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La droga del poeta

Al actual presidente hay que reconocerle una sostenida capacidad para generar declaraciones que encierran a veces inexactitudes que, en esa verborragia que lo caracteriza, se deslizan y pasan sin que nadie las refute. Hace unos días comentó, en relación a la futura venta de la marihuana para consumo, que cien años antes la cocaína de alta calidad se vendía en las farmacias y uno de nuestros grandes poetas del 900 -y de toda nuestra corta historia-, Julio Herrera y Reissig -que según el presidente “se daba la papa”- la compraba y consumía.

Si uno analiza el sentido de esos dichos, entiende perfectamente que el presidente es bueno jugando carambolas a tres bandas. Por un lado, menta la posibilidad de consumir libremente droga más de un siglo atrás en el país y, por otro, la ubica en las farmacias en régimen de venta libre.

Finalmente apela al prestigio de esa academia que él suele desdeñar y al olimpo de nuestras letras, sección poesía, para mostrar un ejemplo egregio en

Al actual presidente hay que reconocerle una sostenida capacidad para generar declaraciones que encierran a veces inexactitudes que, en esa verborragia que lo caracteriza, se deslizan y pasan sin que nadie las refute. Hace unos días comentó, en relación a la futura venta de la marihuana para consumo, que cien años antes la cocaína de alta calidad se vendía en las farmacias y uno de nuestros grandes poetas del 900 -y de toda nuestra corta historia-, Julio Herrera y Reissig -que según el presidente “se daba la papa”- la compraba y consumía.

Si uno analiza el sentido de esos dichos, entiende perfectamente que el presidente es bueno jugando carambolas a tres bandas. Por un lado, menta la posibilidad de consumir libremente droga más de un siglo atrás en el país y, por otro, la ubica en las farmacias en régimen de venta libre.

Finalmente apela al prestigio de esa academia que él suele desdeñar y al olimpo de nuestras letras, sección poesía, para mostrar un ejemplo egregio en el consumo de drogas, nada menos que el más famoso habitante de la Torre de los Panoramas. La idea, en síntesis, es juntar el consumo, la venta en farmacias y el prestigio de un consumidor para que no nos espantemos de lo que sucederá en pocos meses. Pero, el asunto es que Julio Herrera y Reissig no consumía cocaína. Y, si lo hubiera hecho, ¿qué importancia tiene eso en relación al presente?

He buscado en la monumental biografía de Aldo Mazzucchelli sobre Herrera y en artículos periodísticos, entre ellos el de Julio César Aguiar aparecido en la página web Sincronía (http://sincronia.cucsh.udg.mx) y si hay una droga que Herrera conoció y consumió fue la morfina, aunque no con fines evasivos o para “darse la papa”, sino por razones de una enfermedad cardíaca que lo sometió desde muy joven. Nacido con un defecto orgánico -corazón chico-, desde sus primeros años había sufrido de grandes deficiencias de respiración, tratándose entonces el caso como asma recalcitrante. Hoy se sabe que, según Eduardo Espina -otro estudioso de la vida de Herrera y Reissig- el diagnóstico del padecimiento del poeta era insuficiencia de la válvula mitral del corazón, lo que le producía dificultad para respirar, dolor en el pecho y palpitaciones intensas, algo que en la actualidad se soluciona con tratamiento específico o de manera quirúrgica.

El médico Bernardo Etchepare, que era pariente y amigo de la familia de Herrera, le recetó la morfina, no sin antes haberlo discutido previamente con otros facultativos. La droga fue efectiva desde la primera vez que fue administrada, por lo que Herminia -hermana del poeta- confesó que ese fue el origen de lo que más tarde se señaló por algunos como el uso de la sustancia como estimulante para su obra intelectual. ¡Nada más falso y calumnioso!, sostuvo siempre la hermana del poeta.

Obviamente, el consumo de morfina trae consecuencias físicas y psíquicas y no es del caso analizar aquí qué tanto pudo influir ese consumo en la creación literaria de Herrera. Pero inferir otras sustancias en esa adicción originada en una enfermedad que había de llevárselo con apenas 35 años, es por lo menos temerario. Julio Herrera y Reissig, temprano azote de la uruguayez y la tontería provinciana, y adelantado a su tiempo en muchos aspectos y no solo en la poesía, no debe ser tomado a la ligera y mucho menos, como ejemplo de nada que no sea su excelencia como creador.

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