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Doscientos años después

No era de esperar que en Montevideo, (una ciudad pobre y recién empezada, a 85 años de su fundación), pudiera redactarse un texto valioso, capaz de darle sentido a una revolución sin doctrina: sabían qué rechazaban (la monarquía absoluta y el régimen colonial); y no sabían hacia adónde ir.

No era de esperar que en Montevideo, (una ciudad pobre y recién empezada, a 85 años de su fundación), pudiera redactarse un texto valioso, capaz de darle sentido a una revolución sin doctrina: sabían qué rechazaban (la monarquía absoluta y el régimen colonial); y no sabían hacia adónde ir.

En las instrucciones del año trece se articula un sistema democrático y federal, animado por las palabras, la filosofía del siglo de las luces, que había engendrado el sistema democrático en los Estados Unidos (1776) y en Francia (1789).

Ahora, en noviembre del 2013, aparece un libro de historia editado para el Parlamento del Uruguay: “Las instrucciones” coordinado por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro; y ese fue el evento editorial más importante del año: contiene trece ensayos de historiadores uruguayos y trece, de historiadores extranjeros, prolijamente seleccionados. Es un hito.
Me propongo comentar esa obra con la detención que merece,
a lo largo del verano; y espero que este ejercicio semanal me ayude a concluir el libro dormido que tengo entre manos sobre el precioso enigma del “sistema”, como lo llamaba Artigas.

Se lee en el prólogo del libro que invito a conocer:
“Más allá del contexto local, las Instrucciones de 1813 emergen como un pronunciamiento político e ideológico significativo en el marco de las revoluciones hispanoamericanas; en más de un sentido, constituyen una de las definiciones políticas más relevantes del ciclo artiguista; y uno de los ejemplos máximos (junto con la primera etapa de la revolución mexicana de Hidalgo y Morelos) de una revolución popular, luego derrotada.

Comento: Hay en este párrafo dos pensamientos novedosos: 1) que las instrucciones importan “más allá del virreinato del Río de la Plata”; y 2) que constituyen uno de los ejemplos máximos de una revolución popular, luego derrotada.” Derrotada para nosotros, uruguayos de creación reciente, por la traición de los señoritos porteños que entregaron esta banda a los portugueses, para librarse de Artigas (1816) y por nuestra Constitución (1830) muy venerable, pero elitista.

José Pedro Barrán destaca que en las elecciones correspondientes a Bernardo Berro (noviembre de 1860) Montevideo tenía 60.000 habitantes y el Registro Cívico, 1.500 inscriptos, ¡Y votaron 662 ciudadanos! ¡El uno por ciento de la población de la capital!

Entre la gente y el poder político se interponía la nueva aristocracia criolla. La desigualdad de origen constitucional fue uno de los motores de las patriadas, las guerras civiles que duraron 74 años, de 1830 a 1904.
El encare del libro coordinado por Caetano y Ribeiro atiende, en principio en los estudios producidos por grandes maestros del exterior) a la discusión de la historiografía más que a la aclaración de los hechos.
Copio un fragmento donde los coordinadores encaran un acontecimiento mayor, “La marcha secreta” de Artigas, cuando se hace desertor del ejército revolucionario e inicia la guerra contra Buenos Aires. Abandona el sitio de Montevideo y en un galope corrido llega al “centro de mis recursos.”; así le llama reiteradamente, al vasto desierto verde de Arerunguá, (La Sierra) que es la mitad de la superficie del Uruguay actual y donde, prácticamente, solo deambulaban las tribus charrúas que le eran fieles. Desde ese espacio, ajeno al ámbito colonial, organiza (sin intervenir personalmente, movilizando una red de chasques), un levantamiento incontenible contra Buenos Aires, a lo largo del litoral porteño del Río Uruguay.

Leo en el libro de Caetano y Ribeiro: “El diferendo (con Buenos Aires, a propósito de las instrucciones) no tuvo arreglo y culminó a principios de 1814, con el retiro de Artigas de las líneas sitiadoras.”

“En 1813, Fernando VII seguía siendo el rey del cual Montevideo esperaba ayuda militar. Hubo desembarcos de tropas enviadas desde España en auxilio de la ciudad sitiada (la expedición Lorca, llegada en dos fragatas, sumó más de mil hombres bien armados a la defensa de la Muy Fiel), así como signi?cativos avances realistas en Patagones. En 1814, el retorno de Fernando VII impuso la abolición de la Constitución de 1812 y de toda la obra jurídica de las Cortes, que fueron cerradas. La Inquisición y los tribunales reales purgaron el escenario político. Los Borbones, restaurados en España y en Francia, fueron respaldados por el Congreso de Viena, que volvió a legitimar las monarquías absolutas de origen divino y el derecho de intervención contra los territorios coloniales que cuestionaran esa autoridad.”

Comento: Por primera vez aparece la situación local encuadrada por las asechanzas que la rodean, que nadie conoce a fondo en el virreinato.
Artigas sabe qué quiere y con ocho meses de anticipación, se lo hace saber a Otorgués; habla con serenidad del triunfo que iba conseguir cuando se enfrente con las fuerzas de Buenos Aires (10 de enero de 1815, batalla de Guayabos). La realidad local hace su historia ajena a las convulsiones y las amenazas europeas, en medio de las cuales se juega la revolución por la independencia.

Escribe Artigas, el 27 de abril de 1814: -- “Por Dios, Otorgués, abramos los ojos. He leído tu comunicación del 21 del corriente y me he impuesto de los últimos pliegos que me ha remitido Vigodet…; y me he estremecido a la vista de tamaña intriga.

Montevideo, con una astucia que nos pierde y nos deshonra, fomenta las sospechas de Buenos Aires contra nosotros. ¡Un demonio, para ellos!
Es insufrible y vergonzosísimo para nosotros que ellos piensen alucinarnos, con pillerías doradas. No, Otorgués, estamos peleando contra Buenos Aires, pero no es porque seamos adictos a la causa de Montevideo; hay muchísima diferencia entre lo uno y lo otro. Otorgués, mi amigo, convencete: Montevideo lo que quiere es que los americanos nos destruyamos unos a otros. Mirá que los momentos son muy preciosos y la causa está en un estado que si no hay pulso se lo lleva todo el diablo.
Murámonos todos primero (antes) que dar el menor motivo para que Montevideo salga con la suya. Sigamos nosotros contra el torrente de todo el mundo.

Tengamos siempre presente, en medio de toda desazón, que el fin general por el cual tomamos las armas ha sido, es y debe ser, la ocupación de la plaza, haciéndola entrar en el sistema. Si no conseguimos librar América este año, lo conseguiremos el que viene. Buen cuidado tendrá de ceder, Montevideo, cuando no pueda sostenerse más..; no lo (va) a hacer por nuestra linda cara.

Ya conocés mis pensamientos y que apreciaría la honradez de Vigodet, pero tratándose de la patria, que se vaya él a hacer de capitán general de las provincias de los infiernos; y no, de las del Río de la Plata, como se atreve a (pro)poner. No, mi Otorgués. Esto llega a lo negro.

Por ningún modo, ni pretexto alguno, quiero que los buques de Montevideo anden por ahí. Echálos afuera. Hostilizálos en toda forma que te sea posible; no les permitas cosa alguna. Nosotros no necesitamos de ellos para hacer entrar a Buenos Aires en sus deberes.

Todo lo espero de la amistad que me profesás.” **

Artigas sabe que puede vencer a los señoritos porteños, ya los había vencido en dos ocasiones. Destaco las palabras premonitorias, en letra cursiva.

* Primera nota sobre “Las instrucciones del año XIII, 200 años después.” Obra coordinada por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro, Ed. Planeta, Montevideo (2013).

** Archivo Artigas, Tomo XVIII, página 377.

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