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Educación o subdesarrollo


@| ¿Queremos que Uruguay sea un país desarrollado, o preferimos vegetar en la cómoda inercia de la mediocridad? Si asumimos el desafío, necesariamente debemos transformar la educación. Es indispensable. No suficiente, pero sí imprescindible. En un tiempo, a principios del siglo XX, nuestro país estaba entre los primeros 10 lugares en el mundo en ingreso per cápita (llegó a ser el 5to o 6to). ¿Le agradaría vivir en un Uruguay con el triple o cuádruple del ingreso que el actual? ¿Le gustaría a Ud. ganar tres o cuatro veces más de lo que gana?

La clave de todo está fundamentalmente en la educación. La educación cuando es útil y eficaz, desarrolla las capacidades, habilidades y destrezas que los pueblos necesitan, para afrontar los crecientes y cambiantes desafíos. Acrecienta además los stocks de conocimientos e inteligencia de regiones y países, lo que facilita la innovación y creatividad de sus habitantes. Lo que redunda en un mejor nivel de ingresos, crecimiento económico y desarrollo social. ¿Está nuestro sistema educativo sirviendo para esto? La respuesta es no, entonces, ¿qué esperamos para cambiarlo?
Todos los estudios y diagnósticos apuntan a que el problema es sistémico, por tanto no podemos andar con medias tintas. Quienes gobiernan el sistema, sean corporaciones y gremios universitarios, sean gremios docentes y delegados políticos, utilizando cada vez más recursos, han venido obteniendo los mismos o peores resultados. En general tendemos a percibir la problemática de la enseñanza, como algo exclusivo de los docentes. Si cada familia, cada estudiante, pudiera decidir adonde dirigir sus recursos, que centro educativo y cuales docentes financiar, que contenidos estudiar, que competencias, habilidades y destrezas estiman convenientes desarrollar, otros serían los resultados.

Pasemos entonces, de financiar las actuales estructuras que determinan la oferta educativa, a empoderar la demanda. Así cada familia, cada estudiante, tendrá la posibilidad y la responsabilidad de elegir la enseñanza y los maestros y profesores que más les satisfagan. También los docentes tendrán nuevos incentivos, y bregarán por retener a los estudiantes, e incluso, por volver a captar e incluir a aquellos que hayan abandonado. De esa forma se estimulará y aumentará la inclusión educativa, mejoraremos las capacidades, destrezas, competencias y aptitudes de nuestros estudiantes, técnicos y profesionales. Todo lo que impulsará a nuestro país al logro de mayores niveles de prosperidad y desarrollo económico, de progreso social y evolución cultural. La alternativa es clara: cambiamos la enseñanza o todo sigue como está.

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