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La industria lechera


@| No soy tambero, ni ganadero, ni agricultor; soy un ciudadano, fui dirigente gremial bancario desde 1960, hoy jubilado, que cree en el país y que se rebela frente a la insensibilidad de actores gremiales, patronales y obreros en hechos ya reiterativos aplicando medidas drásticas, que sólo se arreglan dialogando, elemento fundamental de una democracia en la que vivimos y debemos proteger.

He convivido años con productores vinculados al tambo y puedo decir que quien conoce todas las etapas y vicisitudes de los tamberos y sus empleados fundamentalmente, sabe de los sacrificios que conlleva la producción de la leche. 

Enumero lo fundamental de la primera etapa extractiva. 

La cuidadosa selección de las vacas para la mejor producción y el manejo de las recrías con obligatoriedad de concretar dos extracciones diarias so pena de sacrificar a los animales. Comienzan sus jornadas a las 3 ó 4 de la madrugada y prácticamente sin descanso los 365 días del año. Llueva, truene o relampaguee realizan el movimiento de los vacunos, desde las praderas hasta el establecimiento para la extracción y vuelta a la pradera y así sucesivamente todos los días. 

La preparación de las tierras con la eliminación de rastrojos, siembra de pasturas y forrajes y la dulce espera, para que germinen las plantaciones soportando las inclemencias del tiempo y preparar los forrajes para el alimentar en invierno, son tareas fundamentales. 

El capital invertido: campo, galpones, maquinarias extractivas, tanques de refrigeración y como si fuera poco, los elementos para mantener la higiene en la limpieza y salud de los vacunos, para llegar en forma al laboratorio y no tener disminuciones en la paga del producto enviado a la empresa receptora, en este caso Conaprole, por este alimento tan maravilloso.  

Esta es la síntesis de las tareas, que de simples no tienen nada, para obtener la leche y sus derivados, dulces, yogures, quesos, etc. que nos llegan para el consumo a diario. No olvidemos que se trata de un producto muy perecedero y tiene que ser enviado diariamente y totalmente refrigerado a la planta de elaboración. 

Le decía a un amigo productor lechero que el tambo es la industria que más sacrificios demanda, difícil de dirigir y con una rentabilidad totalmente insuficiente. 

¿Saben cómo terminó y terminan estas historias? Con el abandono de la lechería, convirtiéndose en ganaderos. 

Por otro lado, y para completar el proceso está la planta elaboradora. Son necesarios los exámenes de laboratorio, clasificación, industrialización, envasado y posterior envío a los comercios para su venta y para su consumo. 

No descarto los procesos finales, pero debemos reconocer que en materia de sacrificios la comparación de dichas tareas, tamberos y Conaprole, hay una diferencia abismal. En el campo se trabaja muy duro y a la intemperie, lo que no ocurre en una fábrica. 

Por eso cuando escucho conflictos y paros en la finalización de las etapas se me eriza el cuerpo, pensando en lo sensible de ese producto tan necesario, fundamentalmente en la niñez y enfermos, y que los mayores consumimos de distintas formas. 

Me entristece la indiferencia demostrada en oportunidades de quienes dan el puntillazo final, para que llegue a sus destinatarios el producto, que luego de tantos esfuerzos, luego de tanta inversión y trabajo, del desgaste de los animales y a un precio que ni por asomo, muchas veces no cubre los costos de los tamberos, que los obligan a endeudarse constantemente, viven haciendo pininos para mantener sus fuentes de trabajo. 

Me pregunto si quienes intervienen en las últimas etapas se animarían a trabajar en un tambo reconociendo en vivo y en directo el trabajo de los operarios del campo, expuestos a todas las inclemencias.  

Antes de adoptar unas medidas tan severas de paro, se debería reflexionar a consciencia por lo delicado y perecedero del producto que elaboran, buscando siempre el diálogo para la solución del conflicto y en última instancia recurriendo a la intervención de los organismos laborales, que deben actuar en forma inmediata (Ministerio, Pit Cnt) y escuchar el clamor de la opinión pública y frenar los enfrentamientos que no tienen razón de ser en todas las empresas privadas o públicas, olvidándose que hay ciudadanos que pagan las consecuencias.  

A buen entendedor, no más palabras.

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