Washington Beltrán
Washington Beltrán

El regreso blanco a Maldonado

El Partido Nacional tuvo una ajustada pero clara victoria en Maldonado y desalojó de la comuna fernandina al Frente Amplio luego de 10 años de gobierno departamental.

El Partido Nacional tuvo una ajustada pero clara victoria en Maldonado y desalojó de la comuna fernandina al Frente Amplio luego de 10 años de gobierno departamental.

De poco sirvieron el intenso desfile y el esfuerzo de ministros e incluso del expresidente José Mujica que procuraron influir en una elección que en los papeles figuraba como “peleada”. Maldonado, considerado la “joya de la corona”, por sus inversiones, sus playas y la más importante presencia turística del país, quedó en manos de Enrique Antía, que de esta manera vuelve al cargo. La definición en este departamento fue, sin lugar a dudas, el punto alto en los desenlaces municipales, en la última jornada del ciclo electoral iniciado el año pasado, el 1° de junio, con las internas partidarias.

Volvió a repetirse el fenómeno de que las elecciones nacionales tienen escaso “efecto de arrastre” en las departamentales. Son 18 elecciones diferentes (Montevideo es un caso aparte), donde se premia o se castiga a una gestión. En lugares donde el FA había obtenido mayoría (caso del imprevisto Cerro Largo), el Partido Nacional recuperó su supremacía, en una clara señal de que son diferentes los valores que están en juego entre una elección y otra, y que la separación en el tiempo de ambas, permite al elector reflexionar y elegir con absoluta independencia. Los temas municipales no son los nacionales y eso en el interior del país los ciudadanos, convertidos en vecinos, lo tienen muy claro. Para Intendente, la sabiduría del Interior privilegia primero al candidato y luego al Partido.

Si su gestión fue buena será reelecto y si constitucionalmente no puede serlo, se optará por alguien muy cercano a él, que haya integrado su equipo. Si en cambio su gestión fue mala, se buscará a quien le abra la puerta para que se vaya y ocupe su lugar aquél que los vecinos ven, por sus características personales, como mejor administrador del departamento.

Y en este comparativo de gestiones municipales, el triunfador volvió a ser el Partido Nacional. Aguantó los coletazos del efecto arrastre del Frente Amplio con el triunfo de Tabaré Vázquez y no prestó atención al desfile de ministros de todas las carteras, por las distintas ciudades. Y dentro del Partido Nacional, el sector de Alianza Nacional fue el que obtuvo la mayoría de las intendencias.

En Montevideo, un departamento ideologizado que se rige por otros parámetros a la hora de elegir sus autoridades, no hubo sorpresas. Más allá del penoso estado de la ciudad, habrá Frente Amplio por cinco años más y llegará a 30 en su gobierno de la capital. Para ello, el FA se limitó a no cometer los errores de hace cinco años. Enterró el dogma del candidato único y presentó tres postulantes con perfiles y líneas políticas disímiles: una izquierda cercana al Frente Líber Seregni personificada en Daniel Martínez, la continuidad del MPP en cargos ejecutivos de trascendencia con Lucía Topolansky y el sector más radical de Virginia Cardoso (PVP). Desaparecieron casi los votos en blanco de 2010 y se aseguró una sólida mayoría, con un triunfo inesperadamente contundente de Daniel Martínez que arrasó a Topolansky y dejó desairado a su mentor, el expresidente José Mujica. Lo de Martínez fue el premio a un intenso trabajo que desplegó en Montevideo en los últimos años y que su Partido se lo respetó y supo aprovecharlo.

La Concertación no cambió mucho el panorama de la oposición. Privada, por problemas internos de los partidos tradicionales, de la presencia de sus candidatos naturales o con mayor chance de conducirla al triunfo (el colorado Ney Castillo y, sobre todo, el nacionalista Jorge Gandini), reunió más o menos los mismos votos que en el 2010 habían acumulado los candidatos blancos y colorados por separado.

Pero no fueron para a esos lemas sino que se volcaron a un outsider que sacudió y, por momentos, dio color a una monótona campaña, como fue Edgardo Novick. Incluso la votación personal que obtuvo el debutante fue superior a la que alcanzó la senadora Topolansky. Mérito grande de Novick y castigo para los Partidos Tradicionales que, más allá del esfuerzo de sus candidatos, no supieron recoger el guante del desafío que significaba la capital y la entregaron mansamente, otra vez, al FA. Si se hace siempre lo mismo, no se puede esperar obtener resultados distintos. Si las cosas se hacen mal, no se puede pretender que los resultados sean buenos.

Solo cabe trasmitir las más cálidas felicitaciones a los vencedores y el deseo ferviente de que estén a la altura de los altos cargos que ocuparán. Buena suerte.

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