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Petróleo submarino

A partir del año próximo, Uruguay verá aumentada su jurisdicción marítima. La nueva zona exclusiva de nuestro país pasará de 200 a 350 millas náuticas. Esto responde a una decisión de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental, que de esta manera otorga a nuestro país derechos de explotación aunque no de soberanía. Se trata de un espacio que, dicen, es rico en varios recursos naturales que van desde atunes y cangrejos hasta hidrocarburos. Tema interesante este último, ya que cada vez que sube el valor del petróleo y Uruguay, manteniendo su tradición eleva los precios de sus naftas y afines que entonces quedan una vez más al nivel más alto de la región, muchos compatriotas suspiran y musitan: "Si tuviéramos petróleo…"

Hacen bien en suspirar porque tal vez continúe allí, en esa forma o como gas natural, dormido en nuestro subsuelo (ahora ampliado), a la espera del toque mágico que permita que sea extraído y explotado. Siendo así las cosas, es bueno también recordar algunos vaivenes del asunto. Por ejemplo, hace casi exactamente diez años los sueños petroleros largamente acariciados recibieron un baldazo de agua fría. Fue cuando se anunció que habría una nueva demora en la exploración que procuraba hallar hidrocarburos en territorio nacional. Apenas una decepción más, en la larga historia petrolera.

Circunscribiéndonos sólo a la búsqueda en la plataforma continental , cabe señalar que hace alrededor de 35 años la Armada la encaró, para quedar luego abandonada. Después, el presidente Jorge Batlle a partir de noviembre de 2001, impulsó su reanudación mediante acuerdo con la “Compagnie Generale Geophysique”. La empresa francesas inició los relevamientos en aguas territoriales nacionales, pero por motivos diversos el trabajo se enlenteció y una década más tarde había logrado apenas el 20% de los perfiles sísmicos del subsuelo que originalmente había programado obtener.

La compañía francesa obtuvo nuevos plazos pero nada concreto se logró. Ni siquiera se consiguió despertar el interés de las empresas petroleras en la exploración o que ellas pasaran a financiar la iniciativa.
Esto del petróleo es además multiplicadamente decepcionante ya que tras décadas de espera luego de que una plataforma petrolera hiciera las primeras perforaciones en nuestro subsuelo marítimo, poco se ha avanzado. Sabemos que hay petróleo en Argentina, sabemos que lo hay en Brasil y hace más de medio siglo se percibieron indicios en Uruguay (por ejemplo en Poblado Colón, en el departamento de Lavalleja). Pero estamos como estamos. A la espera.

Mientras tanto, avanzan titubeantes otras formas de energía. Solar, hidroeléctrica, eólica, combustibles no derivados del petróleo… Ahora en cierta manera somos inducidos a pensar que puede haber un futuro promisorio en esta plataforma continental que se halla en vías de crecer unos noventa mil kilómetros cuadrados al quedar ampliada por decisión de las Naciones Unidas, respondiendo a un pedido uruguayo del 25 de agosto de 2009. Que el futuro promisorio sea posible no quiere decir que automáticamente sea probable. Toda esta cuestión nos lleva a la necesidad de plantearnos en materia energética, de forma sincera, seria, un par de interrogantes muy simples: ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos?

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