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El tan esquivo bilingüismo

Enseñanza del inglés


@| Debido a diversas razones de beneficio social y económico, desde hace muchas décadas una inmensa cantidad de gobiernos del mundo anhelan fervientemente que sus ciudadanos puedan llegar a comunicarse siquiera en otra lengua, fuera de la vernácula. En la gran mayoría de los casos, ese otro idioma es el inglés, que abarca no menos de 75% de lo que aparece en internet, el medio de comunicación más importante actualmente en la faz de la Tierra.

Sin embargo, y a pesar de lo contundente de este factor, se ha tenido que enfrentar la barrera más insalvable, aparentemente. Se trata de la destreza más importante, y al mismo tiempo la menos practicada por quienes ejercen la noble labor de difundir el correspondiente conocimiento, lo cual ha creado dificultades y generado falsas expectativas en la adecuada competencia.

Esto ha hecho que quienes -en ocasiones con tremendos sacrificios de tiempo y economía- logran terminar sus cursos, se sientan frustrados, ya que al tratar de poner en práctica lo aprendido, encuentran que no es lo suficientemente efectivo y, como consecuencia, no llegan a hacerse entender ni a comprender lo que les dicen. Esta situación es común, luego de innumerables horas de repetición como loros de lo que, la gran mayoría de las veces, el instructor no hace con la debida propiedad.

Se ha ensayado toda clase de metodologías, otras se han revaluado, y los resultados siguen siendo los mismos: decepcionantes.

También se ha insistido en aplicar la técnica de adquisición de una lengua extranjera como se llega a la materna, didáctica errada, pues los hispanohablantes tenemos la invaluable ventaja de que el español es, tal vez, la segunda lengua más fonética del mundo, lo que quiere decir que pronunciamos lo que escribimos y escribimos lo que pronunciamos. Esto es contrario del inglés, que no tiene relación alguna entre lo que se escribe y lo que se pronuncia.

Lo anterior obliga a apelar a un auxiliar llamado fonética, que conduce a la producción exacta y fiel de los sonidos, no solo del inglés, sino los de cualquier otro idioma. Mientras no se difunda este recurso, JAMÁS podremos hablar de bilingüismo.

En resumen, es imposible tratar de ser competente en una lengua –el inglés, que tiene 40 sonidos- con los 27 de nuestro español: tenemos que aprender 13 sonidos extraños.

Continuamente se celebran congresos de bilingüismo completamente inefectivos, pues los participantes siempre son los mismos y no demuestran cambios convincentes.

Otro factor falaz cristalizado es pensar que los docentes nativos son la solución, cuando la mayoría de ellos no son pedagogos.
En la orilla opuesta, reflexionemos si usted, amable lector cuya lengua nativa es el español, está en condiciones de dar una clase de su lengua a un niño o a un extranjero. Probablemente no, porque tal vez desconoce conceptos como conjugación, concordancias y muchos otros, esenciales para transmitir esos conocimientos.

Por lo investigado, esta situación es común a todos los países de habla hispana, incluida España.

El aprendizaje del inglés es mucho más fácil que el español para cualquier extranjero, ya que, como el eje de comunicación es el verbo, es muy sencillo en el primero.

Nuestros países se están convirtiendo en importantes polos de turismo, pero los viajeros no encuentran quiénes los atiendan, por lo cual están reconsiderando su venida a estos países.
En urbes como Ciudad de México, Buenos Aires, Bogotá, etc., se necesitan muchos taxistas que se desenvuelvan en inglés, lo que, además les genera ingresos extras, por buen servicio, pero la triste realidad es que escasean.

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