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Doscientos años después *

El primer capítulo del libro coordinado por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro sobre las instrucciones del año XIII, se ocupa del lenguaje y de las “falsas interpretaciones”, en la historiografía que las estudia.
Vaz Ferreira escribió: Así como los cirujanos desinfectan sus instrumentos antes de operar, del mismo modo los que escriben debieran precisar el alcance de las palabras que emplean. Y éste es el trabajo que ofrece a un alto nivel, Javier Fernández Sebastián, de la Universidad de Bilbao; escribe:

El primer capítulo del libro coordinado por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro sobre las instrucciones del año XIII, se ocupa del lenguaje y de las “falsas interpretaciones”, en la historiografía que las estudia.
Vaz Ferreira escribió: Así como los cirujanos desinfectan sus instrumentos antes de operar, del mismo modo los que escriben debieran precisar el alcance de las palabras que emplean. Y éste es el trabajo que ofrece a un alto nivel, Javier Fernández Sebastián, de la Universidad de Bilbao; escribe:

-- “Este ensayo no tiene otro propósito que hilvanar algunas re?exiones en torno a las Instrucciones del año XIII desde un punto de mira particular, a saber, aquel que se sitúa en esa encrucijada, entre disciplinas que se conoce habitualmente como “historia conceptual”.
“La nueva sensibilidad transnacional que se está abriendo camino últimamente en la historiografía, posibilita ahora estudiar los mismos hechos que la historia nacionalista elevó a la categoría de mitos fundacionales de cada una de las naciones desde una perspectiva diferente, no solo crítica y desencantada frente a las mitologías heroicas, sino también mucho más vasta, comparativa y comprensiva.”

“También para los historiadores, la captación de la magnitud de las transformaciones o elementos de ruptura que un determinado texto o un acontecimiento pretendidamente contiene “en potencia”, es en gran medida, una apreciación de cada autor en función de las categorías y conceptos regulatorios utilizados para medir el cambio.”

Y concluye Fernández Sebastián: “Por la sola circunstancia de producirse, los hechos, aisladamente considerados, no forman la historia. Escribió juiciosamente Pivel Devoto: Es necesario para ello que se incorporen a la conciencia y a la memoria de la comunidad como algo vivo y palpitante. La historia no es solamente lo que ocurrió, sino lo que perdura” (“Advertencia”, AA XI, IX).”

“Metáforas tan frecuentes como aquellas que arman que tal o cual acontecimiento/discurso sembró la fecunda semilla de algún otro hecho/texto trascendental venidero que germinaría varias décadas después, responden al mismo esquema teleológico de fondo, que convierte el azar en destino y parece eliminar toda contingencia en aras de una supuesta necesidad histórica.”
“La historiografía referente a las Instrucciones del año XIII está repleta de esta clase de tropos embriogénicos.”

Comento: La artillería de Javier Fernández Sebastián es de gran calibre; actualiza sin piedad y con buenas razones, la responsabilidad de los historiadores. Y agrega: El mandato de “promover la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable” (art. 3°) resulta en su misma formulación de una vaguedad e inde?nición desconcertantes.”
Comento: Pienso que el desconcierto y la vaguedad pueden atenuarse, si el artículo 3° es leído tomando en cuenta su contexto, que no es un caso común.

En la índole de la revolución artiguista, que es radical, la igualdad abarca a todos; y en ese “todos” están comprendidos inequívocamente los indígenas. Es un caso excepcional, esa unión con los indios bravos, (como sólo Artigas los llama).

A la historiografía uruguaya no le gusta reconocer ese entendimiento asombroso; la historiografía uruguaya está blindada contra él. Sucede que el mal trato es recíproco. Los charrúas, pescadores en la costa sur terminaron refugiados en “la Sierra”, al norte del río Negro, acorralados por las armas de fuego; y es en medio de esa persecución, que los indios organizan ataques (malones) contra las estancias, donde matan a los hombres y se llevan a las mujeres.

Como contrafigura, pueden citarse muchos indicios innegables que, por sobre todo, muestran las razones de los orientales para apreciar a los indígenas; y es de esas razones únicas, que surge la instrucción, la orden de promover la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.

1) Desde el primer momento, los charrúas son llamados por Artigas para integrarse al éxodo del pueblo oriental (La Redota) y de inmediato, esos indios llevaron a cabo una acción militar concordante: toman Paysandú por donde pasará la caravana. (A.A, T5, Pág 312); y cruzan el río Negro y se “derraman” por toda la Banda Oriental, en ayuda de Artigas. (A. A. T.6, pág 30)

2) Poco después de estos movimientos, Artigas le escribe a Carranza, uno de sus oficiales en el norte: “Auxiliará usted a mi Caciquillo” (que es un jefe indio, casualmente llamado Manuel Artigas). (A. A. T6 pág 21)

3) A ese Caciquillo (que no sabe leer) Artigas le manda una carta que le sirve de pasaporte: “Cuando tengo el gusto de hablar al noble cacique don Manuel Artigas, lo hago con toda la satisfacción que me inspiran sus dignos pensamientos. Yo estoy seguro de estar siempre con vos, así como vos debés siempre contar conmigo. Nada habrá capaz de dividir nuestra unión y cuando los enemigos se presenten al ataque, nos verá el mundo ostentar nuestra amistad y la confianza que mantenemos. Yo estoy convencido de tus buenos sentimientos; por ellos y por las demás condiciones que te adornan, será siempre un amigo tuyo y de los que te siguen, tu padre, Artigas.” (“Artigas”, Edmundo M. Narancio, Plan y dirección. Autores varios, Montevideo, 1950, pág 226)

4) Cumplido el pasaje de La redota a la otra orilla del río Uruguay, las tribus charrúas acamparon junto a las familias orientales, en el Ayuí. (Acosta y Lara, Eduardo F. “La guerra de los charrúas. Ed. Linardi y Risso, Montevideo 1999, T 2, pag 31).

5) Cuando el sitio de Montevideo los charrúas formaron parte del mismo; y cuando los ejércitos de Artigas y Rondeau se unieron tras la expulsión de Sarratea (1812) hubo un festejo y la caballería charrúa participó tanto en el desfile como en la fiesta siguiente. (A. A. T13, pág 249).

6) El lema en el escudo de la Provincia Oriental que manda hacer Artigas en mayo de 1816 dice: “Con libertad ni ofendo ni temo”; y muestra de un lado una rama de laurel; y del otro lado, una rama de pitanga; y tiene de un lado armas de fuego; y del otro lado. un carcaj y flechas. En el escudo propiamente dicho, hay una balanza signo de la igualdad y sobre ella un sol naciente. Y coronando el óvalo, una diadema de plumas. En la base del óvalo hay un triángulo equilátero formado con seis balas de cañón: un signo heráldico que nombra la igualdad. (Descripción de las fiestas cívicas celebradas en Montevideo, Mayo de 1816, Biblioteca de impresos raros. Universidad de la República, pág 5.)

7) La relación de Artigas con las tribus charrúas de Arerunguá, es la relación de un jefe con respecto a uno de sus regimientos. Antes de la batalla de Guayabos (10/1/815), los charrúas fueron en cargados de custodiar los pasos en ríos y arroyos de modo tal que los ejércitos porteños de Soler en el sur y Dorrego en el norte, quedaron aislados el uno del otro; y esa fue la causa principal de la derrota de Dorrego. (A.A. T 20, pág 6)

Artigas considera a sus aliados indios, en pie de igualdad con las demás personas. Defendió pues, su derecho a seguir siendo tribales, nómades y fetichistas; anticipa en 1813, el sentido de la igualdad que expresará el escudo de la Provincia Oriental en 1816.


* Segunda nota sobre “Las instrucciones del año XIII, 200 años después.” Obra coordinada por Gerardo Caetano y Ana Ribeiro, Ed. Planeta, Montevideo (2013).




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