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El eterno contemporáneo

Todavía estamos aprendiendo a ser los contemporáneos de Joyce”. Con estas palabras inicia Richard Ellman su monumental biografía del famoso autor de “Retrato del artista adolescente” y de “Ulises”.

Todavía estamos aprendiendo a ser los contemporáneos de Joyce”. Con estas palabras inicia Richard Ellman su monumental biografía del famoso autor de “Retrato del artista adolescente” y de “Ulises”.

Esta afirmación estaba en el libro cuando se publicó dieciocho años después de la muerte de Joyce (ocurrida el 13 de enero de 1941) y en la segunda edición de la biografía, 41 años después, la frase se mantenía inalterada. Hoy, el italiano Federico Sabatini advierte que el crítico Attridge ha señalado: “Joyce nos sigue pareciendo un contemporáneo que no hemos logrado asimilar del todo”.

Y esto lo hace en libro llamado “Sobre la escritura. James Joyce” (Alba), que acaba de ser editado en español, y donde este profesor de la universidad de Turín indaga las diversas revoluciones literarias que llevó adelante Joyce con su obra, las que están plenamente vigentes, como su influencia sigue intacta en los escritores actuales.

Este libro ofrece una visión completa del pensamiento literario y artístico de James Joyce, sus reflexiones sobre el proceso creativo, sobre el papel del escritor y observaciones sobre su propia obra y las que leía. Pero lo singular de este libro, es que Sabatini lo hace todo a través de las propias palabras de Joyce, que ha escogido en cada caso de su obra.

La literatura de James Joyce está profundamente enraizada en la experiencia humana. Joyce afirma que lo que un escritor pretende es “recrear la vida a partir de la vida” y, por lo tanto, el arte no es “un modo de huir de la vida”, sino que “surge” de la vida misma, de la que es “expresión suprema”. O sea que el arte no tiene que imitar la vida sino recrearla. Señala que el núcleo de la inspiración artística conduce al “instante de emoción”, un momento creativo, semejante a “un ascua que se extingue”.

Estas instancias, señala el famoso escritor, son “momentos extraordinariamente frágiles y huidizos”, y, por ello, impulsan la creación y deben ser registrados “meticulosamente”.

Hablando después de su experiencia creativa, Joyce sostiene que el escritor moderno debe ser un “aventurero” dispuesto a enfrentarse a “correr cualquier riesgo” con su trabajo literario. Y hace esta singular observación: lo que un escritor escribe importa menos que cómo lo escribe; la forma es inseparable del contenido. Y entonces menciona su novela “Ulises” diciendo que en ella “cada episodio crea su propia técnica”.

Este libro tan sugestivo de Sabatini (publicado hace tres años en Roma) centra su segunda parte en la figura del escritor. Me parece interesante mencionar algunas de las definiciones que nos ha dejado nuestro contemporáneo. Dice James Joyce que la necesidad de ser artista es innata, que no se puede crear. Agrega que el “verdadero artista” tiene un talento natural que sin embargo ha de desarrollar mediante el esfuerzo continuo, porque “el poema se hace, no nace”. Un escritor, solo trabajando sin descanso, dice Joyce, puede “penetrar en el corazón de las cosas”. Y señala que no se debe interesar por los grandes acontecimientos, sino encontrar cualidades singulares en las cosas más vulgares. Finalmente, señala que el autor debe describir la vida de su tiempo y además su vida interior, “cada latido, cada estremecimiento”.

James Joyce sigue siendo, hoy como ayer, un reto constante y un alimento para la inteligencia.

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