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Brecha, no grieta

Las audiencias contemporáneas piden a gritos contenidos cada vez más blandos, todo un dilema para el periodismo tradicional. “La brecha de las noticias podría poner en peligro el papel de los medios como enlace entre la elite de responsables de las decisiones y los consumidores”, advierten Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski en su libro La brecha de las noticias (Manantial, 2015), que trata sobre los desencuentros entre las preferencias informativas de las empresas de comunicación y las del público.

Las audiencias contemporáneas piden a gritos contenidos cada vez más blandos, todo un dilema para el periodismo tradicional. “La brecha de las noticias podría poner en peligro el papel de los medios como enlace entre la elite de responsables de las decisiones y los consumidores”, advierten Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski en su libro La brecha de las noticias (Manantial, 2015), que trata sobre los desencuentros entre las preferencias informativas de las empresas de comunicación y las del público.

Llegaron a esa conclusión luego de comparar, en un lapso determinado, las diez noticias que veinte medios líderes norteamericanos, europeos y latinoamericanos privilegiaban en sus portales de la Web con otras tantas cliqueadas por la gente. Mientras en las elegidas por los editores dominaban los artículos de política nacional e internacional, los lectores se inclinaban hacia notas de espectáculos, ciencia y tecnología, deportes, policiales e información general.

Ahora, esos investigadores integran un equipo que elabora en forma permanente un índice de la agenda noticiosa de los medios y del público. El Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (www.meso.com.ar), una iniciativa entre la Universidad de San Andrés y Northwestern University, compara lo que se produce con lo que efectivamente se consume en materia de medios de comunicación y bienes culturales.

De allí surge que hasta en los meses más agitados, electoralmente hablando, del año pasado, el índice de MESO detectó que aun habiendo subido el interés del público por las noticias políticas, dada la proximidad de las elecciones presidenciales, los lectores continuaban poniendo más atención en otro tipo de contenidos. Del relevamiento efectuado entre más de 1600 noticias de siete sitios periodísticos argentinos líderes se desprende que, a pesar de que entre el 25 de agosto y el 30 de septiembre de 2015 el candidato presidencial más mencionado fue Scioli, eso no se tradujo ni de cerca con la misma fuerza en las noticias más consultadas por los usuarios.

En diciembre, con el recambio presidencial, hubo mayor interés del público en los temas políticos, pero volvió a caer en enero. Ni con el episodio de los prófugos del triple crimen de General Rodríguez modificaron esa apatía. En los momentos de mayor tensión, los diarios principales dedicaban más de un tercio de las noticias de sus portales a ese tema, y sin embargo, entre las más cliqueadas por el público, apenas una de cada ocho se relacionaba con ese asunto.

Las transformaciones se fueron cocinando a fuego lento a lo largo de las últimas décadas, gracias a una combinación de factores políticos, sociales, tecnológicos, cambios de costumbres y aparición de nuevas plataformas y dispositivos.

En el pasado, los diarios parecían hipertrofiados en un seguidismo sin pausa de las actividades oficiales, publicaban enteros los discursos presidenciales y las interminables crónicas de cada sesión legislativa. Con el tiempo se aligeraron aquellos contenidos, se “arrevistaron” y, desde los 90 para acá, los artículos se volvieron más filosos y cuestionadores. Con pesar, los políticos vieron cómo se abría paso con fuerza un periodismo de investigación implacable, aderezado por coberturas más punzantes e irreverentes.

Gastón Roitberg y Franco Piccato, compiladores de Periodismo disruptivo (La Crujía, 2015), plantean que “es tarea urgente contar con un plan de innovación disruptiva para los medios”, cuestión de no perder esas “audiencias más fragmentadas y nómades”. En el anuario de Adepa, Julián Gallo, experto en nuevos medios, trae a colación el caso de Mike, el pollo que vivió un año y medio sin cabeza (ver http://tinyurl.com/jn4ydm), publicado por BBC Mundo y reproducido por medios de muchos países. A pesar de ser una noticia vieja (que habría sucedido, si realmente sucedió, en 1945), la historia de un pollo decapitado alimentado por la garganta durante un año y medio seguía subyugando a las audiencias, al punto de mantenerse al tope del ranking de los más leídos. Concluye que las noticias que atraen son las que despiertan emociones y curiosidad, o disparan conversaciones. Cuando “no pasa nada”, explica Gallo, los medios solo atinan a tomar “lista de las cosas, las declaraciones de los políticos, la formación de los planteles de fútbol, el clima, el tránsito, los pequeños robos, las inauguraciones de algo. No hay sorpresa, no hay atención”. Tal vez siempre fue así, pero Gallo observa que antes era más fácil no hacerse cargo porque “los medios no competían contra nada y hoy compiten contra todo”..

Y esto sucede en cualquier latitud de Occidente. The New York Times clasificó los cien artículos favoritos de sus lectores durante 2015 y el fenómeno vuelve a constatarse: se entremezclan entre las más vistas las noticias de última hora, con cautivantes historias personales y notas de servicio. Para Mario Vargas Llosa, “el periodismo, por desgracia, es también una de las víctimas de la civilización del espectáculo de nuestros días”.

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