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Discriminación

Mancos famosos en el deporte


@|Hace días, en un partido de la Segunda División Amateur entre los equipos de Rocha F.C. y Platense, el jugador del primero, Matías Dutour, fue injustamente discriminado por un hincha del equipo contrario, por la mera circunstancia de ser “manco”.

Según trascendiera, esta circunstancia no le ha impedido a Matías llevar adelante el mismo deseo de muchos otros jóvenes: ser futbolista. Y así, desde chico jugó primero en varios clubes del interior, luego en las formativas de Nacional, hasta llegar al club del interior que actualmente defiende. Tampoco esa condición le ha dificultado para desempeñarse tanto en la vida como en la cancha: “Desde chico aprendí a vivir así”. Sin embargo, un inadaptado social se dedicó desde la tribuna a perturbar insistentemente a Matías con gritos hostiles: “Manco es lo más suave que me dijo”.

Como es lógico -al trascender el hecho, por boca del propio Dutour- hubo un generalizado repudio al ofensor, al tiempo que una saludable andanada de voces de respaldo al chico agraviado; entre ellas, la del mismo Luis Suárez desde Barcelona.

Sumándome a estas manifestaciones, propongo referirme a otros casos de deportistas que han debido afrontar una similar condición a la de Matías, lo que no les impidió desempeñarse, exitosamente, en el ámbito que habían elegido. Lógicamente, el más recordado es el de Héctor Castro, quien en una época gloriosa de nuestro fútbol mereció, por la calidad de su juego, el apodo de el “Divino manco”. Con 13 años de edad –trabajando junto a su padre con una sierra eléctrica- sufrió un corte de tal magnitud que debió amputársele una de sus manos. Pese a ello, el “Manco” Castro –así se le conocía- desarrolló una notable carrera futbolística, fundamentalmente en Nacional y asimismo en el “Combinado” (así se le llamaba entonces) uruguayo, integrando el equipo Campeón Olímpico en Amsterdam en 1928, y luego el Campeón del Mundo en nuestro país en 1930.

Pero el caso de Héctor Castro no fue el único. Más cerca en el tiempo, otro “manco” –pero en Argentina- despertó la curiosidad y admiración de los aficionados al fútbol. Se llamaba Victorio Casa.

En 1965, a los 20 años, cuando ya se destacaba en las divisiones formativas de San Lorenzo de Almagro, en una de esas “salidas nocturnas” propias de su edad, desoyó una “voz de alto” en una zona militar prohibida, recibiendo una descarga de ametralladora que le provocó heridas de tal magnitud que debió amputársele uno de sus brazos. Se pensó que ello le cortaría su carrera, pero Victorio se recuperó rápidamente y un tiempo después regresó a las canchas, llegando luego a alternar en una recordada delantera del equipo azulgrana (junto a Doval y el “Bambino” Veira), destacándose por su gran habilidad.

Pero seguramente el caso más singular sea el de Gualberto Rodríguez. Aunque le faltaba la mano derecha, igualmente pudo desarrollar una destacada trayectoria deportiva; aunque no en el fútbol, sino sorprendentemente… ¡en el basquetbol!

El “Manco” Rodríguez (como se le conocía) llegó a ser Campeón Federal en Aguada en 1948. Cuentan que picaba y tiraba al aro, lógicamente con la mano zurda, pero que acomodaba, hábilmente, la pelota con el “muñón” de la otra mano, del que se valía también para marcar muy duramente a sus ocasionales rivales.

Sirvan, pues, estos ejemplos para que el joven Matías Dutour, inspirándose en ellos, pueda superar este especial momento, confiado de que no habrá nada (menos aún, un soez insulto desde la tribuna) que pueda impedirle continuar exitosamente en el sendero que se ha trazado dentro del fútbol.

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