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Saqueo de una ciudad


@|En Salto se producen al día de hoy tres robos por noche, entre las 3 y las 4 de la mañana. 

En una semana de produjeron 15 robos en negocios céntricos, con el modus operandi de destrozar puertas de blindex, entrar, robar y salir tranquilamente por la puerta, quedando todo filmado en las múltiples cámaras que los comerciantes colocan con la esperanza de trabajar para vivir. Trabajar para pagar además los impuestos que pagan, todos aquellos que trabajan con los papeles en orden... como ordena la ley.
Lo que no se ordena es la seguridad. 

Lo que no se legisla es la tranquilidad de los trabajadores de tener sus comercios para ganarse la vida dignamente.
Lo que no se legisla es qué hacer ante este tsunami, al que llaman “sensación térmica”. 

¿Quién repone las puertas de blindex? ¿Quién vuelve a abrir las puertas de su negocio con todos los productos del ramo al que se dedica?
¿Qué se está esperando? ¿No existen fuerzas de protección a la población ejercitando todo el día para posibles enfrentamientos bélicos, saliendo solamente para desfilar los 25 de Agosto, mostrando su potencial? ¿Para qué? 

¿Quién o quiénes son los responsables de la tranquilidad de una población de 120.000 habitantes que montan sus comercios con miles de dificultades, y con un drenaje continuo de impuestos a una gestión que no los utiliza para garantizar la seguridad? ¿Estamos esperando robos con asesinatos? ¿Qué pasaría si se patrulla una ciudad con el fin de asegurar la tranquilidad de quienes optan por el trabajo como una forma de mantener su familia, con problemas tales como salarios que no llegan a la mitad de la canasta básica?

Debemos tirar la toalla y ser una población mantenida por un Estado que mantiene una brecha inmensa entre salarios públicos (léase diputados y docentes), ante la mirada vacía de quienes observamos cada vez más publicidad de financieras y préstamos, que avisos de fuentes de trabajo.
Otra cosa sería, quizás, si recibieran subsidios cada uno de los comerciantes robados. 

Si no es solucionable a nivel departamental, debería acudirse a todos aquellos representantes gubernamentales salteños, a los cuales les pagamos un salario de más de 100.000 pesos, no ya para que presenten proyectos, sino para que tomen decisiones urgentes. 

¡Salto está siendo saqueado! 

Quizás también pase en otras ciudades, pero eso no es consuelo ni resignación. 

Se debe hacer algo. Se deben tomar medidas, en un radio de 5 cuadras céntricas. 

Mientras se producen reuniones de todo tipo y color, cada trabajador que tiene montado un comercio cumpliendo con todo lo que solicita el gobierno, espera un llamado que le comunique el robo y destrucción de su fuente laboral. 

¿Cuál es el límite al que hay que llegar para eliminar semejante situación? No todo empieza y termina en la educación. 

Gestores municipales, nacionales, fuerzas vivas del departamento, encargados de la seguridad de una ciudad que debe trabajar para mantenerse, como corresponde. Por otra parte... ¡hagan algo muchachos para eso les pagamos a través de los impuestos obligatorios! 

Una ciudad saqueada... da miedo. Sí, da miedo.

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