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Un país despoblado

País pequeño y poco habitado, el Uruguay tiene en ese sentido privilegios y desventajas. Por disponer de poco más de tres millones de habitantes, puede argumentarse que le haría falta más fuerza de trabajo para permitir un mayor desarrollo de la economía. Por el contrario, también puede razonarse que la población escasa es un lujo en un planeta donde conviven siete mil millones de seres humanos y donde las sociedades suelen estar cada día más apiñadas, con países como la India, con algo más de mil millones de pobladores, o China, con algo más de 1.300:. En ese mundo de masas hay ciudades que ya cuentan con más de 30 millones de habitantes, como México o Tokio, de manera que el despoblado Uruguay es una suerte de paraíso donde todavía se puede respirar holgadamente. Hace poco tiempo, durante una reunión en Punta Gorda, el embajador de Suiza comentaba sorprendido que podía circularse por carreteras uruguayas durante media hora sin ver a un ser vivo en medio del campo. Habría que discutir

País pequeño y poco habitado, el Uruguay tiene en ese sentido privilegios y desventajas. Por disponer de poco más de tres millones de habitantes, puede argumentarse que le haría falta más fuerza de trabajo para permitir un mayor desarrollo de la economía. Por el contrario, también puede razonarse que la población escasa es un lujo en un planeta donde conviven siete mil millones de seres humanos y donde las sociedades suelen estar cada día más apiñadas, con países como la India, con algo más de mil millones de pobladores, o China, con algo más de 1.300:. En ese mundo de masas hay ciudades que ya cuentan con más de 30 millones de habitantes, como México o Tokio, de manera que el despoblado Uruguay es una suerte de paraíso donde todavía se puede respirar holgadamente. Hace poco tiempo, durante una reunión en Punta Gorda, el embajador de Suiza comentaba sorprendido que podía circularse por carreteras uruguayas durante media hora sin ver a un ser vivo en medio del campo. Habría que discutir si ese vacío es algo bueno o malo.

El problema pendiente en la sociedad uruguaya no es precisamente el número sino en todo caso la composición de esa comunidad. Porque lo que se reproduce a mayor velocidad es la clase pobre, mientras las franjas medias y altas mantienen una tendencia a tener pocos hijos. Entonces el problema del futuro consiste en que la distribución social no será la que los uruguayos de hoy han conocido, sino un pueblo cuya masa mayoritaria serán los marginales, con la doble contrariedad de que esa gente estará menos calificada que el promedio uruguayo de hoy, y tendrá menos acceso a los instrumentos tecnológicos que abren paso no solamente a la modernidad sino también al conocimiento. Curiosamente, se habla bastante poco de la desproporción demográfica entre pobres y ricos en este país, aunque sea público y notorio que los desposeídos son los que procrean con preocupante rapidez. Eso puede comprobarse toda vez que las crónicas periodísticas hacen referencia a un desalojo y mencionan el número de adultos y niños en ese grupo de desplazados. La interrogación que queda en el aire es cómo debe prepararse esta sociedad para afrontar el porvenir que le espera en dicha materia.

Mientras tanto, los tres millones de uruguayos mantienen su escala liliputiense frente a un planeta superpoblado donde la Unión Europea ya roza los 500 millones de personas, no todas con empleo y no todas con un nivel de bienestar como debería corresponder al Primer Mundo. En medio de esa coalición de países con larga historia y formidable tradición cultural viven millones de inmigrantes que han huido de sus naciones de origen por miseria o temor. La convivencia con los europeos no es simple, porque surgen fricciones por motivos religiosos, económicos, raciales o culturales, de manera que los disturbios se suman a otros problemas, como los índices de desocupación, que ya son alarmantes desde hace años en la cuenca del Mediterráneo, desde Grecia hasta Portugal, con un pico de especial gravedad en la juventud italiana y española. Entonces el escaso número de uruguayos aparece como una interesante ventaja frente al hormiguero humano de otros países, aunque sorprenda un poco a observadores extranjeros como aquel embajador que hablaba sobre sus paseos por el silencioso campo uruguayo. En definitiva lo que importa no es el número de personas sino su calidad, su nivel de preparación, su capacidad de convivencia, su defensa de ciertos principios y valores. Parece mejor ser pocos y buenos que muchos y malos.

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