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La cultura del trabajo

El deterioro de la cultura del trabajo en sectores de la sociedad, es uno de los problemas del Uruguay de hoy. Un deterioro con serias consecuencias tanto para la sociedad actual como para la futura.

¿Qué es la cultura del trabajo? Germán Sopeña, en un artículo publicado cierta vez en La Nación, advertía ya entonces que la cultura del trabajo peligraba y estableció que la misma es "la suma del conocimiento específico, una actitud honesta y productiva, el deseo de progresar, la capacidad para trabajar en conjunto y el respeto por el trabajo y los derechos de los demás. O, en términos caros a Francis Fukuyama, un aspecto central de lo que denomina el capital social de un país."

Sopeña planteaba quiénes transmiten la cultura del trabajo: "Además de la educación familiar, fundamentalmente lo hacen las empresas o los ámbitos de trabajo, en los cuales hay una suerte de jerarquía vinculada con la experiencia y el mayor conocimiento, trasmitido a los demás en forma gradual y cons

El deterioro de la cultura del trabajo en sectores de la sociedad, es uno de los problemas del Uruguay de hoy. Un deterioro con serias consecuencias tanto para la sociedad actual como para la futura.

¿Qué es la cultura del trabajo? Germán Sopeña, en un artículo publicado cierta vez en La Nación, advertía ya entonces que la cultura del trabajo peligraba y estableció que la misma es "la suma del conocimiento específico, una actitud honesta y productiva, el deseo de progresar, la capacidad para trabajar en conjunto y el respeto por el trabajo y los derechos de los demás. O, en términos caros a Francis Fukuyama, un aspecto central de lo que denomina el capital social de un país."

Sopeña planteaba quiénes transmiten la cultura del trabajo: "Además de la educación familiar, fundamentalmente lo hacen las empresas o los ámbitos de trabajo, en los cuales hay una suerte de jerarquía vinculada con la experiencia y el mayor conocimiento, trasmitido a los demás en forma gradual y constante".

En Uruguay los gobiernos del Frente Amplio han ido llevando al país rumbo a un despeñadero donde trasmitir una cultura de trabajo parece algo lejano o innecesario. Tal vez el arquetipo de esto sea el famoso Mides, ese ministerio que nació por ley de urgencia N° 17.866 a pocos días de haber asumido la presidencia el doctor Tabaré Vázquez y que virtualmente se convirtió en máquina de regalar dinero redenominado "ingreso ciudadano".

Un estudio realizado en 2011 reveló que el 80% de la población rentada por el Mides y que se había anotado para planes de trabajo, rechazó la oferta laboral cuando ella se concretó. Esto evidenció que las prestaciones económicas ministeriales para los sectores pobres de la sociedad, configuran un desestímulo cuando los beneficiarios reciben la oferta de un trabajo formal. Esto, aunque una subsecretaria del citado ministerio cierta vez afirmó que más de 12.000 hogares habían salido del "Panes" por acceder a un trabajo formal.

No hay que tomar lo expuesto más arriba como prueba de que no hay ninguna cultura del trabajo en el Uruguay contemporáneo. Existen aquí lugares donde la misma se cultiva. Pero eso no parece abundar y frecuentemente da la impresión de que en ese terreno hay un retroceso.
Empresas privadas y también en algunos casos estatales, pueden ser ejemplos de una cultura eficaz, comparable a la de países del Primer Mundo, donde se da la tradición del buen funcionario tanto en el Reino Unido como Francia, Estados Unidos, países del norte europeo y hasta Oceanía.

Pero se siente que hay una decadencia que no es frenada por sectores de los cuales cabía esperar otra cosa. Como el sindical, tan favorable actualmente a establecer formas para que trabajadores, en especial estatales, cobren sin trabajar o para que ellos mismos, como dirigentes, se conviertan en profesionales del sindicalismo. Se ha dicho que la peor evidencia del deterioro de la cultura del trabajo es la corrupción, ya que esta es especialmente aceptada por quien no posee los valores esenciales del trabajo.

Estamos, como decíamos al comienzo, ante un problema grave. Pero no irreversible, si se logra insertar en todos los niveles una moral penetrante y perdurable que aliente la multiplicación de focos de cultura laboral. Claro que ello necesitaría de un gobierno con pensamiento y métodos diferentes a los de quienes hoy ocupan los más altos cargos.

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