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Doscientos años después...

Carlos Demasi, compatriota y magíster en Ciencias Humanas, escribe un capítulo muy interesante sobre las "Instrucciones del año XIII", en el libro coordinado por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro:

- "Luego de terminado el ciclo revolucionario, el texto de la Instrucciones permaneció olvidado por décadas hasta que Mariano Pelliza lo publicó en 1878 en su libro "Dorrego. Partidos unitario y federal". La publicación no generó deslumbramiento en una historiografía todavía en formación, sino que introdujo una nueva dificultad: el documento no era compatible con el esquema explicativo de la acción de los caudillos.

Atrapar al caudillo en un texto comprensivo fue uno de los mayores desafíos que debió enfrentar la construcción de un relato histórico en la región. Desde muy temprano los sectores letrados utilizaron su capacidad para crear documentos, en procura de dejar al caudillo en el lugar del "salvaje" que se oponía a las "fuerzas del orden", representadas por los sectores dir

Carlos Demasi, compatriota y magíster en Ciencias Humanas, escribe un capítulo muy interesante sobre las "Instrucciones del año XIII", en el libro coordinado por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro:

- "Luego de terminado el ciclo revolucionario, el texto de la Instrucciones permaneció olvidado por décadas hasta que Mariano Pelliza lo publicó en 1878 en su libro "Dorrego. Partidos unitario y federal". La publicación no generó deslumbramiento en una historiografía todavía en formación, sino que introdujo una nueva dificultad: el documento no era compatible con el esquema explicativo de la acción de los caudillos.

Atrapar al caudillo en un texto comprensivo fue uno de los mayores desafíos que debió enfrentar la construcción de un relato histórico en la región. Desde muy temprano los sectores letrados utilizaron su capacidad para crear documentos, en procura de dejar al caudillo en el lugar del "salvaje" que se oponía a las "fuerzas del orden", representadas por los sectores dirigentes; así aparece en los coloridos relatos del campamento del Ayuí que elaboraba Santiago Vázquez para la firma de Sarratea y la ilustración del Triunvirato de Buenos Aires." "El documento descubierto resultó difícil de incorporar en el relato del período, tanto porque chocaba con el lugar adjudicado a los caudillos, como por las similitudes de su proyecto institucional (de 1813) con la Constitución argentina de 1853."

Comento: Los fragmentos transcriptos son un ejemplo de buena prosa: condensación de datos y un fino toque de ironía: 1853…. Me detengo para destacar la mención peyorativa del delincuente Santiago Vázquez que poco después del Ayuí, mejoró su infamia intentando matar a Artigas. Rara historia, Vázquez es homenajeado dos veces en el nomenclátor de Montevideo, sin perjuicio del lindo poblado sobre el río Santa Lucía, que también luce su nombre.

Sigue Demasi:

- "Todo el conjunto documental producido en torno al Congreso de abril (incluidas las Instrucciones) forman parte de la dinámica de acontecimientos generada por el enfrentamiento con Sarratea y las relaciones con Buenos Aires. Es difícil sobreestimar la importancia de este conflicto porque el enfriamiento del entusiasmo de Artigas con la antigua capital se acompasa con su propio proceso de maduración política; basta señalar la transición desde la deferencia del trato de la inicial "Proclama de Mercedes": "La Junta de Buenos Aires, que tan dignamente nos regentea…" a las recias definiciones de menos de dos años después: "… nuestros opresores, no por su patria, solo por serlo, forman el objeto de nuestro odio…".

Comento: Creo que Artigas descree de Buenos Aires, desde siempre. Apuró con cierta imprudencia el ataque a las fuerzas de Elío para ganarle de mano al ejército auxiliador de Rondeau; y así fue que, él solo, obtuviera el triunfo en la batalla de Las Piedras. El primer triunfo de la revolución.
Cuando el Segundo Triunvirato aceptó la entrega de la Banda Oriental a los portugueses, la emigración en masa (La Redota) no se hizo al amparo de las fuerzas porteñas, sino conducida por "Jefe de los orientales", ayudado por los charrúas que custodiaron la caravana (alianza que los señoritos de Buenos Aires jamás hubieran aceptado).

Durante el éxodo, siendo coronel del ejército, Artigas da órdenes para conseguir y reparar armas de fuego secretamente; y desarrolla un doble juego: subordinado militar y Jefe de la emigración. Sarratea viaja al fin del mundo, al Ayuí; y se instala en el campamento con la intención de comprar los oficiales orientales; y lo logra. Cuando Artigas vuelve al sitio de Montevideo, está en tercer lugar, frente a los dos ejércitos porteños (el de Rondeau en el Cerrito de la Victoria y el de Sarratea, en arroyo Seco).
En esa situación, Sarratea lo destrata y Artigas le contesta, quitándole setecientos bueyes y dos mil setecientos caballos; que Sarratea no pudo recuperar.

Sigue Demasi: En el proceso del enfrentamiento, a la vez que Artigas va definiendo sus objetivos políticos también se va apropiando de un lenguaje que no le era propio. Así el militar revolucionario debió adoptar las vestiduras y el lenguaje propios de un alcalde colonial, y si bien este cambio le provoca cierta incomodidad, en cambio le permite aprovechar la ventaja de expresar técnicamente aquellas realidades que intentaba construir con palabras. Los documentos muestran las frecuentes oscilaciones entre el uso de palabras del lenguaje foral español mezcladas con el uso propio del sentido común. Así encontramos con frecuencia que algunas expresiones corrientes adquieren valor político como es el caso de "auxiliador", un concepto que aparece para describir tanto la relación conflictiva de Artigas con Buenos Aires como también la de Vigodet con las fuerzas portuguesas invasoras..." "Se va formando un concepto político complejo en torno a la expresión "el sistema".

"Lo que queda claro, según el pensamiento de Artigas, es que debe definirse el objetivo de la revolución. No se trata de liberarse de los españoles sustituyendo un amo por otro, sino de cambiar el estatus de los "pueblos", de "esclavos" por el de "libres"; por esta razón es que la acción del gobierno de Buenos Aires resulta a sus ojos tan repudiable como la de los "mandones de la regencia".

Comento: Las frases de Demasi, reflejan la verdad. Artigas sabe con precisión, cual es el objeto de su lucha y donde están las diferencias insalvables con los porteños.

Hay una guerra con España, por la independencia (que es fundamental); y hay otra guerra (menor, casi fraterna) por la no dependencia de Buenos Aires.

Dice Demasi:

- "De las Instrucciones surge un proyecto de organización política mucho más elaborado y completo que el que se manejaba desde Buenos Aires y que proporcionaba una respuesta válida a los desbordes del gobierno central, que no solamente la Provincia Oriental había tenido que sufrir. La circulación del texto por las provincias permitió utilizar las armas del iluminismo para articular una respuesta a la tendencia centralista que se imponía por la vía de los hechos; y la rapidez de su difusión expresa también la oportunidad de su planteo.

"Por un lado, aparece expresa la voluntad de participar en la unión política con el conjunto de las provincias, declarada en términos que no dejan margen al equívoco; por otro, preserva con mucho celo sus espacios de autonomía y propone un marco institucional que la garantiza para sí misma y para todas las provincias participantes. Si la historia posterior del artiguismo puede leerse como la gradual aceptación de la imposibilidad de cualquier arreglo con Buenos aires, cualquiera fuera su gobierno, entonces el episodio de abril puede verse como el paso inicial de una completa autonomía territorial.

Comento: Acierta Demasi al arriesgar la identificación de la causa eficiente que impidió cualquier arreglo. Se trataba de implantar un sistema de igualdad en toda su extensión imaginable. El gran libro inspirador estaba escrito por Thomas Paine, un republicano radical, capaz de llevar a sus últimos extremos, los principios. Y esa doctrina era aplicada por un republicano radical Artigas, capaz de llevar a sus últimos extremos, los principios. Los grandes burgueses de ambas márgenes del Plata contemplaban ese plan con horror; y las fuerzas vivas ganaron en países donde la cultura, no estaba preparada para saltar. Basta leer nuestra Constitución de 1830, está repleta de miedos; ataja cada una de las libertades que proclama. Recién los batllistas del 900, fueron verdaderos artiguistas, sin saberlo.

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