Washington Beltrán
Washington Beltrán

Las “pastillas” de Mujica

A principios de noviembre (del año pasado) y ya cuando Pluna era un cascote en el zapato del gobierno, el presidente Mujica quiso quitarle trascendencia al asunto con frases que se podrían calificar, por lo menos, de poco felices: “Pluna es un problema que no existe para la mayoría de la gente (…). Es probable que menos del 1% de la gente de este país viaje con cierta regularidad en aviones. (…). Las idas y venidas en Pluna se transformaron en la razón de la existencia de los medios de información, que tienden a construir una imagen que poco tiene que ver con lo que es la realidad”. Lo que el Presidente no entendía —parece que ahora sí entendió— era que en el tema Pluna lo que estaba en juego era un manejo caprichoso, irresponsable y arbitrario de dineros que aportaban todos los ciudadanos a través de sus impuestos y no, exclusivamente, aquellos que viajaban por Pluna. Porque a Pluna la manteníamos todos —da la impresión que la seguimos manteniendo— y bastante carita nos salió.

A principios de noviembre (del año pasado) y ya cuando Pluna era un cascote en el zapato del gobierno, el presidente Mujica quiso quitarle trascendencia al asunto con frases que se podrían calificar, por lo menos, de poco felices: “Pluna es un problema que no existe para la mayoría de la gente (…). Es probable que menos del 1% de la gente de este país viaje con cierta regularidad en aviones. (…). Las idas y venidas en Pluna se transformaron en la razón de la existencia de los medios de información, que tienden a construir una imagen que poco tiene que ver con lo que es la realidad”. Lo que el Presidente no entendía —parece que ahora sí entendió— era que en el tema Pluna lo que estaba en juego era un manejo caprichoso, irresponsable y arbitrario de dineros que aportaban todos los ciudadanos a través de sus impuestos y no, exclusivamente, aquellos que viajaban por Pluna. Porque a Pluna la manteníamos todos —da la impresión que la seguimos manteniendo— y bastante carita nos salió.

Y si tan poco importaba ¿para qué toda la teatralización que se ocupó de montar su gobierno con subastas, inversores truchos, avales ídem y panegíricos conmovedores del ministro Pintado sobre responsabilidad, transparencia y defensa de los intereses del Estado, cuando nada menos que “el caballero de la derecha” levantó la mano para ofrecer 137 millones por los siete aviones? ¿Qué necesidad de querer hacernos “comer la pastilla” (frase que ha empleado varias veces el Presidente para describir al abogado Olivera García que asesoró el gobierno en este episodio) si tan poco interesa?

La verdad, es que “la pastilla” nos la quisieron hacer comer dos veces: la primera con un memorable circo que encabezó el entonces presidente Tabaré Vázquez, secundado por sus ministros Danilo Astori y Víctor Rossi cuando “vendieron” Pluna a Leadgate, pero el estado se ofreció “generosamente” de garantía soberana de todas las adquisiciones que hizo el comprador. Un espanto de negocio, que no registra antecedentes en el sistema planetario, que toda la bancada de legisladores del Frente Amplio, desde el primero al último, defendió con su voto heroicamente y que terminó —pese a que Pluna no importaba a nadie— con una denuncia penal de toda la bancada de senadores del Partido Nacional y los jerarcas de Leadgate procesados. Parece que a la Justicia, máximo bastión de los derechos de los ciudadanos, sí le importó.

La segunda vez fue el propio Mujica quien quiso hacernos comer “la pastilla” con la ley de liquidación de Pluna (aprobada por toda la bancada del FA) la creación del fideicomiso (inconstitucional) y la formidable fantochada de la subasta, donde tuvo un protagonismo especial un aval que dio el principal Banco oficial del país, en condiciones que tampoco tiene antecedentes en el sistema planetario. El protagonismo en este caso fue para el presidente Mujica, el vicepresidente Astori, los ministros Lorenzo y Pintado y el presidente del Banco de la República. No se puede olvidar —¿habrá sido simple coincidencia?— que desde el 1 de noviembre de 2010 hasta el 31 de marzo de 2012 (dos meses antes del cierre de la aerolínea) se desempeñó como gerente general de Pluna, el ex ministro de Industrias y ex embajador en Francia del gobierno de Vázquez, Jorge Lepra, que será citado por la justicia —según consigna “Caras y Caretas”— junto a los ex directores de Pluna Ente Autónomo “entre 2007 y 2010”, Carlos Bouzas (presidente), Carlos Galcerán y Juan Trinchitella. Si bien para Mujica “el problema no existe”, el fiscal del Crimen Organizado, Juan Gómez, solicitó el procesamiento de su ministro de Economía y del presidente del Banco de la República y el senador Rafael Michelini se lanzó en una desesperada cruzada para derogar el delito tipificado en el Código Penal, como si en este gobierno rigiera la flagrante desigualdad de que hay leyes para unos y leyes para otros.

No tenemos dudas de que todo el tema Pluna va a ser un elemento muy importante en la campaña electoral de este año y si Mujica piensa lo contrario —como se desprende de sus palabras aunque, obviamente, no son definitivas— es porque no va a ser candidato y no tendrá que salir públicamente a explicar y defender lo actuado por él, sus antecesores y todo el Frente Amplio. El problema será para Vázquez si gana la interna, pero ya se ha apresurado a anunciar que no está dispuesto a polemizar con nadie. Le sobra razón porque a nadie le gusta perder por goleada.
En la misma situación están los diputados y senadores del FA que dieron su total y absoluto respaldo a lo actuado por el gobierno, pese a las fundadas interpelaciones que llevó adelante tres veces el senador Carlos Moreira. Jamás consideraron necesario crear una comisión investigadora a nivel parlamentario para saber si había responsabilidades políticas en torno a lo actuado. Ahora tendrán que explicar, al pueblo por lo menos, qué hacían en sus bancas mientras se presentaban graves denuncias, porqué votaron lo que votaron, porqué apoyaron lo que apoyaron y porqué hubo gente procesada en estos episodios sin que ninguno de ellos hubiera dado una sola voz de advertencia. Todos los legisladores del Frente Amplio son políticamente responsables de lo que ocurrió.

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