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¿Quién paga la orquesta?

Hay países sobreactuados y formales como Inglaterra o Estados Unidos. En lugar de ser sinceros y directos son “politically correct”. A Luis Suárez su abuela le dice “mi negrito” en Salto, pero cuando Luis le dijo, Negro a un negro en Inglaterra, fue suspendido por haber sido politically incorrect.

Hay países sobreactuados y formales como Inglaterra o Estados Unidos. En lugar de ser sinceros y directos son “politically correct”. A Luis Suárez su abuela le dice “mi negrito” en Salto, pero cuando Luis le dijo, Negro a un negro en Inglaterra, fue suspendido por haber sido politically incorrect.

Los sajones son puritanos, exigentes y muchas veces, fallutos. Nosotros en cambio, para bien y para mal, somos informales y sinceros. No usamos corbata ni títulos nobiliarios. Todos nos conocemos y eso nos permite tratarnos con mayor familiaridad y calidez. Esta manga ancha en Uruguay nos permite encontrar como natural que el presidente llame “almas podridas” a la oposición y “viejos hijos de puta” a los dirigentes de FIFA.

Por eso pienso que esta orquesta afinada que suena en radios, diarios revistas y TV contra el Toto da Silveira, es sin duda un elenco profesional, rentado. Ajeno a nuestro medio. No es el estilo uruguayo de convivir. Me pregunto quién le escribió la partitura a la mutual de futbolistas y quién paga a tantos instrumentistas hipersensibles aparecidos de golpe, especializados de pronto en calificar la conducta correcta o maliciosa de los periodistas.

Se ha hecho el batifondo suficiente para pedir la cabeza de uno de los mejores porque dijo “este hombre bebe¨. El Toto con su elegancia no especificó si el afectado bebe Coca Cola o Pepsi, pero dio a entender que la bebida era espirituosa y habitual. Todos los jugadores de fútbol, son vigilados y denunciados en la prensa, si se emborrachan.

Esta reacción antitótica, tan única, me hace acordar de un cuento de Olmedo, el cómico argentino. Estaba en el parrillero con su familia cuando los asalta una banda de delincuentes. Los atan y al rato matan a su madre, violan a su mujer y lastiman a sus hijos chicos. Mientras tanto el jefe de familia forcejeaba sin suerte y no lograba desatarse. En eso, uno de la banda sube al trampolín y desde lo alto... orina el agua de la piscina. ¡Y eso sí que NO! La humillación transfiguró al dueño de casa que con la mano izquierda rompe las ligaduras y se arroja sobre los asaltantes, hecho una fiera. Los asesinos, huyen despavoridos.

Es tan terrible el delito cometido por el Toto, que borró el caso de la niña asesinada en Valizas. Hacen cola los poetas al servicio de sus estremecimientos de horror, que se enciman en largos monólogos interiores. Cada uno tiene algo que decir contra da Silveira. Hasta ahora, nadie fue denigrado así, ni tuvo que dejar de trabajar, por un comentario de rutina, de los compartidos para bien, por todos los periodistas serios, desde siempre.

Antes de la gloria de Maracaná, antes de que Obdulio Varela pasara de Wanderers a Peñarol, se comentó públicamente que ese nuevo crack se había caído al agua desde la escollera, completamente alcoholizado.

Y la vergüenza del hecho, hizo que Obdulio dejara el vicio y fuera lo que fue; un monumento.

Ni uno de nuestros buenos periodistas deportivos, hubiera dejado de denunciar la inconducta de un jugador profesional que malea su carrera. Es de rutina.

Hay una desproporción sintomática al descalificar a alguien por decir “bebe” en un país que ha perdonado tantos crímenes contra la moderación del lenguaje.

La Mutual de Futbolistas emitió un comunicado, firmado por su presidente, Enrique Saravia, y su secretario general, Fabián Pumar donde se dice: “El Dr. Jorge Da Silveira realizó declaraciones injuriantes y difamatorias contra el futbolista Jonathan Rodríguez. Entre otras cosas manifestó que el jugador “bebe” y que “ha tenido algunos controles internos con resultados positivos.” “Al día de la fecha, habiéndose tomado conocimiento de que el pase del futbolista se frustró definitivamente, el tenor del comunicado debe modificarse sustancialmente.”

-- El doctor Da Silveira no realizó declaraciones injuriantes, ni difamatorias; el pase no se frustró; y la Mutual no modifica sustancialmente su comunicado. Al revés, la Mutual insiste y abre las compuertas de su diatriba: “Si bien esta forma de conducirse del Dr. Da Silveira no es nueva, ya que en varias oportunidades se ha abrogado el rol de juzgador moral respecto a la vida personal de los futbolistas, inmiscuyéndose y opinando maliciosa y temerariamente sobre los mismos…”

-- Todo profesional del deporte tiene la obligación de cuidar su cuerpo, la gente paga por verlo actuar en su plenitud y es por eso que la prensa, desde siempre, lejos de ocultar las irregularidades en la conducta de los atletas, las pone de manifiesto. La Mutual de los futbolistas, pretende, que el mal comportamiento de los jugadores de fútbol que afecta a su rendimiento, se oculte mediante tapujos, imponiendo su censura sobre la prensa libre.

Quienes tenemos el honor de tratar a Jorge Da Silveira desde siempre podemos afirmar que su manera de proceder está muy por encima de los dichos que intentan menoscabar su modo de proceder, en todo momento, intachable.

La Mutual lo confirma cuando dice: “Llama profunda y alarmantemente la atención, que uno de los periodistas con mayor trayectoria en nuestro país se manifieste de manera tan… malintencionada…”

Yo pregunto: ¿Dónde está la mala intención, si no está en el propio comunicado de la Mutual, contrario a la libre expresión del pensamiento?

Y pregunto: Ser “uno de los periodistas con mayor trayectoria”, no basta para darle a Da Silveira un tratamiento digno, que no le falte el respeto?

La Mutual convertida en un tribunal, “exhorta firmemente a todos los futbolistas agremiados, a no realizar ningún tipo de declaraciones y/o entrevistas al Dr. Jorge Da Silveira, o a los programas que el mismo dirija, conduzca o participe”.

La Mutual dicta una sentencia sin fin; un castigo de por vida. ¿A qué recuerda este fusilamiento, sin oír descargos ni solicitar pruebas?

Es, exactamente, lo que padecimos los uruguayos durante la dictadura. Los que no comulgaban con el proceso eran clase B, C o D… y puestos fuera de la ley.

Felizmente, esto que ha sucedido contra una persona de bien, a raíz de un hecho de rutina en el oficio, no va a quedar así; la enmienda de lo publicado, recién empieza. Muchos conocen al Toto Da Silveira, confían en él y contemplan con un malestar creciente, la bambolla organizada a propósito de una frase mínima.

Felizmente, no todas son verdes en este asunto: el refrán terrible expresa: “¿Quién es tu enemigo? El de tu propio oficio”, pero eso no juega en contra de alguien como es el Toto.

El Círculo de Periodistas Deportivos declaró a la opinión pública: “La Mutual de Futbolistas Profesionales YA JUZGÓ, vinculando los dichos de nuestro asociado a la “mala intención”, que descartamos de plano; estamos seguros que deben tener, y oportunamente presentar, las pruebas que avalen sus dichos…”

-- No está dentro de lo admisible que se ataque a un hombre para suprimirlo porque dijo “bebe.” El mundo sano en el cual vivimos, es menos encarnizado y más propenso al humor. En Roma, el Papa Francisco se ríe de los chistes sobre el primer porteño infalible de la historia.

En Francia, cuatro millones de personas defienden el derecho a tomarle el pelo a una figura sagrada. En nuestro país, una torva Inquisición excomulga al Toto Da Silveira.

Sería conveniente que la mutual se retractara porque “llama profunda y alarmantemente la atención”, que se manifieste de manera tan autoritaria y tan despreciativa, con respecto a la libertad de expresión y la libertad de trabajo.

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