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Una propuesta; la punta del hilo

Es un estudio serio que no merecía retener su publicación para después de las elecciones nacionales, por el miedo a que la coalición de izquierda perdiera votos.
Pedro Ravela, el excelente Director del Ineed, aclaró que su proceso de desvinculación del Instituto se debió a “la diferencia con los modos de gestión.” Pero aseguró que suscribe el informe, página por página; y ese es, el valioso trabajo que queda.
El “Estado de la educación” es una fuente formidable para conocer la magnitud y los modos del derrumbe de la enseñanza pública en el Uruguay; y en cierto modo identifica a los responsables del desastre, que son muchos y con muy diversa responsabilidad, por error por desidia.
La recuperación de la enseñanza pública requiere cambios muy diferentes y bien precisos. Por consiguiente, la densidad de un informe irrefutable, impone un tempo cultural: estudio y meditación. Impone crear una política, pruebas tentativas, cautelosas. Se trata de modificar el modo ser y

Es un estudio serio que no merecía retener su publicación para después de las elecciones nacionales, por el miedo a que la coalición de izquierda perdiera votos.
Pedro Ravela, el excelente Director del Ineed, aclaró que su proceso de desvinculación del Instituto se debió a “la diferencia con los modos de gestión.” Pero aseguró que suscribe el informe, página por página; y ese es, el valioso trabajo que queda.
El “Estado de la educación” es una fuente formidable para conocer la magnitud y los modos del derrumbe de la enseñanza pública en el Uruguay; y en cierto modo identifica a los responsables del desastre, que son muchos y con muy diversa responsabilidad, por error por desidia.
La recuperación de la enseñanza pública requiere cambios muy diferentes y bien precisos. Por consiguiente, la densidad de un informe irrefutable, impone un tempo cultural: estudio y meditación. Impone crear una política, pruebas tentativas, cautelosas. Se trata de modificar el modo ser y de actuar, de los maestros, de los profesores y de los estudiantes.
Sin perjuicio de estas debidas precauciones y sabidurías pausadas, habrá que tener a mano, otro estilo para proceder. El ejemplo del nudo gordiano que, en vez de desatar minuciosamente, corta de un tajo la soga que aprieta, tiene que ver con lo que pienso. Algo paralizado debe moverse y acelerarse para sacrificar menos generaciones. Esa es la tesis de esta nota: tirar de la punta de un hilo ya; sin perjuicio de las mejorías docentes a lograr.
De pronto los estudiantes descubren que se puede entrar en carrera participando en algo nuevo, un lugar hermoso y amable donde hay tiempo para divertirse. Las pruebas de comprobación son insensibles, cantan sin lástima: repetidores, 58%, como si más de la mitad de una clase fueran burros, cuando sucede que están aburridos. Empiezan por rechazar un lugar caduco.
El Ministro de educción, Ricardo Eherlich, me invitó a visitar una escuela de doble horario que funciona en un barrio difícil, “Lavalleja, 40 semanas”; y allí estuvimos unas tres horas juntos con el director de Cultura Hugo Achugar, el subsecretario del ministerio Oscar Gómez y el arquitecto que proyectó el edificio, Pedro Barrán, un hombre joven cuya obra está llena de alegría; las paredes son de vidrio y todo reluce como nuevo. La visita me hizo muy feliz y debo agradecerla.
Hablé con muchos alumnos y a ninguno de esos pibes, lo vi cohibido. Unos preferían el turno de la mañana (donde se cumple el programa de una escuela vareliana; y otros preferían la tarde, cuando funcionan los talleres y se trabaja en actividades inesperadas. En uno de ellos había un curso sobre el “dormitorio que preferís”, cuyo modelo era el famoso cuadro “el cuarto de Vincent van Gogh”. Varios lo habían dibujado y en algunos casos la perspectiva resultaba irreconocible. Pero todos los niños dibujantes se habían hecho amigos de Van Gogh; algo sabían de su biografía. En otro taller tejían; y en otro bailaban; al lado hablaban en inglés; y en algún lado me pareció ver computadoras.
Necesitaba el dato clave; le pregunté a la Directora,
María Elizabeth Machín, cual era el promedio de repetición. “Entre el 6% el 7%” - me dijo. Más animado volví a preguntarle ¿Y cómo es su relación con los padres? Contestó: “Muy buena¸ muchas veces están esperándome en la puerta y vienen a consultarme; y no siempre es por problemas vinculados a la escuela. Yo los aconsejo en todos los casos, en la medida que puedo” ¿Cuántos son los alumnos? “Son 300”.
El lugar amable, los niños felices y la gente eficaz me provocaban asociación de ideas. Recordé por ejemplo, la antítesis de lo que estaba viendo, una nota de Pilar Besada, conmovedora: “Todos los febreros, Silvana va a la escuela de tiempo completo en la esquina de su casa, en el barrio Piedras Blancas, e intenta inscribir a sus hijos, Deivis y Camila; pero todos los años recibe la misma respuesta: no hay cupos. Otros años se anotó en la lista de espera e incluso llevó una carta de su empleadora explicando que estaba casi diez horas fuera de casa. Pero esta vez ni se anotó, le dejaron claro que no había chances. Entonces, todos los años, Silvana recurre a vecinos o familiares para que cuiden a sus hijos chicos mientras trabaja.” (El País, Suplemento “Qué pasa” 9/3/13)
Sucede que todos los ciudadanos del Uruguay son iguales ante la ley, pero a unos les toca la ley buena y a otros, la ley cruel; y la mala suerte recae porque sí, sobre inocentes.
Cada muchacho de barrio pobre, se juega la vida en un golpe de dados: el que no se forma bien en los tiempos de su niñez o adolescencia, no se forma más y “queda en la calle”; una frase que nombra metafóricamente a quienes lo pierden todo; o sin metáfora alguna, a los chiquilines rechazados al barrer por la enseñanza pública, cuando se hacen repetidores; ¡y hay barridas de un 58%! (Cf. Pisa). Los que no pasan, dejan de estudiar y se entreveran con el ocio y las malas compañías, los demás desocupados precoces, como ellos.
Elijo y comento algunas cifras contenidas en el ya citado estudio de Besada:
184 son las escuelas de tiempo completo que existen actualmente.
De los más de 350.000 alumnos de Primaria, solo 37.000 tienen la suerte de estudiar en una escuela moderna; menos de uno, de cada diez.
La escuela es obligatoria y no se puede elegir, el Estado la impone y punto. ¡Y hay escuelas que son como fiestas y hay escuelas que son tristes, como cárceles! Nadie tiene la culpa (?), pero es así.
La intención del gobierno, y la de todos los partidos cuando firmaron el acuerdo multipartidario de educación en 2010, era llegar a las 300 escuelas de tiempo completo para el final del período del actual gobierno; pero faltan 70 días para que termine la presidencia de Mujica y no hay noticias que refieran a un aumento de las edificaciones. Construir una escuela cuesta cerca de un millón y medio de dólares; y readaptar un edificio viejo, 700.000 dólares. (hasta aquí, Besada,un texto retocado)
No se me diga que es por falta de dinero que no se crean nuevas escuelas. Con lo que perdió Ute en tres sequías (4.000 millones de dólares), pudieron construirse el cuádruple de las escuelas que hacen falta. Una vez más, vuelvo al buen sentido de Carmen Tornaría, formulado hace siete años: “Concretamente, faltan escuelas de tiempo completo. Yo pondría toda la plata en construir escuelas de tiempo completo. Ya hay un piso, son más de cien en Montevideo, pero ese impulso se frenó” (Voces del Frente, 5/7/2007).
Tornaría (sin desmedro de lo logrado por el Ineed, cuya atención de fondo apunta al mediano y largo plazo), propone cortar de un tajo, el nudo gordiano. El cambio de velocidad refiere a las cosas y no a las personas y su hacer. Docentes y alumnos cambiarán de a poco, pero el hábito hace al monje; y en este caso, el hábito es el edificio donde habiten los que educan y los que se forman en doble horario. Éxito probado. (“40 semanas”)
Se podrían construir 50 escuelas de doble horario cada año, en los barrios pobres, a lo largo de cinco años. Bastaría determinar los sucesivos 250 solares, para que 300 familias se interesaran en cada barrio, año a año; habría más de 75.000 personas directamente interesadas en el plan, con justas expectativas a defender su derecho con uñas y dientes.

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