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El Uruguay pierde

Julio Bocca


@| En materia cultural musical el Uruguay hace tiempo que eligió perder. Y perder a lo grande.

A juzgar por las decisiones de las actuales autoridades culturales sólo cabe llegar a esa conclusión: se ha elegido perder y ha sido una elección a consciencia. No se puede decir que las pérdidas sean casuales o furtivas, no.

Estas últimas semanas se ha conocido la renuncia de Julio Bocca a la dirección del Ballet del Sodre. Se anuncia que seguirá ligado a la institución y con eso se busca menguar los efectos de la noticia en la opinión pública, pero es claro que sin su liderazgo y su determinación será complejo, cuando no imposible, mantener vivo el proyecto de calidad que inició al frente del cuerpo. Perdemos a Julio Bocca que en poco tiempo estará al frente de otra compañía en cualquier otro teatro del mundo.

Hoy perdemos a Bocca como perdimos Stefan Lano al frente de la Orquesta y lo sustituimos por otro director; o como dejamos ir al francés Lebel del Teatro Solís; o cómo antes habíamos perdido al chileno Toro que desarrolló conciertos increíbles cuando la orquesta no tenía todavía la nueva sala Adela Reta.

Hoy perdemos a Bocca como perdimos a la excelente María Julia Caamaño como directora del SODRE (por suerte ganada ahora para el Centro Cultural de Música) y como hace poco tiempo perdimos a Augusto Techera, lo más interesante como programador artístico que surgió en nuestro país en los últimos años, y que se formó con la Sra. Caamaño, y en quien el Teatro Colón puso sus ojos y se lo llevó, sólo porque acá nadie tuvo el coraje de darle la Dirección del Sodre para poner a Grieco primero y luego a desconocedores absolutos de lo que es un teatro como Halty (ex. director de Deporte de la IMM) y el recientemente dimitido Percovich.

El Uruguay pierde sistemáticamente. Pierde dejando que los mejores se vayan. Pierde por tomar decisiones equivocadas. Por poner por encima la politiquería, los acuerdos sindicales y la desidia, y por nombrar gente mediocre, no preparada para la gestión o simplemente personas faltas de ética.

El Uruguay pierde para desilusión de todos quienes alguna vez creímos que el Frente Amplio era el partido que se ocuparía con seriedad de las políticas culturales en nuestro país. Además de la desolación: ¿qué nos queda?

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