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Postales surrealistas

Las vías de tránsito de estas latitudes pueden deparar sorpresas. Por ejemplo, recientemente un automovilista uruguayo si bien salvó su vida, destruyó totalmente su auto cuando impactó contra un enorme jabalí salvaje que se cruzó en su camino.

Las vías de tránsito de estas latitudes pueden deparar sorpresas. Por ejemplo, recientemente un automovilista uruguayo si bien salvó su vida, destruyó totalmente su auto cuando impactó contra un enorme jabalí salvaje que se cruzó en su camino.

Otra aventura: hace pocos días, el que esto escribe circulaba por la Ruta 11, cerca de Canelones. Había escaso tránsito. Sin embargo, tuvo que frenar súbitamente cuando delante suyo se erigió una escena surrealista: una locomotora colosal se había escapado de las vías y optado por chocar contra un enorme camión que quedó a una cuadra de distancia, con las ruedas para arriba. La escena, rodeada de verdes prados, estaba abundantemente adornada de blanco. Resulta que se trataba del arroz que al volcar, el camión había esparcido.

Catástrofe con suerte ya que hubo un solo herido (leve) en lo que pudo ser mucho más grave. Ya que vecinos del lugar relataron que allí, las luces rojas de advertencia son, por decirlo eufemísticamente, idiosincráticas. Para peor, en general los usuarios de la vía pública se acostumbraron a que la de los trenes sea una presencia marginal y por lo tanto poca atención se presta a esos cruces sin barreras. Resultado: un informe de AFE sobre siniestralidad, hace saber que de 2013 hasta setiembre 2015 hubo 95 accidentes ferroviarios (43 en lo que va del año y un aumento de la siniestralidad de trenes del 48%, causando ocho muertos.

Todo esto se podría fácilmente reducir a nivel cero, con un poco de sentido común y una operación correcta de la señalización. Los peligros de la circulación no se limitan al rubro ferroviario, por cierto. Algo que mejoraría en mucho la situación serían medidas sencillas como el sancionar severamente a quienes dejan sueltos animales que luego cruzan las rutas, sin reparar en el riesgo que crean. Otro tema son las “lomadas” que son verdaderas trampas de acero o cemento, instaladas caprichosamente en versiones pequeñas, medianas y gigantes, con su presencia apenas sugerida por pintura largamente desvanecida.

Todo esto sin olvidar los reiterados carteles que avisan de la presencia de “esquinas peligrosas” sin informar que en cada esquina hay una vía de preferencia y otra subordinada. Asimismo los carteles que desde hace años advierten sobre “pavimento resbaladizo” sin que se opte por lo lógico: repavimentar esas calles y arrancar de cuajo esos carteles. O bien curvas peligrosas donde se presupone que el conductor que por allí pasa, tiene que saber que la circulación es riesgosa, como acontece en el empalme de la rambla montevideana y la calle Estrázulas.

Pero no es difícil desesperar ya que las autoridades competentes no parecen mayormente inquietas ante este panorama. Es más, agregan factores de riesgo como se ha hecho en la Ciudad Vieja de Montevideo, angostando calles, sembrando bloques de hormigón y postes para crear sendas ciclistas escasamente transitadas y que entorpecen la circulación.

Todas estas cuestiones deberían atenderse con buen sentido, a través de la gestión de las autoridades competentes. El problema es que ese sentido no parece simpatizarle a todos.

Nada raro por cierto en este Uruguay donde el partido de gobierno tiene debilidad por su ministerio de regalar dinero, postergando esencialidades como las arriba mencionadas.Álvaro Casal, postales surrealistas, tránsito


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