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Lo que nos espera

Hace unos días trascendió en este medio parte de un estudio científico que señala que los adolescentes menores de 17 años que consumen cannabis a diario tienen un 60% menos de probabilidades de culminar sus estudios o conseguir una titulación universitaria. Estas conclusiones fueron publicadas nada menos que por The Lancet Psychiatry, sección especializada en psiquiatría de una de las revistas médicas más antiguas, serias e influyentes del mundo que se publica desde 1823. Pude indagar más en el detalle del informe para enterarme de que el estudio revela otras secuelas del consumo habitual de cannabis: sus usuarios tienen 7 veces más probabilidades de intentar suicidarse, 18 veces más de desarrollar dependencia al cannabis y ocho veces más de consumir otras drogas en la vida adulta.

Hace unos días trascendió en este medio parte de un estudio científico que señala que los adolescentes menores de 17 años que consumen cannabis a diario tienen un 60% menos de probabilidades de culminar sus estudios o conseguir una titulación universitaria. Estas conclusiones fueron publicadas nada menos que por The Lancet Psychiatry, sección especializada en psiquiatría de una de las revistas médicas más antiguas, serias e influyentes del mundo que se publica desde 1823. Pude indagar más en el detalle del informe para enterarme de que el estudio revela otras secuelas del consumo habitual de cannabis: sus usuarios tienen 7 veces más probabilidades de intentar suicidarse, 18 veces más de desarrollar dependencia al cannabis y ocho veces más de consumir otras drogas en la vida adulta.

El trabajo fue financiado por el gobierno de Australia, y forma parte de un proyecto que analiza varios estudios longitudinales (que siguen a los individuos durante años) que abarca 3.765 participantes. Su objetivo fue conocer mejor la relación entre la frecuencia del uso de cannabis en la adolescencia y otros resultados vinculados con el desarrollo del consumo hasta los 30 años de edad.

Los investigadores encontraron asociaciones claras entre la frecuencia del consumo de cannabis durante la adolescencia y la mayoría de los resultados en la etapa adulta que investigaron, incluso después de controlar otros factores como edad, sexo, origen étnico, estatus socioeconómico, consumo de otras drogas y enfermedades mentales. De manera clara el estudio proporcionó pruebas sólidas de que la prevención o el retraso en el consumo de cannabis puede tener grandes beneficios sociales y de salud.

En un comentario que también incluye la revista, la profesora de Psiquiatría de la Universidad de Copenhague, Merete Nordentoft, asegura que los convincentes resultados de este estudio son muy pertinentes en un momento en el que varios estados norteamericanos y países latinoamericanos y europeos están despenalizando o legalizando el cannabis. La profesora agrega que a los cambios en la legislación seguramente le seguirá un descenso de los precios, que a su vez llevará a que más adolescentes tengan dificultades para acabar sus estudios y su maduración social y personal.

Este último párrafo, sumado a la contundencia del estudio y su insospechado origen, debería ser una luz roja en el contexto que afronta el país luego de la aprobación de la ley que regula la producción del cannabis a nivel local. No obstante, el informe no fue atendido por los medios audiovisuales ni tuvo la repercusión que habría merecido por sus conclusiones. Sin embargo, no hay peor ciego que aquel que no quiere ver y a la larga, este “experimento social” como en algún momento lo definió nuestro presidente, va a pasarnos factura. Creer que todo se reduce a quitarle mercado al narcotráfico o congelar el consumo actual en un idílico sistema que lo controle todo y lo torne trasparente es una fantasía de la que más del 62 % de los uruguayos descree.

Pero el costado más dramático del estudio es el que remite a la relación entre el consumo de cannabis y las consecuencias educativas. En un contexto crítico para nuestra educación, la regulación de ese consumo lo único que va a lograr es agravar una situación que hoy parece no tener solución. Lo que nos espera, cuando finalmente la ley culmine su proceso de regulación.

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