Washington Beltrán
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Ancap, el desbalance

Con el principal argumento de mantener los precios de los combustibles más caros de la región, de ignorar la brutal caída de los precios internacionales del petróleo, de mandar al diablo su famosa paramétrica (implacable a la hora de aumentar) y de golpear impiadosamente los bolsillos de los uruguayos,Ancap logró una ganancia bruta (o ingreso “extra”) durante el año pasado de US$ 130 millones, según explicaron sus nuevas autoridades en la presentación del balance 2015. Pero no termina ahí, porque sigue y seguirá recaudando con sobreprecio. Ya lo dijo el presidente Vázquez, no va a bajar. Ya tampoco va a bajar (y no para de subir) el precio de los biocombustibles: 41%. ALUR muy contenta.

Con el principal argumento de mantener los precios de los combustibles más caros de la región, de ignorar la brutal caída de los precios internacionales del petróleo, de mandar al diablo su famosa paramétrica (implacable a la hora de aumentar) y de golpear impiadosamente los bolsillos de los uruguayos, Ancap logró una ganancia bruta (o ingreso “extra”) durante el año pasado de US$ 130 millones, según explicaron sus nuevas autoridades en la presentación del balance 2015. Pero no termina ahí, porque sigue y seguirá recaudando con sobreprecio. Ya lo dijo el presidente Vázquez, no va a bajar. Ya tampoco va a bajar (y no para de subir) el precio de los biocombustibles: 41%. ALUR muy contenta.

Ancap logró una ganancia bruta (o ingreso “extra”) durante el año pasado de US$ 130 millones, según explicaron sus nuevas autoridades en la presentación del balance 2015. Pero no termina ahí, porque sigue y seguirá recaudando con sobreprecio. Ya lo dijo el presidente Vázquez, no va a bajar. Ya tampoco va a bajar (y no para de subir) el precio de los biocombustibles: 41%. ALUR muy contenta.

También jugó a favor la famosa cancelación de la deuda que se arrastraba con la venezolana Pdvsa, que le significaron al Ente US$ 78 millones y que tantos dolores de cabeza e incertidumbres generaron en las empresas lácteas que habían colocado sus productos en aquel mercado sin recibir un solo peso. Esto fue por única vez y no aparecerá en próximos balances.

La conjunción de estos dos factores (que juntos suman US$ 208 millones), no impidieron que Ancap tuviera su segundo peor balance de la historia al cerrar con una pérdida de US$ 198 millones (US$ 542.000 por día), solo superado por el del año 2014 que trepó a los US$ 323,6 millones (US$ 885.000 por día). Los otros años los números en rojo marcaron que en 2011 fueron US$ 94,4 millones, en 2012 US$ 14,6 millones y en el 2013, 169,1 millones, para hacer un total (2015 incluido) de US$ 799,7 millones.

No se trata de cargar las tintas contra el nuevo e incompleto directorio integrado hasta ahora solo por representantes del Frente Amplio (falta la venia para el representante del Partido Nacional, Diego Labat que, justo, había pronosticado allá por octubre que el balance del ejercicio arrojaría una nueva pérdida de US$ 200 millones). Obviamente que se demoró mucho en cambiar un directorio que venía de la época de la administración Mujica y había sido apadrinado por el vicepresidente Raúl Sendic, que siguió apegado a una línea de conducción directamente responsable de los resultados más nefastos en la historia de una empresa pública, pero por el momento parece que solo se ha ganado en transparencia. El nuevo balance disminuyó el costo de algunos activos que se supone venían inflados y que generaron, por lo menos, dos sorpresas:

-Las plantas de cal de Treinta y Tres, una inaugurada hace tres años y otra que aún no ha recibido el “corte de cintas”, que habían sido proyectadas por US$ 80 millones pero que en definitiva costaron de US$ 148 millones, ahora valen US$ 100 millones.

-En los negocios de cemento portland Ancap invirtió más de US$ 250 millones, lógico que muy por encima de lo inicialmente proyectado. El nuevo balance le bajó los decibeles a esa suma e incorporó en el rubro pérdidas US$ 135 millones, más de la mitad de lo invertido.

No fue necesario “dejar madurar las inversiones” como sostenían los anteriores directorios, las mató la helada o las bajaron a tierra de un hondazo. Este sinceramiento, que es muy bienvenido, tuvo una compensación por parte del gobierno, a efectos de que los números finales no fueran tan alarmantes: se le aceptó un crédito fiscal por US$ 170 millones que se le venía negando.

Con este panorama, la situación para los uruguayos es sangre, sudor y lágrimas para intentar reflotar al otrora poderoso ente público. Y no sorprende para nada las distintas reacciones que generó este balance dentro de un oficialismo que se encuentra en plena campaña electoral para designar su presidente. Esteban Valenti, el ex hombre fuerte del ministro Astori fue otra vez el disparador: “¡Basta de apoyar a la mentira porque es de un compañero y las inmoralidades en la gestión pública!”. Obvio que le salieron a pegar, pero Valenti tiene razón: hay una denuncia penal presentada por legisladores de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, con la excepción del Frente Amplio, como resultado de la investigación de una Comisión del Senado y la Justicia del Crimen Organizado será en definitiva la que decida.

En su columna -valiente y sin desperdicio- en uypress, Valenti apunta a que “los problemas de Ancap no comenzaron ni se conocieron a partir de la Comisión Investigadora. Una simple lectura de sus balances y una mínima atención hubieran permitido conocer algunos de los principales problemas bastante antes. Es más, se conocían”, y marca su preocupación por esa “reiteración casi obsesiva de que no hubo irregularidades ni delitos. Ahora está todo en manos de la justicia, incluso Raúl Sendic se ofreció para llevar todas las actas de la Comisión Investigadora, si no lo hacía la oposición”, agrega.

En estos momentos en que buena parte del país sufre las consecuencias de la inclemencia del tiempo, tornado, inundaciones, una ciudad destrozada, cosechas perdidas, cómo duele lo ocurrido en Ancap y el derroche -por lo menos- en la fiesta monopólica de 800 millones de dólares.

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