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Merecido homenaje

Obdulio Varela


@| Acabo de leer la nota que Antonio Pippo escribió para Ovación sobre el centenario del nacimiento de Obdulio Varela y, con profunda emoción, me apresuro a agradecerle a vuestro periódico esa publicación.

Y me apresuro a expresar este reconocimiento, porque es de la autoría de un excelente escritor y periodista. En mi modesta opinión, su novela “Jazmín de noviembre” es la mejor que se ha escrito en nuestro país en las últimas décadas, pero además, Pippo, tuvo el privilegio de entrevistar al Negro Jefe y lograr, con la ayuda de la esposa de éste, un excepcional reportaje que luego vertió en su libro “Obdulio desde el alma”.

Porque yo soy de una generación que podía decir, sin duda de clase alguna, que “como el Uruguay no hay”. Soy de los tiempos de una democracia plena, donde se respetaban los valores, en la que la corrupción era insignificante, no existía el narcotráfico y era tan escasa la delincuencia que, en algunos barrios, los vecinos no teníamos necesidad de cerrar con llave las puertas de nuestras casas.

Porque, en esa adorada y añorada juventud, nos llenábamos la boca, recordando los triunfos de la celeste en las Olimpiadas de Colombes y Amsterdam, el campeonato Mundial de Montevideo de 1930 y la hazaña de Maracaná de 1950, que tuvo en Obdulio Varela al líder y principal responsable de esa inolvidable victoria. Pero, el Uruguay de entonces, también, era el país que había obtenido más campeonatos sudamericanos de fútbol, que había sido medalla de bronce en baloncesto en los juegos olímpicos de Helsinski de 1952 y Melbourne 1956, que tenía a un remero que había obtenido medalla de plata en los juegos olímpicos de Londres de 1948, a un vice campeón mundial de ciclismo y a tres campeones mundiales de pelota vasca .

Porque este pequeño país, que en aquel entonces tenía una población de menos de tres millones de habitantes, había adquirido un prestigio internacional sorprendente con personalidades de la cultura como Onetti, Vaz Ferreira, Hernández, Quiroga, Rodó, Benedetti, Real de Azúa, del Derecho, como Justino y Eduardo Jímenez de Aréchaga, Enrique Sayagués Laso, Quintín Alfonsín, Eduardo Couture, Miguel U. Rocca y Rodolfo Mezzera Álvarez, en la Medicina con personalidades como las de Bado, Caldeyro, Tálice, Morquio, Rodríguez Barrios, Chifflet, García Capurro, Visca y tantos otros y así en otras especialidades que sería muy extenso señalar.

En ese Uruguay tan querido y añorado, ocupó un lugar muy importante Obdulio Varela, porque nos inculcó la idea de que los uruguayos podemos, con garra, coraje y talento, superar las circunstancias más adversas. Dios quiera que ese mítico pensamiento, sea una idea fuerza que nos permita combatir con éxito la triste coyuntura que vive nuestra Patria, en la que es tremendamente preocupante la crisis en la educación y donde campea la corrupción, la pérdida de los valores, la delincuencia y el consumismo.

Quizás, el Negro Jefe pueda inspirar el esfuerzo de todos para poder legarle, a nuestros hijos y nietos, el país que heredamos de nuestros padres...

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