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Nada más esencial

La primera plana de “El Observador” del 11 de este mes da para alterar el pulso. Parecería que los dirigentes que pueden disentir en muchas cosas en medio de un año electoral, están dispuestos a solucionar el mayor problema: la enseñanza pública.

La primera plana de “El Observador” del 11 de este mes da para alterar el pulso. Parecería que los dirigentes que pueden disentir en muchas cosas en medio de un año electoral, están dispuestos a solucionar el mayor problema: la enseñanza pública.

¡Ojalá sea verdad! Es tan inesperado que no se puede creer que sea cierto; sin embargo: -- Los distintos sectores políticos, conscientes de la magnitud del problema de fondo es decir, el futuro de la educación en su conjunto, apoyan que se vuelva a negociar. En ese sentido, tanto el ex presidente Tabaré Vázquez como el líder de Futuro Nacional, senador Jorge Larrañaga, son Partidarios de apelar a la esencialidad para garantizar la continuidad de las clases.
Larrañaga está dispuesto a seguir el camino de la esencialidad siempre y cuando se esté ante una emergencia educativa. Pero advirtió que primero hay que estudiar si es jurídicamente viable.
Vázquez dijo en diciembre que no tolerará que se pierdan más días en la enseñanza, al punto tal de estar dispuesto a declarar “esencial” ese servicio, si las circunstancias lo requieren. Por su parte, el líder de Vamos Uruguay, Pedro Bordaberry, ve con buenos ojos esa posibilidad, aunque dijo a El Observador que para ello será necesario modificar la legislación vigente o, en su defecto, buscar alguna fórmula que evite “tener de rehén” al alumnado; y a la sociedad en su conjunto. En tanto, desde la izquierda agudizada, el líder de la lista 711, Raúl Sendic, fue el primero en decir que la educación debería ser declarada esencial, lo que frenaría los paros; aunque coincidió en cuanto a que ese planteo implica cambios en la ley. (Fuente: “El Observador).
Falta en esa enumeración la opinión del Presidente de la República. Pero la mano de Mujica en cuanto a la esencialidad, está probada. Terminó con una huelga de Adeom declarando esencial la limpieza de la ciudad; el ejército cumplió con esa tarea y en tres días, la ciudad quedó más limpia que nunca.
Ahora hay coincidencia en frenar la caída incontenible de la enseñanza pública. Falta ponerse de acuerdo en el procedimiento.
Leo un excelente artículo de Gonzalo Ramírez que trata la esencialidad en general. Dice con razón, que debe fijarse el alcance del art. 4 de la Ley Nº 13.720 del 16 de diciembre de 1968. La norma en cuestión establece: “En caso de interrupción de servicios esenciales, la autoridad pública podrá disponer las medidas necesarias para mantener dichos servicios, recurriendo incluso a la utilización de los bienes y la contratación de prestaciones personales indispensables para la continuidad de los mismos, sin perjuicio de aplicar, al personal afectado, las sanciones legales pertinentes”.
No cabe duda que la finalidad de la norma es limitar el ejercicio del derecho de huelga en aquellos servicios públicos cuya interrupción puede causar un perjuicio relevante al interés general, lo que a criterio del legislador justifica limitar el derecho constitucional mencionado.
La norma no es suficientemente clara al definir los servicios que deben ser considerados esenciales, ni los criterios para la aplicación de los límites establecidos en la misma.
Este vacío normativo ha sido colmado por la doctrina nacional y extranjera basándose en los dictámenes de la “Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la OIT” y del “Comité de Libertad Sindical” del mismo organismo internacional.
Y agrega Ramírez: El Comité de Libertad Sindical ha rechazado la declaración de servicios esenciales (entre otros)….la enseñanza. (Pero,) Conjuntamente con el reconocimiento de la esencialidad de aquellos servicios que por su propia naturaleza no admiten interrupciones … el Comité de Libertad Sindical de la OIT ha aceptado la declaración de esencialidad para servicios que no pueden considerarse intrínsecamente esenciales, pero que se tornan esenciales por el transcurso del tiempo. (Hasta aquí Ramírez).
De estas precisas observaciones se desprende que los criterios para admitir la declaración de esencial de un servicio público, no solo comprende los casos de vida o muerte, como fue al principio, la restrictiva determinación de la OIT. Han ido incorporándose ampliaciones racionalmente inevitables.
La razón de ser de la esencialidad en el caso uruguayo, es justamente la duración de las interrupciones a lo largo de décadas; han llegado a configurar un infortunio público gravísimo. Los paros continuos o perlados, a pretexto de hechos nimios fueron suficientes para menguar los resultados, estruendosamente.
Muchos de los responsables de este daño irreparable, agitan el lema “Lo peor no es lo peor” y agregan: “El deterioro extremo de la enseñanza conduce a la caída del capitalismo” (que es su meta). Los fundamentalistas, se encasquetan una funda mental y esa bolsa imaginaria hace que no vean ni oigan razones.
Es imposible concebir que la sociedad se quede sin reacción, una vez comprobados los perjuicios crecientes que le infiere el desbarajuste sistemático de la enseñanza: la aparición de los ni-ni, el aumento de la criminalidad de los menores; y lo peor: la quiebra de la sociedad, partida entre pobres sin estudio y clase media o alta donde la educación es aceptable. Hay liceos de barrio pobre donde repite el 57% de los alumnos.
En el último informe dado a conocer por PISA, nuestro país quedó en el lugar 42 entre 44 países. (Singapur 25 puntos, Uruguay 0.6 puntos). Estas pruebas se realizaron en el 2012; y su resultado recién es publicado ¡dos años después!. (UYpress, 1/4/14).
Los diarios están cuajados de noticias que cuesta creer y todas ellas, siendo muy variadas, confirman la existencia de la misma brecha: la injusticia cultural.
En el 2013, los procesamientos de menores por el delito de rapiña llegó a la cifra de 7.600 casos denunciados; en realidad, las rapiñas a cargo de menores han de ser, el doble.
Ahora sucede que una tanda significativa de muchachos no se molestaron en obtener su credencial cívica; no les importa ser ciudadanos. Dice el Ministro de la Corte Electoral, Guzmán Pesqueira;
-- “La inscripción será la más baja de todas las últimas elecciones nacionales desde que se retornó a la democracia” en 1985 – y agrega - En el período 2004/2008, para las elecciones de 2009, se registraron 281.000 nuevos ciudadanos. EI más bajo hasta entonces, era de 255.000 inscriptos. Ahora, según los cálculos de la Corte, será de entre 249.000 y 251.000 ciudadanos.”
“¿Las causas? Es muy difícil, es un problema sociológico. En
el Uruguay desgraciadamente hay una población que se considera separada de la sociedad, a la que no le interesa la política, pero tampoco el fútbol, el teatro o las carreras de caballos. Es gente que está separada, que se ha segregado de la sociedad” (EL País, 15/4/14.)
Son muchos los síntomas que derivan de un mismo infortunio: los más pobres son hundidos en la ignorancia y un ignorante total, se margina solo. No descubro nada. No hay nadie que no lo sepa. A esta altura todos coinciden en afirmar que la enseñanza pública está muy mal, y que donde esa maldad resulta peor, es en el caso de los más desamparados. El motor responsable de esa grave alteración social, son los paros en la enseñanza. Demás está decir que quienes resuelven suspender las clases, maleando los cursos, son los mismos que impiden a recuperar las clases perdidas. ¿Hay que esperar más, para hacer algo?

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