Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

Esto no anda

Acá estamos. A mitad de camino del tercer lustro progre, y nada nuevo bajo el sol… así que a otro perro con este hueso. Si parece que en lugar de estar en el 2017 fuera 1947 y gobernara Batlle Berres… 70 años de atraso no es nada.

Acá estamos. A mitad de camino del tercer lustro progre, y nada nuevo bajo el sol… así que a otro perro con este hueso. Si parece que en lugar de estar en el 2017 fuera 1947 y gobernara Batlle Berres… 70 años de atraso no es nada.

Mientras el tiempo pasa despacito, dijera Madonna, cada vez somos más pobres, más burros, más intolerantes, recibimos peor atención médica, vivimos rodeados de inseguridad física y jurídica, seguimos anclados a las payasadas bolivarianas, y cargamos con un Estado gordo, esquizofrénico, y con la debilidad de regalarse todo el tiempo a la primera organización internacional que le hace una guiñada. Pero, ¡enhorabuena! ¡Ahora estamos en el Centro de Desarrollo de la OCDE! ¡Y seguro ya nos inventan algún mecanismo de control nuevo para someternos más aún! Eso sí, so pena de que si no lo hacemos quedamos marginados del mundo mundial y nadie nos va a querer. Ni el gordito norcoreano ahora que le fletamos al amiguete…

El país se cae a pedazos material y moralmente y el gobierno no se entera.

Como me dijo un jugador político de la casta que nos manda: parece que las ventanas de los edificios gubernamentales tuvieran espejos en lugar de vidrios. No ven pa’fuera. Es que entre ellos se ha armado la de Dios es Cristo hace rato…

Toquetean el cambio para dejar al dólar donde quieren, no cumplen con una sola meta inflacionaria, no se meten con el gasto, ni para reducirlo ni hacerlo eficiente… que eso es de neoliberales… como si de la mano de sus políticas no se perdieran puestos de trabajo por el cierre de empresas, o no se sustituyeran trabajos de calidad por empleos chatarra… ¡Pero a quién le importa si el trabajo precario igual baja o mantiene los índices de desempleo! Eficientes en el cobro, ineficientes en el gasto. Un clásico de todos los tiempos. Que banquen los que se parten el lomo dignamente por un salario mínimo dando seguridad a otros, limpiando la mugre de otros, o haciendo lo que venga para sobrevivir sin poder dar a sus hijos una vida buena y una educación decente. ¡A quién le importa su futuro! Si las herramientas para crear trabajo de calidad son de liberales no se aplican en el paisito progre-batllista, y punto pelota. Porque tenemos un Estado solidario y participativo al que Hayek le da alergia, tan así que cuando el B.P.S. o el B.R.O.U. les prestan plata a los jubilados a tasas “súper” generosas lucran sin parar a costillas de los más débiles solo por carambola, cual jugadores del Monopoly. Que es un fallo del sistema… ellos no lo querían así, pero las políticas de inclusión no son perfectas, hay que entender... Y ni hablar de las tarifas de las empresas públicas siempre tan eficientes y (des) acordes con los precios de la globalidad en la que nos quieren meter a prepo solo para lo que les conviene.

Pero bueno, que no todo es economía, también tenemos otros líos.

El país pide una reforma laboral a gritos, no para extinguir los Consejos de Salarios, ni para desproteger a los trabajadores, ni para flexibilizar el derecho del trabajo, ni para liberar nada, no se asusten… se necesita una reforma laboral para garantizar aún más protección a los trabajadores y también a los empleadores, para acotar de una vez el margen de abuso al que someten al país no ya a los empresarios, algunos sindicalistas como los que dejaron pintados a los finlandeses, como los que no se enteran que protección y diálogo no van de la mano del conflicto de clases sino del sentido común, como los que usan la herramienta sindical de escalera política, como los todólogos que nos anestesian día a día opinando de lo que venga anclados en anacronismos políticos irrelevantes.

Y también hay dramas en el barrio. Pero ni siquiera tenemos un arraigado instinto de autoconservación como los ingleses que mandaron a volar a Europa y a todo el combo políticamente correcto de Bruselas que aún arrastra complejos de posguerra. Como somos nabos de nacimiento, porque es así a pesar de que llegamos a esta tierra por obra de Su Graciosa Majestad, no somos capaces de salir al mundo a buscarnos la vida y seguimos rindiendo pleitesía al Mercosur, a Itamaraty, a la Rosada, a los devaluados dictadores caribeños, y casi, casi que al villanito asiático este que parece salido de una película de Austin Powers.

¡Qué falta de identidad, y de lo otro!

Hubo un tiempo en que fuimos los mejores. Pero pasó. Créanme que todo esto con Herrera y Batlle y Ordóñez (Dios me perdone por nombrarlo) no pasaba. ¡Adiós a los radicales! ¡Que rija el Derecho otra vez! Nos batíamos a duelos de pólvora y de ideas, es verdad, pero a la larga primaba el sentido común y la ley. No nos doblaban el brazo ni de afuera, ni de adentro. Hoy parece que estamos perdidos. Pero no es así.

Esto no anda. Pero andará mañana.

Hay una generación de mujeres y hombres de todos los partidos a los que nos hartó tanta dialéctica al cuete. A la que nos pudrió tanto abuso, intromisión, y toqueteo. Esta generación es la que a partir de las próximas elecciones pondrá el país en marcha. Merecemos la oportunidad.

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