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Uruguay, otrora país admirado


@| Nación demográfica y territorialmente reducida, ha generado desde sus héroes, historia ilustre, ya que forjaron una patria valerosa e independiente.

La inmigración se afincó y defendió esta tierra como si hubiera nacido en ella. Las bondades que nos dispensó la geografía, pareció premiarnos, al no acontecer sismos ni otros fenómenos naturales perjudiciales, como sí sucede con otros países de la región.

Pero la Banda Oriental, en sus albores, necesito de un orden institucional, que permitiera desarrollar, la potencialidad de quienes en su mayoría emigraron de Europa, en busca de futuro venturoso, que les era esquivo en sus patrias.

Desde España e Italia, llegaban gran cantidad de barcos con familias completas a afincarse en nuestro país.

Constituida la República Oriental del Uruguay, los partidos fundacionales, Blanco y Colorado, ocuparonse de organizar el Estado. El amor inferido por quienes fueron precursores en la política de nuestro país, colaboró a formar la institucionalidad, priorizando al ser humano y su familia. Moral y Ética, simbolizaban principios inalienables e inexcusables, desde la educación y para todos los ciudadanos del país.

La confrontación también existió y hubieron etapas principistas en las que se derramó sangre muy valiosa. Hecho concreto, el abuelo de mi esposa, Eugenio Montiel Muniz, siendo muy joven, luchó en las huestes de Justino Muniz, de quien era familiar confrontando en las batallas de Aceguá y Arbolito, con el caudillo Aparicio Saravia y su ejército, en Arbolito murió Chiquito Saravia, hermano de Aparicio.

La clase política emergente de esas lides, comprendió que aun en discrepancia, el país estaba por encima de personalismos. Reconociendo la personalidad avasallante de José Batlle y Ordóñez, quien fuera generador de políticas sociales, que posicionaron a Uruguay en un lugar de avanzada en Latinoamérica. Él supo reconocer que el Partido Nacional dotado de grandes personalidades había conquistado su espacio defendiendo a la nación.

El siglo XX, en sus primeros cincuenta años, Uruguay había logrado bienestar en casi toda su población, ya que los pobres no eran marginales ni indigentes, debido a que la educación pública vareliana, laica, gratuita y obligatoria, formaba jóvenes capaces de aprovechar las oportunidades laborales existentes, la educación era un verdadero ascensor social, no por casualidad se nos mencionaba como la Suiza de América, enalteciendo los objetivos logrados por la clase política, instaurando principios éticos y morales que distinguian a nuestra Nación. Se reconoce la colaboración y aportes de pequeños partidos que se fueron incorporando a nuestra vida política.

No fue la providencia la que hizo de Uruguay, el país más laureado en fútbol del mundo desde 1924 a 1950.

Se debió a la organización inclusiva y en igualdad, generada desde los albores del siglo XX, que generaron el maravilloso país que nos legaron todos los partidos políticos, simbolizado en nuestra escuela pública de excelencia, donde en sus aulas se mezclaban hijos de empresarios y trabajadores, que compartiendo estudios y juegos evitaron las grietas sociales que vemos hoy día.

Hasta la aparición de los Tupamaros, que pretendiendo imitar a Fidel Castro en Cuba, quien hizo la revolución en contra de la tiránica dictadura de Fulgencio Batista, aquí se levantaron en armas contra la democracia, una democracia ejemplar con total libertad de expresión y pensamiento, libertad política con partidos de manifiesta raigambre marxista, compitiendo por los votos de los ciudadanos, sin embargo estos revolucionarios enfrentaron al gobierno constitucional y a la democracia. Confrontando a la juventud de la época, asimilando a estudiantes con consignas revolucionarias y adoctrinando, para robar, destruir a la democracia, impulsando el odio de clases y generando en esa lucha primero con la policía y luego con las fuerzas conjuntas, la más injustificada pérdida de vidas humanas, jóvenes estudiantes y jóvenes soldados, sin asumir hasta el día de hoy, su inmensa culpa de lo acontecido.

Nuestro país con el cóctel nefasto de tupas y militares insubordinados, fueron capaces de generar la mayor pobreza y marginalidad que aún soporta nuestro país. Y ahora desde el gobierno que ejercen con mayorías parlamentarias, no pueden acusar a la oposición de obstruccionismo, hicieron amistad y negocios con empresarios, transformaron en ricos burgueses a sus amigos, incumpliendo flagrantemente con todos sus postulados ideológicos, en lugar de reforma agraria extranjerizaron la tierra y alguno de ellos se hicieron terratenientes. Y de la corrupción mejor no hablemos. Este era un país ideal, que luego de que pasaran por el gobierno, podemos referir, fue al santo pepe.

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