EDITORIAL

Asombrando a Zambia

El meneado proyecto de reforma constitucional que prepara el Frente Amplio amenaza ahora con incluir la propuesta de bajar a 18 años la edad mínima para ser candidato a senador, diputado ¡e incluso a Presidente de la República!

Esta llamativa propuesta fue anunciada con toda solemnidad por el diputado Felipe Carballo, de la lista 711 del Frente Amplio, en la asamblea de la Unión Interparlamentaria (UIP) realizada días atrás en Lusaka, capital de Zambia.

A esa reunión cuya consigna central era "Rejuvenecer la democracia: mayor inclusión de los jóvenes" asistió una nutrida delegación del Parlamento uruguayo encabezada por Raúl Sendic, líder de la citada lista 711, lo cual permite suponer que la iniciativa de Carballo contó con el aval del vicepresidente uruguayo. De prosperar esa reforma cambiaría el sistema previsto por nuestra Constitución según el cual para postularse a la Presidencia se requiere tener 35 años en tanto se exigen 30 para ser senador y 25 para ser diputado.

Sería bueno que Sendic y sus correligionarios reflexionaran sobre la conveniencia de este cambio que postulan, al parecer seriamente puesto que eligieron como escenario para el anuncio la asamblea de la UIP celebrada en el citado país africano. Que se sepa no hay nación democrática en el mundo que permita que un joven de 18 años llegue a ocupar el máximo cargo de gobierno por la obvia razón de que se supone que a esa edad, por más capacitado que esté el aspirante, se carece de la madurez y la experiencia necesarias como para desempeñar tan relevantes funciones.

Por eso, la propuesta del diputado Carballo no solo asombró a asambleístas extranjeros en Zambia sino incluso a parlamentarios de otros partidos uruguayos presentes. Es que por provenir del Frente Amplio, una innovación tan original resulta llamativa pues la coalición gobernante se caracteriza precisamente por contar con los líderes más añosos (Tabaré Vázquez y Danilo Astori con 76 años, José Mujica con 80) y por el elevado promedio de edad de sus parlamentarios (53 años) contra los que exponen el Partido Nacional (48) y el Partido Colorado (46).

Quizás esta postura de la lista 711 sea un intento por remozar al añejo elenco frentista, una tentativa que avala la prédica que llevó adelante la lista 711 en la última campaña electoral resaltando una y otra vez la "juventud" del actual vicepresidente Sendic quien tiene 53 años cumplidos, una edad que en ningún país se conceptuaría como la de un joven. En cambio, Felipe Carballo, el proponente de la pintoresca reforma, cuenta con 43 años que tal vez le permitan sentirse como el benjamín de su bancada parlamentaria.

Es de esperar que la propuesta de Carballo no prospere en la comisión del Frente Amplio formada para elaborar el proyecto de reforma. En caso contrario, si fuera aceptada, más allá de ganar algunos titulares en la prensa internacional pondría a nuestro país en ridículo y no solo en Zambia. Entre otros comentarios burlones sería inevitable recordar que los antecedentes de Jefes de Estado más jóvenes distan de ser casos ejemplares. Baste citar un par de ejemplos vergonzantes, los dictadores "Baby Doc" Duvalier, presidente de Haití a los 19 años, o Kim Jong-un, conductor de Corea del Norte desde los 28 años.

Lástima que la noticia sobre la actuación de la delegación uruguaya en Lusaka haya sido la peregrina idea de Carballo porque esa asamblea —cuya utilidad para el país está por demostrarse como ocurre en general con estos criticados viajes de parlamentarios, a costa del erario público, a los más exóticos rincones del planeta— estaba inspirada en el propósito de facilitar el acceso de las nuevas generaciones a cargos de gobierno. Acceso por las vías democráticas, claro está, y no por otros mecanismos, como los que quedaron expuestos en la reunión de la UIP a través de delegaciones como la de Cuba. Es que los cubanos se ufanaron al explicar que en su país se vota a los 16 años y que se puede alcanzar una banca de diputado a los 18, precisamente. Lo que no explicaron es cómo se los elige, a quién representan realmente y qué libertad tienen para expresarse. Y por supuesto nadie les pidió aclaraciones.

En fin, en Lusaka hubo de todo, incluida la moción del diputado uruguayo, destacada por la mayoría de las agencias noticiosas internacionales. De alguna manera, aquello fue como retornar a los tiempos de José Mujica en donde Uruguay ganaba fácilmente los grandes titulares y cierta fama universal en base a espectaculares anuncios que —como el de Carballo— son tan originales como inconsistentes.

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