Washington Beltrán
Washington Beltrán

Febrero de 1973

El 9 de febrero se cumplirán 42 años de los que para muchos fue el verdadero golpe de Estado y el comienzo de un oscuro camino que recién vio la luz en 1984. El 9 de febrero de 1973 los mandos militares irrumpieron con fuerza inusitada en la vida política del Uruguay e iniciaron su escalada hacia la toma del poder absoluto. El Ejército y la Fuerza Aérea —la Marina se negó inicialmente a integrar el grupo “golpista” y se mantuvo fiel a las instituciones y a su juramento de defender la Constitución— desconocieron la designación de un nuevo Ministro de Defensa (el Gral. Antonio Francese), se acuartelaron y desafiaron al gobierno del entonces presidente constitucional, Juan María Bordaberry. La disolución de las Cámaras el 27 de junio, fue simplemente una “formalidad”, ante lo sucedido en febrero.

El 9 de febrero se cumplirán 42 años de los que para muchos fue el verdadero golpe de Estado y el comienzo de un oscuro camino que recién vio la luz en 1984. El 9 de febrero de 1973 los mandos militares irrumpieron con fuerza inusitada en la vida política del Uruguay e iniciaron su escalada hacia la toma del poder absoluto. El Ejército y la Fuerza Aérea —la Marina se negó inicialmente a integrar el grupo “golpista” y se mantuvo fiel a las instituciones y a su juramento de defender la Constitución— desconocieron la designación de un nuevo Ministro de Defensa (el Gral. Antonio Francese), se acuartelaron y desafiaron al gobierno del entonces presidente constitucional, Juan María Bordaberry. La disolución de las Cámaras el 27 de junio, fue simplemente una “formalidad”, ante lo sucedido en febrero.

El 19 de febrero de 2003, falleció mi padre, de quien llevo orgulloso su nombre y apellido. En esta columna —como pequeño homenaje a quien tanto me enseñó y tanto quise— recordaré dos editoriales de El País que, con su firma, se refirió a ese episodio que marcó en forma muy profunda el destino de los uruguayos.

El primero es del día 10 de febrero, escrito en la noche que se sucedían los hechos y las informaciones eran confusas. Bajo el título de “Ante los acontecimientos”, hace un rotundo alegato en defensa de la democracia: “No admitimos soluciones contrarias a la democracia, a la democracia auténtica, que es libertad, que es derecho, que es coordinación respetuosa de Poderes, que es responsabilidad (...) La democracia, con todo lo que ella significa, sirve o no sirve. No valen cataplasmas ni analgésicos. O sirve, pero entonces se respetan las leyes del juego y rige a todos sus efectos, sin pausas ni interregnos. O no sirve, y entonces, un camino. Por lo menos, el negativo: acabar con ella”.
Y dos días después, el 12 de febrero, vuelve sobre los temblores institucionales con un nuevo editorial: “Definiciones y silencios”.
“Escribimos este editorial, cuando los acontecimientos cobran, por instantes, perfiles más sombríos, y se ignora, aunque alguien pudiera imaginar, su desenlace. Sobre ellos, hemos dado nuestra opinión. Clara y terminante. Ceñida a la tradición partidaria. Fiel a la trayectoria de El Pais. Con la legalidad, la Constitución y el derecho.

“No necesitamos reiterarla, pues la proclamamos con honda convicción. Y con el respaldo de la historia, de nuestra historia. Pero en estos días, que serán escudriñados y analizados por el investigador del futuro, tanto en sus protagonistas, como en sus antecedentes, como en el acelerado proceso de sus minutos, además de definir posiciones, bueno es apuntar rasgos que no deben pasar desapercibidos.

“No sabemos si nos encaminamos al ocaso de nuestra democracia. No será necesario mucho tiempo para develar la incógnita. Posiblemente, ya no exista cuando estas líneas salgan a la calle. Pero lo dramático, lo estremecedor, es que se está jugando el destino, quizá por décadas de la República, en medio del silencio, del silencio inexplicable, del silencio temeroso, del silencio frívolo de muchos.

“¿Dónde están los grupos que herían membranas con su estridente protesta, porque se violaba en el país una libertad, se encarcelaba arbitrariamente a un ciudadano, se desconocía algún principio del texto constitucional? ¿Dónde, los severos doctores que escribían sesudos estudios jurídicos para demostrar que tal inciso de tal ley afrentaba un orden jurídico superior y que por ello era legítima la resistencia, la lucha y hasta la subversión? ¿Dónde, los locuaces líderes universitarios, prestos a conmoverse e incitar a la huelga de la enseñanza, porque en Thailandia o en Ghana a un gobierno sucedía, fuera de los cauces institucionales, otro? ¿Dónde, facundos políticos que, ya no cotidianamente, sino casi a régimen horario veían sus opiniones sobre los más variados y a veces intrascendentes temas registrados en la prensa, la radio y la televisión? ¿Dónde, tanta tribuna de aguzada sensibilidad para recoger lo que entendían podía ser mínimo motivo de reproche, censura, observación y extraer de ello arma para azuzar, conmover y opinar?

“Lamentablemente, muchas sirenas que atronaban los aires ante el rumor, hoy están calladas ante los hechos. En un silencio, que censuramos. Porque admitimos que se discrepe con nosotros. Que se esgriman argumentos para rebatir nuestra tesitura. Que voces, también con convicción, rechacen las nuestras. Pero lo imperdonable, en instantes de prueba es la indefinición, la tibieza, la neutralidad.
“El historiador del mañana podrá decir, si el país tomó caminos extraviados, que ese rumbo se siguió en medio de un gran bostezo nacional. Algunos dirán que esa indiferencia fue el mejor juico crítico a la gestión que, hasta ese momento habían cumplido los primeros actores. Pero habrá otros, cuya condena implacable será para los que bostezaban.

“Esperemos que pueda superarse la difícil encrucijada. Que la serenidad y el patriotismo saquen incólume a la República del trance más difícil que ha vivido desde hace décadas. Que lo haga en ancas de instituciones intactas, de normas legales respetadas, de un orden jurídico regulando, intangible, la vida del país. Esperamos que eso ocurra. Y cuando tantos callan, gritamos, bien alto nuestra esperanza que eso ocurra”.

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