácticamente no tendría casi empleados, aunque en el presente se sabe que son ya 2000 y según Arismendi, no le alcanzan.

Pero aparte de estos que figuran en planilla, el Mides contrata a un montón de ONG, sobre lo que hay nula o escasa información.

En su audición radial, Lacalle Pou volvió sobre el tema y razones no faltan. El Mides fue el ministerio peor evaluado por el Tribunal de Cuentas en el 2014. El 23% del gasto recibió observaciones. Estas se refieren a decenas de millones de pesos, que van desde 2016 hasta comienzos de 2017. Lo cual se agrega a la objeción del organismo de contralor respecto de los contratos con más de 70 organizaciones no gubernamentales en forma directa. Erogaciones todas que fueron automáticamente reiteradas por la jerarquía del ministerio.

Por lo tanto, no es en absoluto descabellado insistir en la aplicación de una auditoría independiente que permita conocer con más detalle cómo se usan los recursos que se le destinan del erario público. Lo que no es otra cosa que el dinero que sale del bolsillo de todos los uruguayos a través de los impuestos que se pagan. Aparte de las Asignaciones Familiares, (sistema originado en la década del 40) que el Banco de Previsión le entrega a casi 500 mil personas que cobran bajos salarios, dependiendo el monto de su situación personal, el BPS otorga otras Asignaciones Familiares administradas por el Mides, en el marco del Plan de Equidad, con las cuales llega a unas 390.000 que carecen de trabajo. Pero estas contribuciones implican que dichos padres envíen a sus hijos a estudiar.

Si el manejo de esta cartera huele a irregularidades, peor es la posición y el dañino mensaje de quienes están al frente de la institución, hacia la gente a la que van dirigidos estos ingresos, además de a la población en general, al bregar por que se elimine la exigencia de la contraprestación. El objetivo de estas ayudas no es solamente el de paliar las necesidades físicas básicas de las personas con muy bajos ingresos, sino contribuir a que los niños de ese sector de la sociedad adquieran las herramientas que les permitan sortear la condena social que conlleva la ignorancia.

Sin embargo, una vez más, porque no es esta la primera vez, Marina Arismendi (quien sin duda ha podido construir un gran archivo sumamente útil para las prácticas clientelistas a lo largo de estos años) ha dicho que quiere proponer en la próxima reunión del Gabinete Social, que no se exijan contrapartidas a las familias con hijos que reciben aportes del Mides. Postura a la que se suma la exintendenta y ahora viceministra, Ana Olivera, con la opinión de que de esta manera se castiga doblemente a la familia.

Desconocen así que quienes no tienen educación, aunque se trate de la más elemental, verán cerradas las puertas para poder progresar en la vida. Y tal como lo dijera José Pedro Varela en aquellos lejanos días, la democracia necesita ciudadanos con la capacidad de discernir y con conocimientos que trae consigo la educación. Distintivo que nuestra sociedad pudo adquirir con la imposición de la educación obligatoria, con resultados que la distinguieron entre sus vecinos latino americanos y que hoy lamentablemente se está perdiendo. Siendo el deterioro de la calidad educativa uno de los principales factores.

La grieta, que se ha ido ensanchando entre las distintas clases sociales, es fácilmente discernible al observar el aumento de esa especie de guetos en los que se han convertido los asentamientos periféricos, sobre todo metropolitanos, donde se ha perdido la noción de los valores que caracterizaron a nuestra sociedad inmigrante. Y no es alejando a los más desvalidos de las escuelas, sino mejorándolas, que podremos no tener un pueblo prebendario y maleable a los dictados populistas.

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