Editorial

A 190 años de aquel 25 de agosto

Hoy, 25 de agosto, se cumplen 190 años de la Declaratoria de la Independencia, la que declaró "írritos, nulos, disueltos y sin ningún valor" los lazos que pudieran unir al Uruguay con "los intrusos poderes de Portugal y Brasil".

Una independencia parcial, es cierto, pues establecía la incorporación a las Provincias Unidas del Plata dentro del ideal federalista soñado por Artigas, pero que era en todo caso, la afirmación de una voluntad autonómica a concretarse cinco años después, el 18 de julio de 1830, con la jura de la primera Constitución.

Culminación de la gesta artiguista y de la lucha contra el poder extranjero, aquella declaración señalaría el comienzo de la construcción del nuevo Estado a través de la asamblea de la Florida que sesionó a partir de 1825.

El desembarco en la playa de la Agraciada de 33 patriotas había marcado el comienzo del alzamiento nacional contra el invasor norteño y de la serie de batallas ganadas por los orientales. Aunque es innegable que en el logro de la independencia pesaron las potencias de la época, en especial Inglaterra, fue decisivo el espíritu independentista que alentaba en estas tierras desde principios del siglo 19.

El segundo artículo de la "ley de independencia" aprobada el 25 de agosto de 1825 refleja claramente la vigencia de ese espíritu al expresar que la futura República reasume "la plenitud de los derechos, libertades y prerrogativas inherentes a los demás pueblos de la tierra". Al mismo tiempo, el país naciente se declara allí "de hecho y de derecho" libre e independiente de Portugal y Brasil con "pleno poder para darse las formas que en uso y ejercicio de su soberanía estime convenientes".

Como escribió Ernesto Renán, una nación "es un principio espiritual" afirmado en la certeza de "compartir glorias comunes del pasado". La efemérides que honramos hoy, es una de esas glorias para compartir, que encarnan la unidad de un pueblo por encima de las diferencias filosóficas y políticas que puedan existir. Y como tal, la fecha debe ser celebrada por la ciudadanía en virtud de su significación y como permanente homenaje a aquel grupo de bravos orientales reunidos hace 190 años en la piedra alta de la Florida para señalar el camino de la independencia nacional.

Lástima que una errada política en materia de efemérides desarrollada por el Frente Amplio enturbió en los últimos años la conmemoración de hitos históricos como el 25 de agosto. Todo comenzó cuando en su primer gobierno, Tabaré Vázquez buscó concentrar las celebraciones de las fiestas patrias en una sola, la del 19 de junio, aniversario del natalicio de José Artigas. Esa medida, vinculada al rótulo de "Nunca más" que buscaba reconciliar a civiles y militares, sólo provocó confusiones y malos entendidos desde que fue instaurada por decreto como "la única fecha conmemorativa por parte del gobierno nacional".

Un decreto resistido desde el principio por políticos e historiadores que ratificaron el arraigo del 25 de agosto, consolidado como el día de la independencia nacional, al igual que el 18 de julio, día de la primera Constitución. Aunque ambas fechas puedan discutirse y cada una de ellas reclute sus adictos, las respalda una tradición de casi dos siglos de celebraciones. Esa propuesta de ignorar de golpe, las dos clásicas efemérides y optar por una distinta, nunca prosperó y sigue siendo hasta hoy motivo de discusiones.

De esa manera, tras dos gobiernos de izquierda y muchas idas y venidas en torno al 19 de junio como fecha central, los festejos de las fechas patrias se tornaron ambiguos, desangelados y huérfanos del apoyo popular que otrora tuvieron. En ese proceso pesó la idea acuñada en ciertos sectores frentistas, de que las efemérides establecidas eran funcionales a los partidos tradicionales cuya existencia se remonta prácticamente a los comienzos mismos de la historia nacional. De ahí la tendencia a restarles trascendencia e incluso a eliminar símbolos patrios, como sucedió con el escudo nacional sustituido en el primer gobierno de Vázquez por un sol flamígero que aun pervive en los actos oficiales.

Prueba de la errada política frentista destinada a opacar las fiestas patrias es el intento de superponer actividades en esas jornadas de recordación. Así por ejemplo, entre los 365 días del año, justamente el 25 de agosto fue elegido para su consagración como el "Día del Comité de Base del Frente Amplio", con su consiguiente programa de actos, una forma inaudita de competir con la declaratoria de la independencia que hoy se conmemora. Lamentable pero cierto.

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