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Carolina Cosse, cose y borda

Carolina Cosse ha de ser la mejor administradora que ha tenido el Estado, desde que fue nombrada para presidir Antel. Vale la pena hacer un poco de historia, para apreciar lo que supo superar el ente a su cargo.

Carolina Cosse ha de ser la mejor administradora que ha tenido el Estado, desde que fue nombrada para presidir Antel. Vale la pena hacer un poco de historia, para apreciar lo que supo superar el ente a su cargo.

Cuando recién empezaba el primer gobierno del Frente Amplio, el 26 de marzo del año 2010, zarpó del puerto de Montevideo el ROU 23, un barco de la armada uruguaya nombrado “Maldonado”. Llevaba como misión, dibujar una parte del fondo del río de la Plata. Después de 20 años, se había dado orden de terminar con la incomunicación del Uruguay. Iban a estudiar el lecho sobre el cual reposaría nuestro primer cable internacional de fibra óptica.

La innovación era tan grande que Antel no se animó a resolver sola; le pidió respaldo al Poder Ejecutivo. El gasto estimado no era desmesurado (17 millones de dólares). Lo bravo era la resistencia interna, en el propio ente. Cuando el malestar inexplicable se hacía grotesco, se supo la causa: roncó el sindicato de Antel y… chin pum! se acabaron los misterios; el señor Molina dijo en nombre de los funcionarios: “Le vamos a exigir al gobierno que defienda a Antel como lo supo hacer cuando fue oposición. No vamos a permitir que se hagan los distraídos.” Y se acabó la iniciativa del cable submarino. Los funcionarios exigían reducir Antel al ejercicio de su monopolio telefónico. Las nuevas técnicas para comunicarse no eran su problema. Volvimos pues, a punto cero (1990), cuando Global Crosing le ofreció al Uruguay una conexión sin costo, a su formidable cable mundial de fibra y los gerentes de Antel rechazaron esa oferta; dijeron descaradamente: la demanda está satisfecha. ¿Qué demanda? Antel cobraba por sus servicios novedosos, hasta 18 veces el precio internacional. El Uruguay pues, quedó sin conexión propia y directa; quedó dependiendo de la Argentina o de Brasil. La Cepal estimó la importancia de nuestra desventaja: “El costo de los enlaces internacionales repercute hasta en un 40%, en el precio final al consumidor”

No mucho después, la “Ursec”, en acuerdo con Antel (presidida por la ingeniera María Simon) llamó a licitación para renovar las comunicaciones internas mediante fibra óptica. Cuando ese trámite estaba pronto para efectuar la adjudicación, el sindicato de Antel se opuso y el Poder Ejecutivo cedió de nuevo; desautorizó al Directorio del ente y a la unidad de control y mandó anular la licitación.

“El promedio de velocidad real de Internet en Uruguay se mantuvo incambiado (784 kbps) cuando en Corea del sur había ¡26 megas! “La velocidad promedio de Internet en el resto del mundo había subido un 26%, de 2984 a 3764 kbps.” (Sergio Fogel). Con fecha 5/9/10, el ingeniero Alberto Saavedra escribió: “Si quintuplicáramos la capacidad actual de transmisión de datos, seguiríamos teniendo una velocidad mediocre.”

Mientras el cobre aguantara (hablo del cobre de cobrar y del cobre de los venerables cables) los funcionarios se aferraban al statu quo.

Ahora, para apreciar la mejoría de Antel durante la presidencia de Carolina Cosse, recurro a las declaraciones de Sebastián Bellagamba, un argentino especializado, director de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la Internet Society (Isoc), dedicada a asesorar a los gobiernos.

- El gran avance que ha hecho Uruguay, que es reconocido en el mundo, es el avance en la conexión. Ha mejorado notablemente. Me atrevo a decir que ese cambio fue en los últimos cinco años. De ser un país del montón pasó a ser líder de ancho de banda en América Latina.

Hoy por hoy internet en Uruguay es rapidísima. Tuvo un proceso que el usuario empezó a ver hace dos años.

Tengo un teléfono con capacidad LTE (Long Term Evolution) - la mejor versión de tecnología 4G - y funciona muy bien en Montevideo. Le muestro a los colegas, la métrica de LTE en Uruguay; y todos abren los ojos porque es asombroso.

Antel me produce cierta contradicción. Ideológicamente los monopolios estatales no me gustan, pero la verdad es que hay un montón de cosas que logran. Hace dos años, Uruguay se conectó por primera vez directamente a la fibra óptica continental. Es un enlace que se tiró desde Maldonado hasta una localidad en el sur de Buenos Aires, que es donde está conectada una de las fibras ópticas más importantes, que une todo el continente y llega hasta Estados Unidos. El otro avance tiene que ver con el segmento que se conoce como “la última milla” del servicio. El segmento que va desde la central de Antel hasta la casa del usuario. El 40% de los usuarios conectados a internet gozan de las ventajas de la fibra óptica. La penetración de internet en la población ronda el 60%; en la región es el 50.

En materia de tecnología móvil, Uruguay fue el primer país en lanzar la tecnología LTE. Celulares y computadoras, con buenos anchos de banda se hacen tan suficientes, que se puede bajar Netflix, por ejemplo. (Fuente: diario El País, Suplemento “Qué pasa” (6/12/14).

La culminación de la gestión de Carolina se concreta en el acuerdo ya firmado con Google, para tender un nuevo cable submarino de fibra óptica, que unirá el Uruguay con EE.UU.

No conozco los términos de este contrato, pero tengo noticia de cómo encara Google su aparición en el mundo de los nuevos cables. Las invenciones más despampanantes permiten esperar ventajas enormes en la conexión del cable submarino al cual se asoció el Uruguay.

Mariano Blejman escribe: “Google presentó un proyecto de conexión disruptivo en Kansas City: Internet a 1 GB de velocidad. Se trata de una red de fibra óptica residencial unas cien veces más rápida de la que cualquier ciudadano estadounidense puede haber llegado a conocer, y unas doscientas veces más que la de cualquier argentino. Google parece dispuesta a lograr la hiperconectividad global a altísima velocidad, ipso facto.

Según Google, el promedio de velocidad de acceso a Internet en Estados Unidos es de 5,9 megabytes por segundo (mbps), mientras que Google ofrecerá 1 gigabit por segundo (mil megas) y lo que es todavía mejor, es la velocidad simétrica: es decir, se podrá subir y bajar con la misma rapidez.

Con esta suma de antecedentes notables, llega la ingeniera Cosse al Ministerio, para ocuparse, entre otras materias, de la energía eléctrica, en el Uruguay; una de las flaquezas más lamentables de nuestra situación, desfigurada por falsedades mil. El Uruguay firmó largos y múltiples contratos para tener electricidad eólica y al mismo tiempo, construye un puerto lateral para instalar una regasificadora que superará largamente nuestra demanda; y por si fuera poco, hay posibilidades de comprarle a Chevron de EE.UU., gas natural de Vaca Muerta (Argentina) que llegaría a un precio módico, sin pagar flete, por el gasoducto Bulgheroni, que actualmente funciona escasamente.

Es un peludo de regalo para el Ministerio de Energía racionalizar el cerote financiero, el gasto sin ton ni son, que se nos viene encima, por la falta de un plan inteligente y de la necesaria franqueza en los estudios realizados.

La abundancia de electricidad barata es condicionante, para el desarrollo de la industria. Tenemos celulosa, tenemos hierro y no tenemos electricidad suficiente, ni las ideas necesarias para estimular la fabricación a gran escala, de papel y cartón ; más acero. Seguimos atados a vender materias primas, cuyo valor internacional, pende siempre de un hilo.

La ingeniera Cosse, la persona indicada, no llega al Ministerio para descansar.

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