EDITORIAL

Avanzan los vehículos eléctricos

Enhorabuena, porque ayudará a combatir el calentamiento global y la emisión de gases nocivos a la atmósfera que dañan nuestra salud y nuestro planeta. Las autoridades de muchos países van a impulsar su uso, más rápido de lo que normalmente se podría esperar.

Se viene otro gran cambio que potenciará los inventos anteriores. Preparémonos. Antes y no hace mucho, tomando en cuenta nuestra existencia en la tierra, la energía o fuerza motriz la proveían los animales domesticados, los esclavos. Para arar el campo o para el transporte se usaban bueyes, caballos, el burro y la mula y en lugares más exóticos los elefantes y los búfalos de agua. Y por supuesto, el ser humano. Las fuerzas de la naturaleza, como el viento y el agua fueron aprovechados para hacer marchar los molinos y con el invento de la vela y la rueda se acortaron las distancias.

Esto fue así hasta el advenimiento del motor a vapor desarrollado a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX, mayormente por inventores ingleses y escoceses que lanzaron al mundo camino a la modernidad. Revolucionaron el transporte y consiguieron generar electricidad a gran escala, así como la producción en masa de bienes.

Después vino el motor a combustión interna, más pequeño y versátil, cuyo desarrollo empieza en 1853 en Italia y termina su diseño básico patentado, en Alemania en 1886, con importantes aportes previos de científicos e ingenieros franceses.

Al mismo tiempo se inventó el motor eléctrico y su componente esencial, el dínamo. Este ultimo también tuvo una gran difusión. Era más sencillo, se componía de menos partes, pero debía conectarse al cable que le proveía la energía. Por lo tanto, lo hacía menos flexible en su competencia por mercados y usos. Esa traba impedía mayores avances y aplicaciones.

La batería o acumulador era la respuesta, pero la evolución de ese dispositivo fue lenta. Siempre estaba la pregunta de qué hacer con la electricidad que no se usaba inmediatamente. (Las plantas nucleares, otra gran fuente de energía en muchos países, no permiten disminuir la producción eléctrica a no ser con procedimientos muy lentos, costosísimos y poco prácticos) ¿Qué hacer entonces, con la energía que se produce durante las horas de poca demanda? ¿Cómo acumular esta energía para ser usada cuando es necesaria?

Existen algunos procedimientos ingeniosos como usar fuerza motriz para llevar agua río arriba a los diques para reserva. Pero eso se puede hacer en pocos lugares y con características geográficas muy peculiares. El interés estaba en perfeccionar baterías confiables a precios accesibles, que acumularan mucha energía con poca pérdida, para ser utilizadas cuando fuera necesario.

Pues bien, se ha alcanzado un hito fundamental. Ya existen baterías fabricadas en base a litio, algunas con algo de cobalto y níquel, que pueden propulsar un automóvil entre 350 y 1000 kilómetros, sin necesidad de recarga. El motor eléctrico ya no está preso de un cable que le suministre potencia o lo recargue como a un carro de golf. La ciencia ha sorteado ese escollo y los industriales están bajando los costos de las baterías a niveles rentables que ya hacen posible el sueño del auto más silencioso, limpio y con amplia autonomía.

En hora buena, porque ayudará a combatir el calentamiento global y la emisión de gases nocivos a la atmósfera que dañan nuestra salud y nuestro planeta. Las autoridades de muchos países van a impulsar su uso, más rápido de lo que normalmente se podría esperar.

El año pasado, el stock mundial de autos eléctricos (EV) en uso se estimaba en unos 2 millones. Ese año se produjeron unos 750.000 (EV), menos del 1% de la totalidad fabricada cada año. La cantidad es pequeña, pero el ritmo se acelera. China, con grandes problemas de polución, es líder en la venta de ese tipo de vehículos. Dos veces la cifra norteamericana. Además, China ya tiene operando 300.000 autobuses eléctricos. Y donde existe la mayor proporción de EV es en Escandinavia y Países Bajos. (Holanda 6%, Suecia 3,4%). Allí se experimenta con la aplicación de distintos tipos de incentivos fiscales. En Dinamarca, tras el retiro de un beneficio en el costo de la patente, la compra de EV cayó más de 60%. Se va a restituir esa ventaja pero también se estudian formas de hacer entender al usuario el potencial y las virtudes de los vehículos eléctricos.

Por ahora, sin la intervención del estado, parecería que en libre competencia sigue ganando el bien establecido motor convencional, pero parte del problema radica en que no existe suficiente volumen ni demanda para abaratar costos de los EV. Otro dilema que aún existe es el de cargar la batería y dónde. Las automotrices siguen perfeccionando su "know how", convencidas de que la mayoría de los gobiernos forzarán el cambio, a pesar de que haya importantes intereses en pugna.

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