Tomás Teijeiro
Tomás Teijeiro

Adiós Major Tom

El 2013 fue un gran año para el rock. Los Stones volvieron a tocar en Hyde Park por primera vez desde 1969, luego de un intervalo de 44 años y un día, y el Victoria & Albert Museum se vio desbordado por la muestra David Bowie is que recopilaba y explicaba al detalle el proceso creativo del músico, dando cuenta de su compromiso estético, pero también de su compromiso ético.

El 2013 fue un gran año para el rock. Los Stones volvieron a tocar en Hyde Park por primera vez desde 1969, luego de un intervalo de 44 años y un día, y el Victoria & Albert Museum se vio desbordado por la muestra David Bowie is que recopilaba y explicaba al detalle el proceso creativo del músico, dando cuenta de su compromiso estético, pero también de su compromiso ético.

Ambos espectáculos develaron un denominador común a considerar: los artistas deben ser evaluados por sus carreras en perspectiva, y no por las ocasionales transgresiones típicas del estrellato y parte de su vida privada expuesta, o de la construcción del relato artístico al que están sometidos.

La muerte de Bowie el pasado 10, el especial reconocimiento realizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania en virtud de su colaboración con la caída del muro de Berlín a través de su canción Héroes, y la interpretación en vivo de la misma frente al Reichstag con gran audiencia jugándosela del lado oriental de Berlín en 1987, nos plantea la reflexión sobre el compromiso político de los artistas y la ética.

Bowie, creador de personajes como Major Tom o Ziggy Stardust, lo tenía bien claro, y su concierto de 1987 marcó el inicio de la rebelión juvenil en la RDA, al punto que la Stasi lo honró dedicándole su siniestra atención. El compromiso del artista debe estar marcado por la ética, y si la vida y la libertad están en juego, no hay dudas de donde debe pararse.

Dentro de un mes los Stones tocarán en el estadio Centenario, y será uno de los mayores acontecimientos culturales ocurridos en Uruguay en décadas. Sin dudas se vivirá como una fiesta del rock y la cultura, pero, diversión aparte, vale la pena pensar qué es lo que escucharemos, cuál será su contenido. Tenemos incorporadas sus canciones, pero muchas veces olvidamos su origen o la causa por las que fueron compuestas. En un país como el nuestro, donde la cultura se encuentra tan politizada, y donde a veces en algunos aspectos parece ciega, cabe preguntarse qué ideales representan Jagger, Richards, y compañía.

El menú de canciones que habitualmente presenta la banda cuando actúa en vivo suele incluir Satisfaction, Street Fighting Man, Gimme Shelter, y Sympathy for the Devil. Así lo hicieron en Hyde Park en 1969 y en 2013.

Vemos entonces en ese orden, que ya desde los años sesenta los Stones estaban preocupados por el consumismo que no hacía feliz a nadie, por los disturbios estudiantiles de París, por la guerra y la violencia en el mundo, y también, inspirados por Mikail Bulgakov en Sympathy for the Devil, estaban preocupados por el avance del totalitarismo colectivista. Estas canciones, entre otras, son profundamente éticas en cuanto plantean dejando de lado ideologías, el dilema bien versus mal que es tan natural en el ser humano y en todo lo que este hace.

La ética no es de izquierda ni de derecha, es ética, y pone por encima la dignidad del hombre. Nunca se la debe obviar. Ni en las manifestaciones artísticas.

Por esto, cuando está en juego el derecho a la vida o el derecho a la libertad de las personas no caben medias tintas. La cultura al manifestarse no debería optar jamás por lo éticamente indefendible.

Por esto, nuestro país y nuestra América necesitan un Bowie que les cante fuerte a los que atropellan libertades invocando la voluntad general. Un Bowie que los haga temblar como tembló el muro. Hasta caerse.

Adiós Major Tom.

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