Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

La cultura del trabajo

No voy a dormir a los lectores con referencias a la entrevista a Nahum de días pasados en este diario, si bien la misma fue el disparador de las siguientes líneas. Los dichos del historiador y los comentarios que suscitó su nota, me dejaron únicamente el sinsabor de constatar cómo algunos sectores de nuestra sociedad todavía siguen pensando los problemas con la misma la vetusta lógica de buenos y malos, o de nosotros y ellos.

No voy a dormir a los lectores con referencias a la entrevista a Nahum de días pasados en este diario, si bien la misma fue el disparador de las siguientes líneas. Los dichos del historiador y los comentarios que suscitó su nota, me dejaron únicamente el sinsabor de constatar cómo algunos sectores de nuestra sociedad todavía siguen pensando los problemas con la misma la vetusta lógica de buenos y malos, o de nosotros y ellos.

Es decir a lo Trump, y esto no es casualidad dado que el palo voluntarista es uno solo, sea rojo o facha.

Increíblemente así lo ven aún varios de nuestros intelectuales, políticos, sindicalistas, y representantes del sector empresarial. Esos que son adictos a la cultura del conflicto, a la que creo en buena hora fatalmente torpedeada. Hace un tiempo me preguntaba como Dylan: ¿Cuántas veces puede un hombre dar vuelta la cara y hacer de cuenta que no ve?

¿Por qué digo esto?

¿Qué tienen que ver Nahum, la lógica de buenos y malos, Dylan y la cultura del trabajo? Todo se amalgama de la siguiente manera.

Nahum proyecta su análisis basado en la mencionada dicotomía, y vaticina nuestro oscuro futuro, a mi juicio haciendo pie en la falta de iniciativa individual y en la poca productividad de los orientales. Iniciativa y productividad son claves en la cultura del trabajo que todo país necesita para desarrollarse, pero son también ingredientes necesarios de un consenso que deben lograr empleadores y empleados.

Uruguay tiene este ambiente y no es consecuencia del accionar de ningún gobierno, sino de la madurez de la mayoría de los empresarios y trabajadores organizados, que en forma conjunta o alternativa han ido modelando el sistema. Nuestro sistema tiene luces y sombras, pero es bueno.

Los países no se hacen legislando, se hacen trabajando; y ya nos deberíamos haber enterado que a más leyes, menos libertad, para todos. La cultura del trabajo necesita de un clima donde arraigarse y prosperar. Debe ser protegido tanto para y por empleados como empleadores, y ambos deben comulgar con el hecho de que el Estado debe meterse solo cuando es necesario para garantizar judicialmente protección a las partes. No puede ponerse a regular, porque casi todo lo hace mal, no importa quien.

Alcanza con ver en cuantos Consejos de Salarios empleados y empleadores votan juntos, para ver lo que digo. Pueden entenderse. Por razonables condiciones de trabajo me refiero al respeto a los derechos consagrados para todos, empleados y empleadores, por nuestra Constitución. Los que incluyen, libertad, propiedad, trabajo, y huelga, entre otros. Nuestro país, pionero en la protección del trabajador tiene una fuerte estructura legal a los efectos, goza de un movimiento sindical arraigado con la madurez suficiente como para dar un paso más allá de lo ideológico, y tiene representantes del sector empleador que entienden que el diálogo es el camino.

¿Dónde está la falla entonces? ¿Cuál es el problema por el cual la iniciativa, la productividad, y las condiciones de trabajo no crean la debida cultura del trabajo en Uruguay? La Directriz Estratégica del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social 2015-2020: “Cultura del Trabajo para el Desarrollo”, refiere a los dichos del Presidente y el Vicepresidente en la pasada campaña electoral, respectivamente: “El trabajo como valor de vida y como forma de ganarse la vida y el empleo de calidad con sus derechos y obligaciones, son ejes del proyecto de país que promovemos desde el Frente Amplio”, “reivindicamos y jerarquizamos la cultura del trabajo como valor principal para la construcción de una sociedad integrada y con capacidad de fomentar convivencia. El trabajo enaltece al individuo, genera valores, conocimientos, habilidades y experiencias que nos permiten ser cada día mejores seres humanos. Como actividad contiene un potencial liberador y es una fuente de expresión y de generación de riqueza social. Es tan importante, que debe ser el eje central de cualquier estrategia de desarrollo.”Hay voluntad política pero a pesar de esto la cosa no termina de arrancar, y es así precisamente porque la cultura del trabajo la crea la sociedad civil. No se crea cultura del trabajo por decreto, se crea porque los diferentes actores de la sociedad entienden que es la vía del desarrollo, y en pos de ella negocian, transan, ceden, demandan, proyectan, y ¡trabajan!

Es por esto, que la reacción sindical por la queja de los empleadores ante la OIT me parece tan mala como la propia queja (aunque estoy de acuerdo con el espíritu de la misma, es un disparate la extensión del derecho de huelga a la ocupación, pero entiendo no adecuado ir a la OIT. No me gusta que las organizaciones internacionales se metan en casa. Nuestros problemas se deberían resolver aquí, entre nosotros. La politización del trabajo aleja a éste de su ámbito natural, la sociedad civil, y lo institucionaliza en un ámbito de rigidez que no sirve a nadie.

Los principales actores de las relaciones laborales deberían dejar de mirar para otro lado y hacer de cuenta que no ven, deberían dejar de pensar en términos ideológicos y pensar más en términos económicos y de productividad, deberían enterarse que huelga si pero ocupación no, deberían saber que el derecho de propiedad no se discute en nuestro sistema legal.

Por el bien de nuestra cultura del trabajo y la prosperidad del país, los principales actores de las relaciones laborales, deberían dialogar más, buscar más puntos en común que diferencias, y por sobre todas las cosas, no tendrían que tener a la política como fin, sino al trabajo. Si no es así, se cumplirá la profecía de Nahum.

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