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Fauna salvaje y de la otra

Hace pocos días, una osa rumana, nacida circunstancialmente en Uruguay, quedó en el centro de una polémica un tanto complicada. Por un lado se ubicaron los que querían mantener a la osa de nombre Eva, en el zoológico de Salto. Por otro, los que creyeron que viviría mejor en un santuario para animales salvajes del Estado de Colorado, EE.UU. El asunto no se simplifica si, por ejemplo, se tienen en cuenta opiniones adicionales. Como la de un calificado experto en fauna que dijo: “El traslado de un lugar con clima diferente al de Salto como es Colorado, con veranos calurosos y con inviernos que llegan a temperaturas bajo cero, puede ser perjudicial”.

Hace pocos días, una osa rumana, nacida circunstancialmente en Uruguay, quedó en el centro de una polémica un tanto complicada. Por un lado se ubicaron los que querían mantener a la osa de nombre Eva, en el zoológico de Salto. Por otro, los que creyeron que viviría mejor en un santuario para animales salvajes del Estado de Colorado, EE.UU. El asunto no se simplifica si, por ejemplo, se tienen en cuenta opiniones adicionales. Como la de un calificado experto en fauna que dijo: “El traslado de un lugar con clima diferente al de Salto como es Colorado, con veranos calurosos y con inviernos que llegan a temperaturas bajo cero, puede ser perjudicial”.

La intervención humana en los ciclos vitales de animales concebidos para vivir salvajes pero que frecuentemente nunca vivieron libres, conlleva estos problemas. En tal sentido, es de recordar la reciente muerte de un ciervo que del cautiverio pasó a ser liberado sin entrenamiento previo para la vida salvaje. Cabe imaginar el contundente desconcierto de Eva, hija de otra osa que pertenecía a un circo y jamás fue libre, viviendo sin tutores en la campiña nacional.

Sería interesante saber qué habría pensado sobre todo esto el matrimonio formado por Alejo Rossell y Rius y Dolores Pereira, quienes hace algo más de un siglo legaron al municipio su “Jardín Zoológico” (Villa Dolores) del cual en la fiesta del centenario alguien se robó un tucán, al tiempo que se anunciaba la creación de un “Sistema Departamental Zoológico”.

Las colecciones de animales tienen raíces lejanas. Por el año 2300 AC en la ciudad mesopotámica de Ur, ya había un parque de fauna. Y Moctezuma tenía un zoológico enorme donde estimulaba el asombro de sus visitantes intercalando animales extraños con seres deformes. En Montevideo se conocieron en el siglo XIX “la quinta de los bichos” del señor Nicola, el zoo de Buschental y luego la ya mencionada Villa Dolores.

Dentro de este panorama evocativo no es ocioso recordar que allá por 1948 la Intendencia montevideana quiso crear un zoológico ultramoderno que denominaría Parque Lecocq. Fue entonces que envió a un arquitecto a Estados Unidos para que entre otros estudios recopilara material sobre zoológicos. Desde allí fue remitiendo correspondencia a la Intendencia, con visiones sobre los lugares que iba conociendo. Cuando volvió a Montevideo, se aplicó a cumplir su objetivo de materializar en Santiago Vázquez un zoológico que llamó “zoográfico”. Un lugar donde los animales estarían ubicados según su área de distribución, como lo estarían en su hábitat natural de las diversas regiones de la Tierra. Una iniciativa pionera a nivel internacional, incluyendo rasgos tales como una de las jaulas más grandes del mundo donde podrían volar cómodamente enormes cóndores. Pero del plan solo se concretaron aspectos parciales y de las áreas zoográficas únicamente se materializó la relativa al África.

Da la impresión que el reino animal del año 2016, ya bastante jaqueado por todo tipo de depredaciones que incluyen matanza de felinos con valioso pelaje, de rinocerontes y elefantes cuyos cuernos se pagan muy bien en el mercado internacional y también de plantígrados como Eva, puede seguir esperando pacientemente las zonas “zoográficas”...

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