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Pena de muerte


@| Cuando suceden algunos hechos de extrema violencia, como los que han ocurrido en los últimos días, particularmente aquellos dirigidos contra ancianos o niños, es inevitable que algunos hablen de instaurar la pena de muerte. 

Puede llegar a entenderse teniendo en cuenta que son expresiones generadas desde la rabia, la impotencia, desde el no poder entender cómo alguien que se supone humano pueda llegar a cometer, con tanta saña, crímenes que el común de los mortales no podrán entender jamás. 

Personalmente creo que llegado el caso hipotético de tener que tomar la pena de muerte como una alternativa válida, pocos, muy pocos, poquísimos aceptarían la misma como tal. Somos seres humanos, pensantes, y por tanto con conceptos morales y filosóficos que nos impedirían pensar en una solución de este tipo. 

Otra cosa muy distinta es el concepto que cada uno de nosotros tenemos respecto a las penas que deberían aplicarse. 

La cárcel. El origen de las cárceles se pierde en la noche de los tiempos, pues surgen a partir de la necesidad de poner a buen recaudo aquellos que eran considerados enemigos del Estado. La literatura abunda en incontables ejemplos de cárceles inexpugnables cuyo cometido específico era separar totalmente de la sociedad a quienes ésta considerara sus enemigos. 

En tiempos más actuales, surgen teorías respecto a la utilización de los lugares de reclusión, no sólo como tales, sino como lugares donde se pueden iniciar tareas de reinserción en la sociedad de ciertos reclusos que, arrepentidos, puedan volver a convivir en sociedad. 

Los que tenemos algunos años recordamos el término “reformatorio” como aquel lugar de reclusión destinado a iniciar tareas de educación y reformulación de principios, particularmente orientado a menores de edad.
El problema surge cuando desde ciertos ámbitos se pretende sustituir la función principal de la cárcel, la de separar de la sociedad a quienes representan un peligro para ella, para transformarla en lugares de enseñanza y reinserción, cuando hay en ellas una importante población de reclusos que no están dispuestos ni a aprender, mucho menos a arrepentirse. Y que una vez en la calle volverán a delinquir cada vez con más violencia y con más impunidad. 

Personalmente creo que quien clava 20 veces un puñal en el cuello de una anciana, quien le pega varios tiros a otra por gusto nomás, quien viola a un niño no tiene absolutamente ninguna posibilidad de reformarse, y por lo tanto, debe ser encarcelado de por vida, en las condiciones más duras, sin derechos de ningún tipo. Y en un régimen de trabajo que permita, por lo menos, su auto sustento y que no deba ser la sociedad quien los mantenga.

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