Washington Beltrán
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El informe Almagro

El informe (132 páginas) del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro para activar la Carta Democrática a la Venezuela de Nicolás Maduro, es lapidario. Y no vamos a hacer hincapié fundamental en la larga lista de cargos que se le imputan por apartamientos a normas y principios democráticos, avasallamiento de las instituciones, derechos y garantías conculcados con inclusión de presos políticos, de aquellos que han sido privados de su libertad por pensar distinto y defender sus ideas.

El informe (132 páginas) del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro para activar la Carta Democrática a la Venezuela de Nicolás Maduro, es lapidario. Y no vamos a hacer hincapié fundamental en la larga lista de cargos que se le imputan por apartamientos a normas y principios democráticos, avasallamiento de las instituciones, derechos y garantías conculcados con inclusión de presos políticos, de aquellos que han sido privados de su libertad por pensar distinto y defender sus ideas.

Ya hemos hablado muchas veces de ello y, siendo actos gravísimos propios de una tiranuelo de quinta (escaso de luces además), quedan relegados desde un punto de vista humanitario apenas se observan las condiciones de sobrevivencia y las penurias a que están condenados todos los venezolanos, con exclusión obviamente de los militares, los compinches y los obsecuentes del poder. Veamos solo tres temas, incluidos en el Informe: seguridad, alimentación y medicamentos-salud. Pero antes una precisión: el dólar oficial -al que solo accede el Estado y los autorizados por el Estado- está a 6.3 bolívares; el dólar paralelo a 982.27 bolívares, lo que explica mucho de los que pasa en Venezuela.

-Seguridad. En Venezuela la vida vale muy poco, caminar de noche (sobre todo en Caracas) es casi suicida y la inseguridad se expande por todos los rincones del país. En Uruguay (población 3 millones) estamos alarmados por el alza del número de homicidios que se registra año a año. En 2015 fueron 293, lo que significa 8,9 cada 100.000 habitantes y nos ubica por encima de Nueva York, Chicago o Madrid. En Venezuela (población 30 millones) el número de homicidios en 2015 fue 27.875 (según el Observatorio Venezolano de Violencia), que recoge los datos de criminalidad de siete diferentes universidades en todo el país, porque no hay datos oficiales, lo que arroja 90 personas asesinadas cada 100.000.

Sobre secuestros y rapiñas (“Robo con Violencia”) como se le llama en Venezuela) no hay cifras ni estadísticas.

A esto debe sumarse el impacto de las grandes bandas delictivas, que ejercen control territorial y aseguran su impunidad. Luis José Nieto, en una columna del semanario “Voces”, describía como “El gobierno de Venezuela actúa como si fuese un coto de caza privado, dando patente de corso a elementos marginales, que actúan por fuera de la ley, como es el caso de los llamados Colectivos. Los Colectivos son bandas de adeptos al régimen, financiadas y armadas por el gobierno, para actuar al margen de la ley, de modo tal que puedan quitarle responsabilidad a las fuerzas de la policía. En Venezuela, el 95% de los crímenes no se aclaran, lo que da una idea del grado de impunidad con que cuentan los Colectivos”.

-Alimentación. El índice de escasez de algunos productos de la canasta familiar supera el 90%; en la red estatal (Mercal) es del 80% mientras que en la “red informal” cae al 38,7%. Los venezolanos hacen largas colas (son bastante habituales las que superan las 12 horas) para comprar alimentos y ello ha repercutido incluso en el ausentismo escolar (creció un 18%) porque los niños -sobre todo en los sectores de bajos recursos- son obligados a la búsqueda de alimentos. “No es sorprendente -apunta el Informe- que en 2016 hayan empezado una serie de violentos saqueos de tiendas y supermercados. Entre enero y febrero, el Observatorio Venezolano contabilizó 64”.

Junto al tema de la alimentación están los servicios básicos. Los cortes de agua y electricidad (en un país pletórico de petróleo) se han vuelto habituales en los últimos seis meses. Faltan químicos -como el cloro- y repuestos para los sistemas de tratamiento del agua donde la contaminación viene fácil. Además, su acumulación en los hogares para paliar los cortes es propicia para vectores que trasmiten dengue, chicungunya y zika.

-Medicamentos y salud. La Federación Médica Venezolana ubica en el 95% la escasez de material médico quirúrgico en hospitales y en un 90% la de medicamentos en farmacias. En los hospitales, a los pacientes que necesitan atención médica se les entrega una lista de medicinas y otros suministros para que intenten conseguir los artículos en el mercado negro. Los pacientes -seguimos siempre con el Informe- deben llevar desde papel higiénico a jeringas, medicinas y cobijas. Cuando se acaba el suministro se interrumpe el tratamiento.

Existe un total hermetismo oficial sobre la compra y distribución de medicinas. Pero se sabe que faltan divisas para proveer al sector farmacéutico de recursos para la importación y existe un desvío de medicinas -adquiridas a precio de dólar oficial- para revenderlas a precio del dólar paralelo.

El panorama parece claro y es de terror. No sorprende que cada vez sean más los países de la región y del mundo que apoyan la decisión del Secretario General de la OEA. Aquí, en nuestro país hay problemas en la interna del Frente, porque el soplo de un “Aire Fresco” recorre las entrañas del movimiento a la hora de decidir su posición. Aquellos acuerdos comerciales que el entonces presidente Mujica firmó con Venezuela (2011 y 2013) parecen pasar factura.

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