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Discriminación


@|Otra vez la vergüenza que va más allá de las leyes y de lo que se dice (aunque no se lo siente en el fondo) de que no existe ningún prejuicio real.
En vez de estrellas pegadas en la ropa, en este caso del Banco de Seguros son círculos; y en vez de amarillas, rojas. 

¿Qué hubiera pasado en gremios y partidos si la discriminación fuera en una empresa privada? Hubieran estallado proclamas y manifestaciones de gremios y agrupaciones. Pero como se trata de empresa y funcionarios públicos, alcanza con una disculpa. Sólo les faltaba decir “tengo un amigo negro”. Y no se nos hable “del porcentaje obligatorio de ingresos”, porque se podía haber calculado con un método más humano. Es que todavía hay prejuicios en la realidad que la sociedad uruguaya tiene subliminalmente, aunque no se quiera ser sinceros. 

Ejemplos al azar, entre empleos que no se precisa años de preparación: ¿cuántos negros hay como camareros en los bares, confiterías y restaurantes de Montevideo? (¿La discriminación es de los dueños o de los clientes?). ¿Cuántos choferes de taxi hay? (Idéntica pregunta). ¿Cuántas peluqueras? (Ídem). ¿Cuántas veces hemos escuchado negros y judíos que se nos dice que no somos discriminados, pero sentimos que no se nos acepta como iguales? 

Eso va no sólo contra las leyes uruguayas sino también contra la filosofía liberal y lo que manifiesta el Vaticano. 

Quizás convenga repasar las palabras del Dr. Julio María Sanguinetti sobre el gran intelectual y pintor Pedro Figari: “Pintando negros quiso mostrar la universalidad del alma humana, única y singular, más allá de razas y condiciones sociales. El negro fue el pretexto para revelar que lo diferente en apariencia es esencialmente idéntico”.

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